Los grandes cañones de Santoña

Después de un par de meses de parón veraniego volvemos a la carga con una entrada un tanto especial. Ya en una de los primeros post apuntamos que el blog no sólo trataría sobre los fuertes y baterías que protegieron la costa de Cantabria, sino que incluiríamos algunos estudios extraordinarios sobre temas relacionados con el tema pero donde el protagonismo seguiría recayendo en el territorio de la Montaña. Tras varias entregas dedicadas a diversos fuertes y baterías, creo que iba siendo hora de cambiar de aires por un instante.

En este caso que nos ocupa vamos a tratar un tema aun menos conocido que las fortificaciones y es justamente el del armamento que portaron. Vamos a retroceder al siglo XIX para ver cuáles fueron los más grandes cañones y obuses que artillaron las fortalezas de Santoña, y que por extensión los fuertes de Cantabria, pues como ya nos hemos cansado de repetir, la villa fue Plaza Fuerte y la más importante de Cantabria hasta que con la llegada del siglo XX este título pasara a manos de Santander.

Como también hemos apuntado en más de una ocasión, los avances tecnológicos en artillería habían hecho que el fondeadero de Santoña fuera volviéndose cada vez más inútil. Si bien en una época de vela y viento, de haberse artillado y fortificado correctamente, Santoña era una plaza potencialmente inexpugnable, en la segunda mitad del siglo XIX la villa se había convertido casi en una ratonera para una flota de guerra moderna, convirtiéndose en Plaza Fuerte de Segundo Orden. Pero esto es un tema mucho más complejo del que nos atañe y quizás podríamos tratarlo mejor en otro post, sólo para que los lectores lo entiendan podremos el ejemplo de que cuando los imponentes fuertes de San Carlos y San Martín se estaban terminando a finales de los 60 del siglo XIX, los avances en artillería y en nuevos tipos de proyectiles ojivales de carga hueca, habían dejado obsoletas de la noche a la mañana a estas estructuras, las cuales por cierto debían de proteger un puerto que necesitaba de un dragado considerable e incapaz de albergar a más de tres fragatas blindadas.

Aunque hemos dicho que no podemos extendernos más en lo anterior, sí era importante puntualizarlo, ya que fue el motivo principal, unido al económico, por lo que las fortificaciones santoñesas y cántabras apenas estuvieron artilladas en esta segunda mitad del siglo XIX. Por tanto olvidemos y desterremos de una vez esos mitos, que tanto publicitan en algunos puntos turísticos, de los 70 cañones que había en los fuertes de San Carlos y San Martín. Tanto uno como otro raramente estuvieron dotados con más de 10 cañones, y seguramente muchos de ellos estaban desmontados e inútiles, en cureñas desgastadas e incapaces de hacer fuego.

Pero entremos más profundamente en materia y veamos cuáles fueron lo cañones de mayor calibre que artillaron Santoña en esta segunda mitad del siglo XIX y por tanto en toda su historia, empezando eso sí con una pequeña historia introductoria sobre los cañones.

Hasta el siglo XIX durante varios siglos las piezas de artillería -cañones, obuses y morteros- habían continuado una concepción prácticamente inmutable. Evitando entrar en más detalles, podemos resumir que se trataban de piezas de antecarga, lisas y realizadas en hierro o en bronce. Eran de antecarga pues la tecnología no había avanzado lo suficiente como para mejorar el hecho de que los artilleros debían de cargar los proyectiles manualmente por la boca de las piezas y lisas porque el ánima del cañón era sencillamente eso, liso, y los proyectiles nada más y nada menos que simples bolas macizas o huecas de hierro. Las únicas mejoras en materia artillera eran respecto a la mejora de la fundición del material, o en el diseño de las cureñas. La primera gran revolución vino a mediados del siglo XIX con el experimento del rayado del ánima que dotó a los nuevos proyectiles de un giro que mejoraba su precisión y poder destructivo. Evidentemente este rayado produjo cambios también en los proyectiles que cambiaron su forma esférica por una alargada y con la adopción obligatoria de tetones que encajarían en las estrías del rayado y conducirían al proyectil a través del ánima de la pieza. En España, la primera pieza rayada fue adoptada por el ejercito en 1858.

Este sistema produjo inevitablemente la obsolescencia de la artillería lisa, sin embargo tenía la cualidad de que las viejas piezas podían rayarse fácilmente para poder disparar los nuevos proyectiles. Por lo que en esa época convivieron viejas piezas reconvertidas con nuevos desarrollos rayados.

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Proyecto del aeronauta y capitán de artillería V.Lunardi para un cañón de retrocarga en 1798

Sin embargo y casi de inmediato, la artillería vio nacer un avance aún mayor que el rayado, y fue la aparición de piezas de retrocarga, o dicho de otro modo, la carga por la culata. Ciertamente no era un invento nuevo, pero por diversos avatares la idea no había podido fraguarse hasta entonces. En España, las primeras piezas de retrocarga adoptadas en 1868 por el ejército, fueron un cañón Krupp de 8 cm. de origen alemán y el cañón experimental “Elorza” de 24 cm. que era copia de uno francés del mismo calibre, sin embargo no tardarían en desarrollarse piezas autóctonas originales.

 Santoña no fue ajena a esta evolución y sus fortalezas vieron pasar el siglo XIX montando las más variopintas piezas de artillería, y llegando a convivir vetustas piezas lisas junto a otras más modernas de retrocarga. Un ejemplo más del esperpento valleinclanesco que era la España del XIX.

24-lb-2-retoqueObviando las piezas más antiguas de hierro lisas de 24 y 36 libras, que prácticamente eran un estándar en la fortificación costera española, pasamos por fin a ver los cañones y obuses de mayor calibre que artillaron los fuertes santoñeses en la segunda mitad del siglo XIX.

En la imagen vemos un cañón de 24 lb. del siglo XVIII procedente del Fuerte de San Carlos y que actualmente se encuentra en el Museo de la Artillería de la Cavada.

 

Los grandes cañones de avancarga

-Cañón de Bronce Rayado de 16 cm.

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Dibujo del cañón en una de las casamatas del Fuerte de San Carlos con cureña Mod.1860 y montado sobre marco Mod. 1864 nº1, reforma del Mod. 1860 “Otero”
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Cañones con montaje de madera en Filipinas en 1898

Esta pieza de artillería era resultado del rayado de antiguas piezas lisas de bronce de 24 libras (15 cm.). Empezaron a rayarse en 1862 (Real Orden 20-8-1862) y la decisión de aumentarle el calibre fue para que la granada resultara la misma que la del nuevo cañón de hierro de 16 cm. -que veremos más adelante-. Ciertamente estaba ya algo desfasada, pero la precariedad económica del país, incapaz de importar modernas piezas, hizo necesaria la conversión y mantenimiento durante mucho tiempo de un elevado número de estos cañones antidiluvianos, que llegaron incluso a participar en la guerra hispano-americana de 1898, hasta que en 1905 por fin se declararon como “piezas a sustuir” (R.O. 20-7-1905)

 En Santoña sabemos que se montaron algunos de estas piezas y aun en 1888 sobrevivían al menos 5 cañones, repartidos entre el fuerte de San Carlos y la batería del Águila con dos cada uno y la batería de San Felipe con el restante.

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Cañón con montaje de chapa en el Castillo de Atares, La Habana

Lo que no tenemos tan claro era el tipo de cureña de los cañones y si estos estaban montados sobre marcos giratorios de costa. Aunque en 1866 empezaron a diseñarse nuevas cureñas y marcos de chapa que debían de sustituir a los de madera -para el cañón de bronce de 16 cm correspondería la cureñas de chapa Mod. 1866 y el marco Mod.1868 para casamata y costa-, no parece que fuera el caso de los santoñeses. Lo más probable es que estos viejos cañones siguieran montados sobre cureñas de madera y marcos para casamata del mismo material, ambos del Modelo 1860 “Otero”, montajes que por otra parte sí podemos certificar que empezaron a instalarse en el Fuerte de San Martín en 1861 y que continuaban en 1900, cosa que no debió ser muy diferente en el Fuerte de San Carlos. Por su parte, los cañones de las modestas baterías de San Felipe y el Águila con toda probabilidad carecían de montajes giratorios, ya que no parece haber indicios de ello, teniéndose que apuntar a puro músculo en fechas tan tardías como era el fin de siglo XIX.

 En cuanto a su posición, seguramente los del Fuerte de San Carlos estuvieran situados en las casamatas.

Datos del cañón:

  • Calibre: 16 cm.
  • Longitud total de la pieza: 3524 mm
  • Peso: 2950 kg
  • Alcance: 3600 m. aproximadamente
  • Peso del proyectil: 28 kg

 

-Cañón de Hierro Sunchado Rayado de 16 cm.

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Dibujo del cañón en una de las casamatas del Fuerte de San Martín con cureña Mod. 1860 y montado sobre marco Mod. 1864 nº2, reforma del Mod. 1864 “Otero”

 

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Dibujo de Govantes del cañón de 16 cm con la cureña Mod.1866 nº1 y marco alto Mod.1868 nº2

Este cañón de diseño autóctono se declaró reglamentario en 1859 y en 1862 su versión “corta”. Su principal novedad constituía la inclusión de varios manguitos de acero -sunchos/zunchos- alrededor del tubo del cañón que aumentaban su resistencia. Aunque como vemos su desarrollo se produjo inmediatamente a la par que se adoptaba la artillería rayada en España, su características no debieron de ser mucho mejores a los viejos cañones de bronces rayados, ya que carecía de potencia suficiente para combatir a los buques modernos, no obstante fue un notable esfuerzo para dotar de artillería más moderna a las menguadas fortificaciones costeras.

 En Santoña empezaron a instalarse en 1864, aunque pronto empezaron a dar problemas llegando a explotar incluso uno de ellos, dándoles mala fama entre los artilleros. Al menos 6 estaban instalados en Santoña en 1888, a los que se sumaban los 8 que había en Laredo, aunque de estos únicamente dos estaban montados y aptos para hacer fuego. Los santoñeses se repartían entre el Fuerte de San Martín con cuatro piezas, y los fuerte de San Carlos y el Mazo con una pieza cada uno. Aún en 1900 sobrevivían dos de estos cañones en las casamatas del Fuerte de San Martín y los dos laredanos en la batería de Santo Tomás de Villanueva.

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Cañón de 16 cm sobre Marco Mod.1857 en una batería de Laredo

Como en el caso de los cañones de bronce,  los de hierro debieron estar montados sobre las cureñas y marcos de madera Mod. 1860, pese a que la imagen habitual de estos cañones fuera sobre los nuevos montajes de chapa. En el caso de los cañones de Laredo, estaban montados sobre cureñas de madera aún más antiguas a las del modelo 1860 y de madera eran también los montajes de costa giratorios Mod. 1857. Lo que de momento no podemos asegurar era si se trataba de cañones en sus versiones cortas o largas.

 Datos del cañón:

  • Calibre: 16 cm.
  • Longitud total de la pieza: 3195 mm. para su versión larga; 2788 mm. para su versión corta
  • Peso: 4100 kg. para su versión larga; 2835 kg para su versión corta
  • Peso del Proyectil: 28 kg.

 

-Obus de Hierro Rayado y Sunchado de 21 cm. Mod. 1872

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Dibujo del Obús con Cureña y marco de chapa Mod. 1872 en su máxima elevación

Sin duda la pieza más impresionante de las piezas montadas en Santoña. El enorme Obús Rayado de 21 cm. era resultado de convertir viejas piezas lisas de 9 pulgadas a las que se les rayó el ánima y se le añadieron sunchos de acero, así como un rueda dentada en la parte inferior para el aparato de elevación. Esta transformación fue aprobada el 3 de diciembre de 1870 a recomendación del artillero Elorza.

 El O.H.R.S. de 21 cm. tenía su propio montaje consistente en cureña y marco giratorio de costa Mod. 1872, por lo que podemos conocer con exactitud la forma del conjunto que tenían las piezas santoñesas.

san-carEn 1881 fueron instalados 6 de estos obuses en Santoña, de los cuales cuatro fueron montados en la batería superior y avanzadilla del Fuerte de San Carlos -ver ortofoto de la izquierda-, y dos de ellos en la Plaza de Armas del Fuerte Imperial. En 1900 sobrevivían 3 de ellos en San Carlos y los dos del Fuerte Imperial aún en condiciones de abrir fuego.

 

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Dos de los anclajes con sus carriles en San Carlos

Afortunadamente los cuatro anclajes para la testera del marco giratorio de las piezas de San Carlos han sobrevivido hasta el día de hoy donde se puede ver la inscripción de los años en los que fueron fabricados -1878-1880-, así como la de la fábrica en donde fueron construidos, la de Trubia, en Asturias. Los carriles de hierro por el contrario han desaparecido, aunque aún se puede ver las muescas en la sillería en donde estaban embutidos.

 

 

 

 

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Dibujo de cómo debía verse la Batería Superior del  Fuerte de San Carlos con los Obuses de 21 cm.

Datos del obús:

  • Calibre: 21,66 cm.
  • Longitud total de la pieza: 3231 mm.
  • Peso: 5460 kg
  • Alcance: 5000 m. (Máximo útil a 42º de elevación)
  • Peso del proyectil: 80,2 kg.
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Interesantísima foto de dos obuses de 21 cm en Santoña. Ya que parece claro que no se trata de San  Carlos, por descarte deben de ser las piezas de la Plaza de Armas del Dueso/Fuerte Imperial.

 

Los grandes cañones de retrocarga

-Cañón de Hierro Sunchado de 15 cm. Mod. 1878

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Dibujo del cañón en una de las casamatas de San Carlos con la cureña Mod. 1878  y el marco bajo para plaza y casamata Mod. 1878
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Tres cañones en Cuba. En primer término un cañón de bronce de 16 cm, en segundo un cañón Mod.1878 y en último lugar un “Ordoñez” Mod. 1885

Sin duda la joya de la corona de los cañones que alguna vez hubiera en Santoña. Fue la pieza más potente y moderna de las que hubo en las fortificaciones de la villa. Realmente en el ejército tenía el rango de artillería secundaria y sus características resultaron mediocres, pues al carecer de poder de penetración resultaba insuficiente para actuar como artillería de costa. Eso no fue impedimento para que fuera un habitual de las fortificaciones españolas en la segunda mitad del siglo XIX, aunque su sucesor, el célebre “Ordoñez” de 15 cm. Mod. 1885, era un cañón de mejores características, la falta de material obligó a muchos de los Mod. 1878 a seguir en activo incluso en el siglo XX.

 Se trataba de un cañón de retrocarga con cierre de tornillo y aunque la denominación de rayado había desaparecido en su nomenclatura oficial se daba por hecho que los nuevos cañones de retrocarga ya se diseñaban por defecto con este sistema. Fue declarado reglamentario en 1875 (R.O. 30-4-1870) y en inicio su calibre era de 16 cm. al igual que los anteriores cañones que hemos visto, pero la adquisición por parte del ejército de piezas extranjeras, como los Krupp alemanes de 15 cm., hizo que se reformaran para que pudieran usar el mismo tipo de proyectil, entendemos que de mejores características balísticas que los de los viejos cañones de avancarga.

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Detalle del anclaje para el marco en una casamata de San Carlos

A Santoña llegaron dos de estos cañones en 1890 que fueron instalados en las casamatas del fuerte de San Carlos y que supusieron un aceptable complemento -dada la situación- a los obuses de 21 cm. Las piezas al parecer fueron traídas del Parque de San Sebastían, lo que nos hace deducir que se trataba de cañones del guipuzcuano Fuerte San Marcos y que ese mismo año estaban siendo sustituidos por los“Ordoñez” del mismo calibre y de mejores prestaciones.

 

En 1900 seguían en activo y en disposición de hacer fuego junto a los 3 obuses de 21 cm.

Datos del cañón:

  • Calibre: 15 cm
  • Longitud total de la pieza: 3670 mm
  • Peso: 4500 kg
  • Alcance: 5000 m (Máximo útil entre 13º y 36º)
  • Peso del proyectil: 28,3 kg

Vamos dando por concluida la entrada, y perdonad si quizás este post resultó un poco más árido y técnico que los de otras veces. Como hemos visto, realmente en Santoña no llegaron a montarse cañones de gran calibre, siendo las mayores piezas de 21 cm artillería  clasificada como intermedia y el resto como secundaria. Aun así no dejaron de ser armas que debieron impresionar al que las vieran montadas en los no menos impresionantes Fuertes de San Carlos y San Martín. Hoy en día sólo en San Carlos, con sus soportes metálicos, encontramos rastros de aquellos grande cañones, y aunque resulte una quimera sería interesante en un futuro que se instalaran réplicas de aquellas armas que sin duda aumentarían

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Fuerte de San Marcos

el atractivo turístico de los fuertes y resultarían un tremendo recurso visual para entender cómo funcionaron aquellos fuertes. Como ejemplo más cercano, el Fuerte de San Marcos, del que hemos tenido ocasión de mencionar y que, tras una profusa restauración, disfruta de una estupendas réplicas de los cañones “Ordoñez” que una vez hubo montado.

 

Bibliografía

  • PALACIO RAMOS, Rafael, Un Pesidio Ynconquistable. La fortificación de la bahía de Santoña entre los siglos XVI Y XIX, Santoña 2004
  • Colección de Láminas del Material de Artillería Española. Tomo I, Madrid 1869
  • AGMS, 3ª, 3ª, leg. 91

En internet

Para las imágenes

Los dibujos y fotos de San Carlos son de autoría propia.

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