Batería de Santiago de la Peña

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Por fin, sacando tiempo, fuerzas y ánimos me he animado a llevar adelante una nueva entrada, para que podáis conocer una nueva fortificación. Aquí es donde aprovecho para agradeceros a todos los que os pasáis por este modesto blog, ya que nunca llegué a esperar que recibiera tantas visitas. Ya vamos camino de las 8000 y me parecía injusto dejaros tanto tiempo sin hablaros de algo nuevo.

En esta ocasión regresamos a Santander para recordar a una mas que modesta y desconocida batería, que si bien no tuvo mucha historia también merece tener su momento de gloria. Nos estamos refiriendo a la sencilla batería de Santiago de la Peña, o simplemente como de la Peña, ubicada en uno de los salientes de la península de la Magdalena y que conformó parte del entramado defensivo de la ciudad en el siglo XVII, veremos pues que su vida fue muy corta.

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Ortofoto de 2014 de la Penínsual de la Magdalena en Santander con la localización en rojo de la Batería de Santiago de la Peña

Si os acordáis en una entrada anterior, cuando hablamos de la Batería de San Antonio, la fortificación moderna de Santander  empezaría a materializarse en el siglo XVI, siendo los últimos años del XVII y principios del XVII cuando se levantarían la mayoría de las construcciones.

Aun a riesgo de repetirnos, por si no habéis leído la entrada sobre la Batería de San Antonio, recordemos que en el año 1702 se empezó la construcción de un rosario de baterías (reductos de campaña realmente) a lo largo de la playa del Sardinero y sobre la península de la Magdalena. Al no haberse realizado con el permiso del Consejo de Guerra de España ni con asistencia de los ingenieros pertinentes, el Consejo ordenó la paralización de las obras, sin embargo el peligro siempre creciente de una guerra hizo que el Corregidor Mieses llegara a un acuerdo con el Consejo para hacer un estudio de las obras levantadas y los reparos y arreglos necesario para la puesta a punto de las fortificaciones. Corre el año 1703 y en los informes ya aparece nuestra fortificación, la batería de Santiago de la Peña de nueva planta.

Su construcción sin duda estaba destinada a complementar las defensas que ya se habían erigido en la península de la Magdalena. De hecho esta importante península santanderina, ya estaba defendida desde la segunda mitad del siglo XVI por el Castillo del Hano, al que se añadiría el Castillo de La Cerda a mediados del siglo siguiente. Finalmente entre los años 1701 y 1702 se levantaría la Batería de Santa Barbara a la que se añadiría nuestra Batería poco después.

Se trataba realmente, como el resto de baterías provisionales de modestas construcciones compuestas de un parapeto a base de cal y canto, explanadas de madera y acompañadas en ocasiones de sencillos cubiertos para las piezas y otros servicios. Concretamente nuestra fortificación recibió algo de atención, ya que en los informes llevados a cabo por el Corregidor Mieses, se requería modificar una casa ya existente para su uso como almacén de pertrechos y pólvora, así como un cubierto para la protección de los 4 cañones en uso de la batería. Aunque los informes describen con detalles las dimensiones de los edificios a transformar y construir, así como las obras requeridas, no parece del todo claro que se llevaran a cabo, ya que en los planos  posteriores no aparece edificio alguno, como contrariamente si aparece en otras baterías de Santander.  Quizás empezara a construirse y nunca se terminara eliminándose todo rastro posteriormente de estos edificios. No obstante lo que si parece confirmar el informe es que nuestra batería se encontraba artillada al menos con 4 piezas.

En 1719, empezada la Guerra de la Cuádruple Alianza, Santander se encuentra en estado de alerta, por lo que se destinan artilleros permanentes a la mayoría de las fortificaciones. Sin embargo no se encuentra entre ellas la de Santiago de la Peña, por lo que nos hace pensar que esta posición quedó descuidada durante este tiempo y reforzando la teoría que efectivamente la construcción de los edificios de la batería no se llego a terminar o tan siquiera comenzar.

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Detalle del plano de 1726 levantado por Verboom. La batería de la Peña está señalizada con la letra L.

Con la llegada en 1725 de Louis Villiers de Langots y de Isidro de Verboom, se levantan numerosos planos y perfiles de las baterías de Santander, entre las que se incluye nuestra batería de la Peña. En esta ocasión si que se la menciona para ser recompuesta y ponerse en servicio con las demás, de hecho la recomendación de Verboom era la cerrar la gola, recomponer los parapetos y revestirlos de mampostería, pero tal y como apreciamos en el plano, únicamente se recomponieron los parapetos con fajinas. Desconocemos el numero de piezas montadas en esta bateria en estos años, aunque según el plano de Verboom esta debía de tener al menos una capacidad de 8 cañones de 24 libras.

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Plano de Langots de la batería en 1726

Era una batería realmente muy sencilla, compuesta de un parapeto de cal y canto reforzado con fajinas en donde se abrían un total de 5 cañoneras. El parapeto continuaba en su lado este, seguramente esta parte compuesto de tierra, hasta la cercana fortificación de La Cerda, para proteger a los sirviente y el traslado de las piezas de una batería a otra.

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Plano de Langots de la batería en 1726

Sin duda fueron los años de mayor gloria de esta batería, aunque nunca llegara a convertirse en una fortificación permanente. En 1733 seguía activa, aunque no sabemos en que estado, aunque estaba artillada, eso sí, con 7 cañones de 16 libras. Aquí surgen algunos interrogantes, ya que esta batería sólo contaba con 5 cañoneras en su origen. Bien en estos años se abrieron dos más en sus muros, o bien las piezas se encontraban apostadas en partes más bajas del parapetos en los laterales de la batería. Aunque algo difuso el plano de 1730 nos hace intuir que sí se debieron abrir nuevas cañoneras.

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Detalle de un plano de las defensas de Santander en torno a 1730. Aquí parece apreciarse que nuestra batería cuenta con hasta 7 cañoneras

Después de varios años de paz, la posición parece ser que se abandona, pero sólo hasta el año 1739, cuando las tensiones previas a una nueva guerra con Inglaterra (que finalmente estallará en la Guerra del Asiento) hace que  Santiago de la Peña vuelva al servicio activo. De hecho hasta un total de 47 cañones de diversos calibres fueron traídos desde La Cavada para reforzar todas las defensas de Santander. Sin embargo de estos no parece que alguno fuera destinado a nuestra batería, ya que en un informe de 1742 sobre el artillado de Santander no se hace mención alguna de nuestra fortificación.

Una vez más nuestra batería pasaría a segundo plano hasta el año 1755. Una vez más la sombra de la guerra (La guerra de los 7 años) hará que vuelva a artillarse y a estar custodiada por cuatro hombres. Sin embargo el estado general de las defensas santanderinas debía de ser deplorable, tanto que en 1762 un informe describía que el estado de la baterías no sólo no seguían en el mismo estado desde  décadas, sino que apenas se habían llevado a cabo las reformas necesarias ya aconsejadas por Verboom casi 40 años atrás.

Ese mismo año de 1762, Miguel de Marrón, miembro de la Junta de Fortificación, ya empieza a fundamentar con bastante raciocinio que este complejo de baterías repartidas por todo Santander era además de costoso, totalmente inútil e ineficaz, por los que únicamente se mandan reparar los tres fuertes principales (Hano, La Cerda y San Martín) y dos baterías (Cabo Menor y San Juan)

Como ya hemos dicho en alguna entrada, aunque no por ello dejaremos de repetirlo, la llegada en 1763 del Ingeniero Ordinario Capitán Joaquín del Pino, supuso un antes y un después en la fortificación cántabra. Al igual que Miguel de Marrón, del Pino era de la opinión que el numero de baterías en Santander era excesivo, de hecho nuestra batería de Santiago ni tan siquiera es nombrada en sus informes. Pero aunque empezaba su declive no supuso su desaparición, pues la fortificación se encontraba artillada en 1765 con un cañón de 24 libras y dos de 18 libras, aunque ese mismo años sus cañones serían trasladados a la fortaleza de La Cerda.

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Detalle de un plano fechado en el S.XIX, aunque seguramente sea anterior. La batería de la Peña está marcada con mm pero ni siquiera aparece representada.

Finalmente en 1774 un informe ya estipula que la Batería de Santiago de la Peña se había dejado de reparar, pues por su cercanía al Fuerte de la Cerda se había vuelto prescindible. Es la última mención a esta fortificación por lo que la posición se abandonaría definitivamente y pasando a la historia.

Como hemos visto a lo largo de la entrada, nuestra batería siempre fue mayormente un complemento a las defensas más importantes de la Magdalena, como eran los Fuerte del Hano y de la Cerda (Castillos era realmente como eran denominados, aunque no eran tal) y prácticamente podemos afirmar que se trataba más de una extensión de estos. A lo largo de su historia no fue siempre un fortificación permanente pues no estaba construida con materiales duraderos, algo muy común en estas pequeñas baterías que hacia que necesitaran constante arreglos. Ni tan siquiera contó al parecer con algún edificio anexo, y si alguna vez lo tuvo fue una casa reaprovechada y durante poco tiempo. Sin embargo no por ello dejo de estar fuertemente armada en algunos momentos puntuales, aunque como hemos visto este sistema de numerosas baterías repartidas demostró ser totalmente ineficaz para una defensa efectiva. Apenas 70 años de historia, su abandono temprano, y sus materiales deleznables hacen que hoy en día no queden restos de esta batería, únicamente quizás bajo tierra quede algún rastro de sus cimientos, pero debido a su sencillez seguramente no haya quien esté interesado en rescatarla del olvido. Pero también es cierto que su estratégica posición no pasó nunca desapercibida. Muchos años después, ya a finales del siglo XIX, en este mismo lugar se empezaría a construir la Batería de Sandoval y cuyos restos aun sobreviven, pero esto ya es otra historia y es que una vez más… hay sitio que siempre huelen a pólvora.

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Para ir finalizando una cronología breve del artillado de la Batería de Santiago de la Peña.

  • 1703 – 4 piezas
  • 1726 – 8 cañones de 24 libras (Quizás sólo fuera el número de piezas óptimas para su dotación.
  • 1733 – 7 cañones de 16 libras.
  • 1755 – Artillada, pero el número y tipo de piezas es desconocido.
  • 1765 – un cañón de 24 libras y dos de 18 libras

Bibliografía

  • PALACIO RAMOS, Rafael. Por mejor servir al Rey. El entramado defensivo de Santander (Siglos XVI Y XIX). Edit. Ayuntamiento de Santander, col. Pronillo, Santander 2005

  •  PALACIO RAMOS, Rafael. Las fortificaciones de la edad moderna en Cantabria, un esquema orientado a la defensa costera, Castillos de España 161-162-163, Madrid 2011, pp. 93-106

  • PALACIO RAMOS, Rafael. El Corregimiento de las Cuatro Villas, paradigma del complicado proceso de racionalización de las fortificaciones costeras a lo largo del siglo XVIII, Revista de Historia Militar 102, Madrid 2008, pp. 67-96

Para las imágenes:

  • Dibujos de autoría propia
  • Imágenes aereas – https://www.bing.com/maps
  • Ortofotos – http://mapas.cantabria.es/
  • Planos y mapas – bibliotecavirtualdefensa.es

 

 

 

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Reconstruyendo el pasado

Después de mucho tiempo vuelvo a escribir una entrada… pero si alguno estaba esperando conocer una nueva fortificación se llevará una decepción.

No, efectivamente ni el tiempo ni la información disponible me permite investigar mucho sobre nuevas fortificaciones, pero eso no quiere decir que el blog este parado. Efectivamente esta será siempre mi pasión, y aunque no pueda dedicarle tanto tiempo como antes no quieres decir que lo haya dejado de lado. Sigo buscando cosas, dentro de la medida que me deja estar en un país extranjero, sobre las fortalezas cántabras, pero sobre todo sigo dibujando…

De hecho lo que quiero mostraros en esta entrada son varios dibujos, o representaciones artísticas, quizás un tanto caprichosas, sobre tres desconocidas baterías cántabras. Espero eso sí en un futuro poder hacer una gran entrada para cada una de ellas, describiéndolas y haciendo un análisis más exhaustivo. Pero de momento y ante la imposibilidad de hacerlo os dejo estos dibujos de como debieron verse estas baterías a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, a saber. Al menos que pueda servir para darlas a conocer un poco más, aunque cada una de ellas hayan tenido destinos muy diferentes.

La primera que os quiero mostrar es la desaparecida Batería de Comillas. Desgraciadamente no queda rastro alguno de esta batería, aunque si que pudo haberse conservado algunos de sus restos, como era el edificio principal perteneciente a la batería, que remodelado aun seguía en pie  hasta bien entrado los años 90, pero inexplicablemente sería derribado para construir un vulgar parking.

FullSizeRender (2)La siguiente fortificación es la Batería de Suaces y situada en  Noja.  Afortunadamente sigue en pie aunque en un estado bastante precario. La buena noticia es que su situación puede cambiar, ya que hace unos años el ayuntamiento de Noja inicio los tramites pertinentes para que sea declarada BIC, por lo que su protección estaría asegurada.

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La última fortificación sería de la Batería de Santa Cruz de Suaz en la villa de San Vicente de la Barquera. La situación de esta batería es hasta el momento bastante buena, aunque no siempre fue así. Tras muchos años de abandono y la destrucción parcial para hacer construir un espigón para el puerto, hoy en día se encentra restaurada y uno de sus edificios rehabilitado para ser, al menos hasta hace unos años,  la sede de una asociación de Modelismo Naval.

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Como veis una entrada sencillita, pero espero que al menos pueda ser una antesala a entradas futuras hablando ya en profundidad de cada una de ellas.

Batería de San Antonio de Padua

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Hay sitios que siempre huelen a pólvora. Tal es el caso de un rinconcito de Santander, un saliente rocoso en donde hoy por suerte visitantes más pacíficos disfrutan del acogedor lugar. Si recuerdan la entrada en las que di unas breves pinceladas sobre los nidos de ametralladoras de Santander, uno de ellos todavía se conserva en este lugar, sin embargo más de 200 años atrás el hombre ya se había atrevido a fortificar esta masa rocosa. Me estoy refiriendo a los Jardines de Piquío y hoy vamos a conocer la antigua y desaparecida Batería de San Antonio de Padua. Evidentemente las numerosas reformas que han sufrido estos jardines han hecho desaparecer casi con toda seguridad cualquier rastro de esta sencilla batería y sólo hoy el silencioso nido de ametralladoras nos recuerda el pasado militar de este peñasco que divide las playas del Sardinero.

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Ortofoto de 2014 con la situación de Piquío entre las playas del Sardinero

Su historia comienza en 1702, cuando el Corregidor de las 4 Villas -San Vicente de la Barquera, Santander, Laredo y Castro Urdiales- Capitán de Caballos Corazas Andrés de Mieses Alvarado decidiera por su cuenta y riesgo, y sin contar con el permiso de los Consejos de Guerra e Indias, la construcción de una serie de trincheras y reductos de campaña que cubrían todo el litoral santanderino desde Cabo Menor hasta la península de la Magdalena. Entre estos reductos se encontraba, entre otras de las que esperemos poder hablar en otras entradas, la ya descrita Batería de Cabo Menor y nuestra protagonista Batería de San Antonio de Padua. Este hecho, que ya describimos en la entrada de la Batería de Cabo Menor, dio lugar a que el 6 de Enero de 1703 el propio Consejo de Guerra ordenara la paralización de todas las obras tras haber recibido los informes de lo hecho y, sobre todo lo que debió doler más, lo gastado.

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Situación de la batería de San Antonio sobre los Jardines de Piquío

Sin embargo el Corregidor debió conseguir convencer en parte al Consejo de la Guerra y al propio soberano -un agonizante Carlos II- de la necesidad de tales obras de fortificación ante el clima de guerra que se vivía en ese momento. A cierto acuerdo debieron llegar cuando el Corregidor encargó un estudio del estado de las defensas de Santander y las obras que se necesitarían realizar para poner a punto fuertes y baterías. La batería de San Antonio no se vió beneficiada por el estudio ya que sólo se realizaron obras en las baterías de San Martín y La Cerda, el castillo de Hano y de la batería de la Peña, siendo esta última la única de las de nueva planta en la que se intervino.

Pasaron así los primeros años del siglo XVIII para nuestra batería, que aunque a medio construir, tampoco debía ser de mucha entidad, tratándose de una mera fortificación de campaña a barbeta de tierra, reforzada por medio de fajinas si acaso.

La década de 1720 supuso para Santander el establecimiento de los Reales Astilleros de Guarnizo en sustitución de sus antiguos astilleros, lo que supondría un impacto de gran calibre en la pequeña localidad. La presencia de tan importante enclave que vería nacer navíos tan imponentes como el Real Felipe, de tres puentes y 114 cañones, debería haber supuesto un aliciente para la mejora de las defensas santanderinas, pero poco o nada se hizo. De hecho sólo las baterías de San Martín, La Cerda y Hano estaban en servicio.

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Plano de 1726 relizado por Langots con los perfiles de la Batería de San Antonio

En 1725 llegó el Ingeniero Director Louis de Viller de Langots, comisionado para ocuparse de poner a punto las defensas costeras de Cantabria. Un año después la llegada del Ingeniero Jefe Isidro de Verboom que acompañaría a su superior Langots, parecía suponer un impulso definitivo al deprimente estado de las fortificaciones costeras de Cantabria, pero como ya hemos visto en varias entradas, sabemos que poco pudieron hacer, aunque no dejaron de realizar una labor encomiable y dejándonos, eso sí, bastantes proyectos y planos del estado de las fortificaciones de por entonces. Nuestra Batería de San Antonio estaba presente en estos proyectos de mejora, que incluían el cerramiento de su desprotegida gola, la recomposición de sus parapetos y su revestimiento con sillería. Debido a que era prioritario reducir costes, sólo se ordenó reforzar los parapetos mediante fajinas, a todas luces insuficiente. Sin embargo se levantaron los planos pertinentes con el estado de las baterías y de las obras convenientes a realizar. En el plano conservado de San Antonio observamos la presencia de un pequeño edificio anexo al parapeto con 6 cañoneras, reforzadas por una base de sillería. No sabría afirmar con rotundidad si dicho edificio se encontraba ya construido anteriormente al levantamiento del plano, o si por el contrario se trataría de obras a realizar junto al parapeto de sillería. Siendo cierto tanta una opción como otra, la verdad es que dicho edificio sí debió construirse en algún momento de la década de los 20 bajo las órdenes de Langots, ya que nos lo encontraremos reflejado en planos del mismo año y posteriores.

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Detalle del plano de Santander de 1726 con las baterías de San Antonio (F) y San Juan (E). Lo coloreado en amarillo correspondería a las obras a realizar.

El primero de estos planos realizado por el propio Langots como hemos dicho es coetáneo al anterior. En este plano, que ya hemos tenido la ocasión de mostrar en la entrada de Cabo Menor, aparecen reflejadas de manera impecable el estado de las baterías de Santander y de las obras a realizar. La batería de San Antonio aparece con su sencillo edificio, pero con su parapeto de piedra como obra pendiente. En otro posterior y presumiblemente de 1730, San Antonio vuelve a aparecer con su edificio y su parapeto de 6 cañoneras.

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Plano de Santander y sus defensas de 1730

En 1749 el Ingeniero Ordinario Capitán Pedro Bordán fue ordenado para estudiar el estado de las fortificaciones y las obras pertinentes y necesarias. El estado general de la defensa costera cántabra debía ser deplorable, ya que únicamente hace mención favorable a la Batería de San Felipe de Santoña, encontrándose el resto en ruinas y abandonadas a su suerte. Sólo en Santander 26 eran las obras necesarias a llevar a cabo. Estas se prolongaron durante años, y como viene siendo habitual se realizarían en parte. Bien parada sale nuestra batería de San Antonio dado que en 1752, Bordán establece que debe ser una de las baterías a conservarse y repararse, aunque sólo afectarían a obras de consolidación de la estructura existente. Un año después era la fecha prevista para comenzar las obras en la batería, incluido el artillado con 6 piezas, para poder ponerla así en estado de defensa, pero la falta de fondos pospuso las obras. Finalmente no se llevó a cabo ejercicio alguno, y en 1755 de las baterías del Sardinero sólo se optó por reparar las de San José y San Francisco; empezaba el lento declive de la fortificación.

En 1763 llegó a Cantabria el Ingeniero Ordinario Joaquín del Pino junto al Teniente de Artillería Santiago de la Roza. La estancia de del Pino fue crucial para la fortificación cántabra, ya que no sólo traía una Real Orden para poner en óptimo estado de defensa las

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Plano de Santander de 1765 por Joaquín del Pino

abandonadas fortificaciones, sino que además levantó numerosos y excelentes planos de los fuertes y baterías en los que debía intervenirse. Aunque las obras finales se volvían a limitar a la reparación y consolidación de muros, parapetos y cubiertas, desgraciadamente para San Antonio, Del Pino no estimaba conveniente la inversión en esta batería, siendo la de San Juan la única de las del Sardinerno en repararse. Esto era debido a que del Pino era de la opinión de que la mayoría de estas baterías del Sardinero eran innecesarias y perfectamente desechables. En 1765 de éstas sólo siguieron en activo las de San Francisco en el extremo oeste de la playa y la de San Juan Bautista muy cercana a la de San Antonio que tuvo que ceder su artillería a su vecina.

Finaliza por tanto aquí la historia de la batería de San Antonio tras 63 años de servicio, si bien no debió estar apenas breves periodos de tiempo en óptimas condiciones. En planos posteriores a 1765 ni siquiera se menciona como arruinada y desaparece de los mismos,  por lo que debió abandonarse por completo. Mucho tiempo después, ya entrado el siglo XX se adecuaría la zona para uso público, lo que con toda seguridad haría desaparecer los exiguos restos que pudieran haber sobrevivido. La roca de Piquío, que en los mapas aparece como Punta del Rastro, como vimos, volvería a fortificarse con un nido de ametralladoras, pero corría el año 1937 y ya hemos tenido ocasión de contarlo. Después de la Guerra Civil la zona se transformó en los Jardines de Piquío y  de nuestra batería de San Antonio sólo nos queda el recuerdo.

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Vista de Piquío desde la 1ª Playa del Sardinero en 1880. Sólo se vislumbra la explanada de la batería reformada para su uso público. El edificio ha desaparecido, y no parece quedar mucho rastro del parapeto, aunque quizás parte de los materiales fueran reaprovechados para la construcción del primitivo mirador.

Desde un punto de vista morfológico, el aspecto de esta batería únicamente evolucionó de un simple parapeto de tierra a una estructura ligeramente más elaborada, pero a todas luces insuficiente para presentar una defensa efectiva. El aspecto que presentaba según los planos de 1726 fue la definitiva y así se mantendría, hasta su abandono, en términos generales. Aunque como hemos visto la dejadez y falta de fondos hicieron que unicamente la base de piedra del parapeto nunca llegara a realizarse y mantuviera sus cañoneras en malas condiciones durante casi toda su corta existencia.

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  1. Edificio. a-Cuarpo de Guardia. b-Repuesto de pólvora. c-Tinglado/Cubierto de cureñas
  2. Explanada para los cañones
  3. Parapeto
  4. Cañoneras de tierra
  5. Murete de tierra

Se trataba de una batería sencilla, de planta trapezoidal y abierta por la gola. El parapeto estaba provista de 7 cañoneras, tres de ellas en el frente y esquinas, una en su lado derecho y dos en su lado izquierdo, estando estas tres últimas preparadas para batir las playas 1º y 2ª del Sardinero. No pudiendo afirmar si la base llegó a reforzarse en piedra, la mayor parte de dicho parapeto era de tierra, si acaso reforzado por fajinas cuando las circunstancias los permitieron. De ambos lados del parapeto continuaba un pequeño murete de tierra que contorneaba toda el saliente de Piquío y que enlazaría con las baterías más próximas, a su izquierda la de San Juan y a su derecha la de San Fernando. La batería quedaba complementada con un pequeño edificio rectangular con tejado a dos aguas, ocupando la mitad posterior dos estancias, una de pequeñas dimensiones como repuesto para la pólvora y otro de mayor tamaño que actuaría de cuerpo de guardia. La otra mitad se encontraba abierta a la propia batería, tratándose de un simple tinglado como cubierto de las cureñas.

En cuanto su artillado, en 1726 aparece en el plano de Langots con 3 cañones de a 24 y dos de a 10, aunque es posible que esa fuera la dotación requerida para su óptimo servicio. En 1740, por el contrario, estaba desartillada, y en 1753 se requería el envío de 6 cañones para San Antonio, aunque no podemos certificar el número, algunos de estos cañones sí que llegarían a montarse en San Antonio, pues como hemos comentado anteriormente, en el momento de su definitivo abandono se encontraba artillada por 4 cañones de a 18 -aunque sólo uno era útil-  que serían finalmente trasladadas a la batería de San Juan.

Para finalizar, un sencillo trabajo en 3D que he realizado. Ya conté en la entrada anterior que había empezado trabajar en Blender y para esta ocasión os dejo el diseño de la Batería de San Antonio y cómo debía verse aproximadamente una vez se llevaran a cabo las obras proyectadas por Langots y Verboom. Disculpen eso sí los numerosos fallos que pueda tener, y es que acabo de entrar en el mundillo 3D y como se dice, Roma no se hizo en un día.

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Como veis la he representado con dos cañones de 24 libras y uno más pequeño de a 10. El principal fallo que he tenido al representarla es sin duda las cañoneras de tierra que no he sabido cómo hacerlas mejor, al menos por el momento. Por su parte los cañones no son míos, su autor es Enrique Fernández (https://www.cgtrader.com/enrique_fernandez) y lo descargué como objetos independientes de una página de modelos 3D con software gratuito; no son del todo exactos a los cañones españoles del siglo XVIII, pero eran los más fieles que había podido encontrar en descarga libre. Con el tiempo espero incluso poder hacer diseños propios de los cañones y cureñas que representen fielmente a los que se instalaron en las baterías cántabras. Aun así espero que les guste.

Creo que ha sido un sencillo y más que digno recordatorio a esta modesta batería. Como siempre me despido con la bibliografía y los créditos de las imágenes correspondientes.

Bibliografía:

  • PALACIO RAMOS, Rafael, Las fortificaciones de la edad moderna en Cantabria, un esquema orientado a la defensa costera, Castillos de España 161-162-163, Madrid 2011, pp. 93-106
  • PALACIO RAMOS, Rafael, El Corregimiento de las Cuatro Villas, paradigma del complicado proceso de racionalización de las fortificaciones costeras a lo largo del siglo XVIII, Revista de Historia Militar 102, Madrid 2008, pp. 67-96

Para las imágenes:

Para imágenes aéreas

Planos y mapas:

  • bibliotecavirtualdefensa.es

Imágenes antiguas

Las imágenes del modelo 3D son de autoría propia tras el proceso de renderizado del modelo 3D en Blender, también de autoría propia

Batería de Cabo Menor

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Después de haber tratado de manera extraordinaria una fortificación terrestre, volvemos al elemento natural del blog. Regresamos a visitar la bonita ciudad de Santander para conocer la historia de un enclave fortificado desde el siglo XVIII y de los que nos quedan algunas piedras que han visto guerras, incendios y hasta la construcción de un campo de golf a sus espaldas que afortunadamente respetó aquellos exiguos restos

Cuando hablamos de los nidos de ametralladoras destacamos que la evolución de la línea costera de la ciudad, vio desaparecer gran parte del entramado fortificado que defendió Santander. De todo lo construido hasta el siglo XIX únicamente son apreciables los restos de la Batería de Sandoval y los de nuestra protagonista de hoy, la Batería de Cabo Menor y situada en la punta homónima. Desde luego su afortunada localización, alejada del casco urbano y de la línea de playa, ha sido la razón principal que ha permitido que parte de su estructura haya sobrevivido a tantos avatares de la historia.

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Situación de la Batería de Cabo Menor en el cabo del mismo nombre al Norte de Santander

No es ciertamente la del Cabo Menor una fortificación relativamente antigua, puesto que cuando empezó su construcción Santander ya contaba con varias baterías y castillos para la defensa de su costa y de su puerto, pero sobre todo para defender los Reales Astilleros de Guarnizo establecidos en 1581. Su nombre aparece por primera vez en el año 1702 en un proyecto llevado a cabo por el entonces corregidor Andrés de Mieses. Tal proyecto, destinado a mejorar la defensa de Santander por el Norte era toda una serie de trincheras y reductos desde el Cabo Menor hasta la Magdalena y cuyo propósito era evidentemente la de defender la ciudad de un posible asalto anfibio en las playas del Sardinero. Esta serie de reductos, entre los que se encontraba uno en Cabo Menor denominado de San Matías, no eran más que simples parapetos de tierra reforzados con estacas de madera. Curiosamente el Consejo de Guerra ordenó el cese de las obras, aun habiéndose comenzado, pues no había sido previamente informado del proyecto. Por tanto Santander se encontró con una serie de estructuras endebles y que ni tan siquiera contaba con los edificios mínimos para un buen desempeño bélico, como almacenes o cubiertos para la artillería.

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Plano de la Batería de Cabo Menor tal y como era en 1726 y atribuido a Langots

Tal era el estado de estos reductos que en 1715 eran del todo inservibles, por lo que en 1719 tuvieron que volverse a levantar. Seguramente por esos años debió construirse el primer edificio de la Batería de Cabo Menor, un pequeño repuesto con tejado a un agua y dividido en dos estancias de reducidas dimensiones. La forma exacta de esta primitiva batería lo podemos saber gracias a un plano levantado en 1726, en el que aparte del edificio podemos comprobar cómo la fortificación estaba dotada de un parapeto terrero dotado con cañoneras. Un año antes el Brigadier e ingeniero director Louis Viller Langots fue comisionado para llevar a cabo la tarea de poner a punto las defensas costeras de las Cuatro Villas – San Vicente de la Barquera, Santander, Laredo y Castro Urdiales – y seguramente fuera el autor de la traza del plano, en la que se vislumbran también las trazas de un proyecto  que se levantaría en Cabo Menor y que sustituiría a la sencilla estructura que allí se encontraba. De este proyecto de los que existieron dos versiones que se diferenciaban en la posición y forma de los edificios interiores y de los cuales también se realizaron planos adicionales y detallados. Estos diseños atribuidos también a Langots fueron realizados conjuntamente con el ingeniero en jefe Coronel Isidro Verboom y que había sido destinado a Santander un año después de Langots. Evidentemente ninguno de los proyectos llegaron a ver la luz aunque sí debieron realizarse algunas obras menores como la reparación y reforzamientos de los parapetos mediante fajinas -haces de ramas delgadas y apretadas

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Plano de los dos proyectos alternativos de 1726 para Cabo Mayor y atribuidos a Langots. Podemos ver la forma de herradura de caballo rodeado de foso con el frente marítimo con cañoneras y un frente de tierra abaluartado para proteger la gola de la batería de un posible golpe de mano. En su interior estarían situados los edificios correspondientes al Cuerpo de Guardia y el almacén de pertrechos y cureñaje. La batería estaría preparada para acoger 12 piezas de artillería de a 24 y 18 libras.

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Interesante plano de 1726 remitido por Verboom donde se ve el estado y proyectos realizados de las defensas marítimas de Santander.

No fue el único proyecto ya que entre 1730 y 1740 nos encontramos un nuevo diseño llevado a cabo esta vez por el ingeniero y Coronel Leandro Bachelieu. Una vez más en el plano y bajo el dibujo del nuevo diseño nos volvemos a encontrar el aspecto en el que se debía encontrar la batería en ese año y en donde apreciamos notables diferencias. Ya que es probable que ni Langots ni  Verboom hicieron nada más que obras de reparación, seguramente estas pequeñas mejoras se terminarían en 1739 y con motivo de la Guerra del Asiento -o de la oreja de Jenkins-  con  Inglaterra. Aunque la estructura general de la fortificación permanecía igual en lineas generales, el parapeto fue reforzado con tierra y prolongado hacia el este y donde se abrieron cinco cañoneras más en un nuevo emplazamiento que defendieran directamente la ensenada del Sardinero por la Playa de los Molinucos, destacando la colocación de plataformas de madera para los cañones. No obstante, estas mejoras y el segundo emplazamiento ya aparecen reflejadas en un plano de 1726 remitido por Langots, aunque nos inclinamos a pensar que fueron obras que se pospusieron y alargaron en el tiempo hasta construirse finalmente en 1739.  Fueron estos unos años de gran actividad fortificadora en la ciudad de Santander, sin duda por el impulso que se dio a los astilleros de Guarnizo – Real Fábrica de Bajeles de Guarnizo – en los que se había vuelto a ver una frenética vuelta a la actividad en detrimento de los astilleros de Santoña.

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Plano levantado en la década de los 40 del siglo XVIII. En este caso el proyecto sigue la mismas pautas que los anteriores pero de mayor tamaño. El reducto final se trataría de un potente fuerte capacitado para 12 cañones de a 24 y 2 de a 8 y dotado de cuarteles para la tropa, almacenes de pólvora cureñaje pertrechos y víveres e incluso un aljibe.
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Dibujo, quizás algo idealizado, de cómo debía ser la batería a mediados del siglo XVIII

Durante la segunda mitad del siglo XVIII no sólo no se realizó mejora alguna, sino que siguió descuidándose la posición. Curiosamente la batería seguía estando presente en todos lo informes que sobre las defensas santanderinas trataban, aconsejando siempre ponerla a punto. En el año 1762 el estado de la batería debía ser lamentable ya que no contaba ni tan siquiera con plataformas para los cañones, y sus edificios se encontraban sin cubiertas. Tal era su estado que el Capitán de Ingenieros Tomás de Rojas, después de inspeccionar el estado de las defensas de la ciudad, estimaba oportuno desechar la posición, además de encontrarse en su opinión ineficazmente localizada. Sin embargo, un tal Miguel Marín, miembro de la Junta de Fortificación, argumentando que si bien muchas de las baterías del Sardinero habrían de desecharse, la Batería de Cabo Menor debía seguir en activo, motivo por lo que por fin se llevaron a cabo obras de reparación, eso sí, más que lo justo y necesario.

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Plano de la Batería de Cabo Menor en 1763 por Joaquín del Pino

Sin embargo, en 1763 fue Joaquín del  Pino, tras sustituir a Rojas, el que llevó a cabo la primera gran remodelación de la batería. Conjugando algunas de las ideas que tuvo Rojas para la Batería de Cabo Menor, eliminó las cañoneras del parapeto y situó un pequeño emplazamiento auxiliar situado al sudeste de la batería principal más cercano al acantilado que sustituiría al anterior. Además se enlosó la plataforma artillera con losas de sillería y se adecentaron y ampliaron las estancias para la guarnición, pues la batería ya contaba con un repuesta para la pólvora, cuarto para el oficial y cuerpo de guardia para la tropa, que en caso de necesidad podría usarse como almacén para la artillería y el cureñaje. La posición en su conjunto estaría capacitada para albergar 10 cañones, 8 de 24 libras en la batería principal y otras dos de grueso calibre en la plataforma auxiliar.

En los años posteriores parece que no debieron realizarse obras de mayor importancia, las necesarias para mantenerla minimamente en operatividad  y únicamente podemos decir que las baterías santanderinas se reforzaron con el envío de 20 cañones de 8 libras, si bien no podemos asegurar cuántos de estos estarían destinados a Cabo Menor, ni el número de cañones y calibres que había ya instalados.

Llega el siglo XIX sin que la batería vea cambios en su fisionomía; lo que sí había cambiado era su estado, que volvía sufrir la dejadez y languidecía a su suerte esperando reparaciones que nunca llegaban. Tal era su estado que en pocos años los edifcios habían sufrido tal deterioro que necesitaban  ser reconstruidos. El Oficial de Ingenieros, Sargento Mayor del Arma Juan Giraldo, encargado de las defensas del cantábrico de ese momento, urgió la necesidad de centrar la atención a las baterías de Cabo Menor y San Pedro del Mar. Parece ser que el mismísimo Godoy mandó una partida monetaria para el reparo de las baterías, aunque no sabemos si llegó a realizarse alguna mejora. Lo que sí debió realizarse fue una ampliación o adecentamiento del edificio existente durante la ocupación francesa posterior.

Tras la Guerra de la Independencia Cabo Menor no fue ajena a la inestabilidad general del país, aunque en 1819 debía de estar plenamente operativa. El ingeniero José Parreño y Pastor levantó nuevos planos de la batería y llevó a cabo obras de cierta consideración. La superficie de la fortificación había aumentado y las dependencias habían sido bastante adecentadas; se dotó a la batería de un pequeño foso defensivo y los parapetos de la barbeta se levantaron un metro y medio de altura. En algún momento también debió construirse un segundo emplazamiento auxiliar al norte, en este caso para defender la ensenada de Mataleñas.

Poco duró esta situación, pues en 1825 sus explanadas y parapetos estaban deteriorados y la batería se encontraba completamente desartillada.

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Restos del tambor aspillerado

Fue en 1834 y con motivo de la I Guerra Carlista  la razón por la que se volviesen a realizar obras en la batería para ponerla a punto. Fue la obra más radical llevada a cabo en la batería y que supuso la incorporación de un tambor aspillerado para proteger la entrada de la batería y hostigar con fuegos de fusil cualquier desembarco que pudiera realizarse en la playa. Asimismo se abrieron aspilleras para fusilería en las dependencias y se levantó la altura de sus muros, así como se repararon explanadas, parapetos e incluso el foso.

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Detalle del plano de 1847 de Santander y levantado sobre uno anterior de 1837 porr José Mathé
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Detallo del plano de 1870 de Santander levantado por José Peñaredonda. Suponemos que la batería ya se habría abandonado pues aunque aparece dibujado no se nombra su posición

Nada más se hizo en Cabo Menor, por tanto los restos que se conservan corresponden a estas últimas obras, si bien hubo dos últimos proyectos, concretamente en 1869 y en 1904, para sustituir la batería que evidentemente no se llevó a cabo en ninguno de sus términos. El de 1869 se trataría de un gran fuerte acasamatado suponemos similar a todos los de este tipo proyectados en la época y de los que sólo se llegaron a construir los de San Carlos y San Martín de Santoña; el de 1904, por su parte, fue un proyecto del Coronel de Ingeniero Francisco Roldán que proponía la construcción de una batería capaz para un total de seis piezas, cuatro cañones de 21 cm y dos cañones de acero de tiro rápido del tipo Nordfelt de 57 mm. Como curiosidad apuntaremos que si bien Palacio Ramos describe las piezas mayores como cañones de acero de tiro rápido, las únicas piezas de acero en servicio y de ese calibre eran cañones Krupp muy escasas y raras en las fortificaciones de costa españolas, por lo que lo más seguro es que realmente se pensaran en cañones de hierro entubados y sunchados Ordoñez Mod. 1891 de 21 cm. o que exista un error en el calibre y se trate efectivamente de piezas de acero de tiro rápido, pero de 15 cm. modelo Munaiz Arguelles L/45, que fueron bastante comunes en la defensa de costa española y reglamentarios justamente desde un año antes al proyecto.

bandicam 2016-07-03 17-03-16-306Una ortofoto aérea de la batería nos permite identificar su planta perfectamente, por lo que pese a su escasos restos, aún conservamos las líneas maestras de cómo fue esta batería en su última etapa y que realmente no fue más que una evolución de su estructura original a la que simplemente se le fueron agregando diversos añadidos, pero que no cambiaron apenas las líneas que ya presentaba en el momento de su construcción.

planta

  1. Explanada para la artillería
  2. Parapeto a barbeta
  3. Cuerpo de Guardia para la tropa. Seguramente construido en 1763 en la reforma de Joaquín del Pino y que originalmente también se usaría como almacén
  4. Cuarto para el Comandante. La evolución de éste junto al extremo del Cuerpo de Guardía partían del primer y primitivo edificio de la batería de la primera mitad del s.XVIII
  5. Almacén de cureñaje y pertrechos. Añadido en las dos primeras décadas del s.XIX
  6. Repuesto de pólvora. Añadido en las dos primeras décadas del s.XIX
  7. Tambor aspillerado. Añadido en 1834
  8. Entrada a la batería
  9. Batería auxiliar con parapeto a barbeta. Realizado en 1763 sobre un anterior construido entre 1726 y 1739.
  10. Batería auxiliar, suponemos que con parapeto a barbeta. Construida en la década de los 20 del s.XIX
  11. Parapeto para proteger el camino de la batería principal a la auxiliar
  12. Pequeño foso

En cuanto al artillado es difícil establecer una cronología ya que no parece haber muchos datos al respecto.

  • 1719-1726  Estaba preparada para albergar 6 piezas de artillería
  • 1726 Estaba preparada para albergar 13 cañones de 24 libras, aunque desconocemos si eran los montados o simplemente los que podía tener.
  • 1763 Estaba capacitada para albergar 8 cañones de 24 libras y 2 de grueso calibre
  • 1723-1724 El conjunto de las baterías santanderinas estaban artilladas con 35 piezas entre las que se encontraba la de Cabo Menor
  • 1725 Estaba preparada para albergar 6 piezas de artillería aunque se encontraba desartillada.

Y llegamos al final de esta entrada lanzando un modesto alegato a favor de la conservación de esta batería, que es tan parte de nuestra historia como de la de Santander. Sin tener el porte de la Catedral, ni el simbolismo de la Grúa de Piedra, ni el glamour del Palacio de la Magdalena, bien merecen sus piedras seguir resistiendo al tiempo.

Bibliografía:

Palacio Ramos, R. (2007). El Corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa del Mar, paradigma del complicado proceso de racionalización de las fortificaciones costeras a lo largo del siglo XVII. Revista de Historia Militar, (102), p.67-97

Palacio Ramos, R. (2010-2012).  La Batería de Cabo Menor en Santander: Historia y potencial arqueológico.Sutuola, (XVI-XVII), p.333-342

Las imágenes y dibujos son de autoría propia, salvo:

Planos:  http://bibliotecavirtualdefensa.es

Imágenes aéreas:  http://mapas.cantabria.es  y  Google Earth

El Fuerte del Rastrillar (V) La Guerra Civil

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Pues llegamos al final de una serie de entradas dedicadas al Fuerte del Rastrillar de Laredo. Cuando empecé a plantearme cómo organizar las entradas que inevitablemente iba a necesitar para la descripción de este fuerte, no llegué a imaginarme que iban a ser hasta cinco los capítulos necesarios para tal fin. Pero mejor no dejar cosas en el tintero y contar lo más posible que quedarnos escuetos, así que disculpen si al final ha resultado ser más tedioso de lo que pretendía. Si por el contrario les ha resultado fascinante o curioso me daré por más que satisfecho.

Para este último capítulo he querido reservar un curioso epílogo que la historia tenía reservada para esta posición que desde tiempos antiguos llevaba defendiendo la bahía.

Oficialmente el Rastrillar quedó desartillado en los primeros años del siglo XX cuando sus baterías habían quedado irremediablemente obsoletas y superadas por la artillería moderna. Como Santoña ya hacía tiempo que había dejado de ser Plaza Fuerte de consideración era lógico que todas las fortificaciones de la bahía fueran abandonándose poco a poco; realmente el hecho de que tardaran tanto tiempo en hacerlo parece ser más debido a motivos históricos y simbólicos que a una auténtica necesidad.

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Ortofoto del vuelo fotogramétrico de 1953. La flecha amarilla señala el emplazamiento de 1937

Sin embargo en el año 1936 una cruenta guerra que no necesita presentación para los españoles, consiguió que en el Rastrillar se oliera a pólvora por última vez, alargando si cabe un poco más su historia bélica. Efectivamente el fuerte laredano volvería a acoger cañones para la defensa de las costas, en esta ocasión sirviendo al Gobierno de la República.

Aunque no es descartable que las antiguas baterías decimonónicas se usaran, lo más destacable de este periodo fue la construcción en la primavera de 1937 de un emplazamiento para cañón en la parte más alta del monte e inmediato al polvorín de Arriba. El conjunto lo conformaban un emplazamiento descubierto para cañón, un refugio y un polvorín.

 

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Aspecto actual que presenta la barbeta del emplazamiento

 

El emplazamiento, que por suerte ha llegado a nuestros días, se trata de una sencilla barbeta semicircular formada por sillares. Algunos autores han sugerido con bastante lógica que estos sillares hubieran sido reutilizados de las antiguas fortificaciones. Las obras fueron llevadas a cabo por la  III Sección de la Compañía de Costas Nº 13 con sede en la propia Laredo y que se encargaría de las obras llevadas a cabo entre la zona comprendida entre el Cabo de Ajo y la localidad de Oriñón.

 

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Ortofoto de 2014 donde se aprecian el asentamiento para cañón de 1937 con el polvorín de “Arriba” del siglo XIX

Actualmente resulta difícil localizar tanto el refugio como el polvorín debido a la numerosa vegetación existente y porque es bastante probable que los accesos hubieran sido cegados por seguridad. No hay que descartar, eso sí, que el antiguo polvorín fuera reaprovechado para su fin original, sin embargo si comparamos con otras fortificaciones coetáneas, como por ejemplo los emplazamientos de Cabo Mayor o el de Pinares entre otros, los polvorines estaban construidos en el subsuelo, aunque a diferencia del caso laredano hay que decir que no había un antiguo polvorín para poder volver a ser usado, todo sea dicho. Finalmente sí que hay que destacar que al norte del emplazamiento existe una oquedad rodeada hoy en día por unas vallas, quizás pudiera tratarse de la entrada al refugio o al polvorín, pero es una teoría muy pobre ya que resulta inconcebible que esta entrada estuviera situada a vanguardia del emplazamiento artillero y no a retaguardia.

 

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Vista del polvorín desde la barbeta republicana con la apertura abierta en el muro norte

No obstante debemos señalar un detalle curioso que nos encontramos en el polvorín y es el vano que se abre al norte del mismo. Resulta extraño que en un polvorín aparezca una abertura, aparte de la entrada situada en el muro sur, ya que estos estaban desprovistos de ventanas. Si añadimos los extraños pegotes de ladrillo podemos teorizar sobre que este vano se abrió muy posteriormente a la construcción del polvorín, por lo que podría resultar producto de las obras llevadas a cabo en 1937 abriéndose una entrada directamente a la posición artillada que se encuentra unos metros más al norte.

La posición se artilló en un origen con un solitario y arcaico cañón Mondragón de 80 mm., que fue sustituido por un no menos antidiluviano cañón Krupp de 87 mm Mod. 1877/95  de origen ruso. Finalmente, en julio, con casi toda probabilidad la posición estuviera artillada con un cañón Krupp de 77 mm C.96 nA (77/24). Aunque esté dato no este confirmado, los documentos oficiales hablan de la presencia de dos de estos cañones en julio de 1937 sin especificar su emplazamiento. Sin embargo, lo lógica obliga a pensar que al menos una de estas piezas estuviera ocupando la barbeta del Rastrillar desconociendo, eso sí, la situación del otro Krupp de 77. Los autores del artículo Defensas costeras de la Guerra Civil Española en Cantabria –ver bibliografía- hacen mención de la confusión en la documentación oficial de los trabajos de fortificación en Laredo, pues en los trabajos de mayo se mencionan obras bajo del epígrafe Playa de la Salvé de un emplazamiento para cañón, carretera de acceso, refugio y depósito de municiones. En dicho artículo los autores llegan a teorizar sobre la posibilidad de la construcción de un segundo emplazamiento artillado en la misma playa y que pudiera haber albergado al segundo Krupp de 77, sin embargo también apuntan que este emplazamiento sea el mismo del Rastrillar. Seguramente sea así y que el hecho de que aparezca el epígrafe de Playa de la Salvé se refiera simplemente a la de la playa a defender y englobando a todas las obras de Laredo, agrupando tanto a los nidos de ametralladoras que sí sabemos que se construyeron por toda la playa, como a las obras del Rastrillar.

En conclusión, lo más seguro es que como hemos apuntado, un cañón Krupp de 77 ocupara el emplazamiento construido, y el otro ocupara de manera circunstancial una de las antiguas baterías del XIX.

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Perfil de cañón Krupp de 77 mm C.96 nA también conocido como Krupp Mod 77/24

Indistintamente ninguna de las piezas montadas en Laredo podían suponer una amenaza seria. Para empezar no se trataban de piezas de costa, sino de artillería de campaña emplazadas en la costa. Todos los cañones a su vez estaban obsoletos, con diseños del siglo XIX. Para hacernos una idea, la pieza más “moderna” -el Krupp de 77- tenía un alcance máximo de 7800 metros y un alcance realmente efectivo de sólo 5000 metros. La principal embarcación del bando sublevado en el Norte era el crucero Cervera, cuyos cañones principales -Vickers de 152 mm-, tenían un alcance de 21000 metros. Por tanto, pese al empeño y bravura de sus artilleros, su amenaza resultó meramente testimonial.

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Tres vistas del emplazamiento para cañón con un Krupp de 77mm C.96 nA

Otra obra de consideración que también se llevó a cabo en el Rastrillar fue la construcción en los meses de primavera-verano de 1937 de un nido de ametralladoras en las faldas del monte, aunque no disponemos de más datos que nos señale su posición exacta. Aunque este nido, del que carecemos más datos, me hubiera gustado incluirlo en una propia entrada futura con el resto de los nidos construidos en Laredo, la posibilidad de que pudiera estar construido en el entorno del Rastrillar hace obligada su mención aquí.

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Ortofoto del Vuelo Interministerial de 1973-86. Rodeado en amarillo la inconclusa batería de 1860 y señalado con una flecha la extraña estructura cuadrangular.

Efectivamente su localización nos es desconocida, pero si recordamos en el capítulo anterior vimos cómo en la batería Nueva aparecía una estructura cuadrangular que no debía ser parte de ella. Pudiera tratarse quizás de este nido construido en el 37 y situado en las faldas del monte y a una altura óptima para su cometido y con sus fuegos perfectamente enfilados a la entrada de la bahía. Como esta zona no ha sufrido alteraciones agresivas, quizás únicamente movimientos de tierra, forzosamente tiene que conservarse esta estructura junto a los restos de la batería inconclusa del proyecto de 1860. Ojalá una rehabilitación futura de la zona permita que podamos conocer lo que se esconde bajo la vegetación.

 

Y con esta última entrada damos por finalizado un extenso recorrido a través de cuatro siglos sobre las fortificaciones que se levantaron en el popular monte de la Atalaya de Laredo. Seguramente hallamos cometido algunos errores pero no debemos olvidar que aún nos queda mucho por aprender y mucho por descubrir. Son muchos los secretos que todavía se ocultan en el Rastrillar, pero hasta ahora nuestro deber es disfrutar lo que nos ofrece, respetarlo, difundirlo y cuidarlo.

Bibliografía:

BLANCO GÓMEZ, David, GÓMEZ-BEDIA FERNÁNDEZ, Borja, GUTIÉRREZ CUENCA, Enrique y HIERRO GÁRATE, José Ángel. Fortificaciones de la Guerra Civil enla zona oriental de Cantabria: defensas costeras y líneas de con-tención de los ríos Agüera y Asón. Castillos de España. 2013, nº 171-172, p. 133-144
GÓMEZ-BEDIA FERNÁNDEZ, Borja, GUTIÉRREZ CUENCA, Enrique y HIERRO GÁRATE, José Ángel. Defensas costeras de la Guerra Civil Española en Cantabria. Los emplazamientos para cañón. Sautuola. 2013, nº XVIII, p. 307-316
MANRIQUE GARCÍA, Jose María y MOLINA FRANCO, Lucas. Artillería y carros de combate en la Guerra Civil Española. Tikal Ed. Madrid

PALACIO RAMOS, Rafael. El conjunto fortificado del Rastrillar: Pasado, presente y futuro. En: Actas de las XI Jornadas de Acanto (Laredo, 2 y 3 de octubre de 2011): Patrimonio Cultural de Catabria. Laredo: Federación Acanto, 2011, p. 53-59

PALACIO RAMOS, Rafael. Un Presidio Ynconquistable. Ed. Ayuntamiento de Santoña, Comisión de Cultura, 2004
Recomendaciones web:
Créditos fotográficos:
Para fotos aéreas:
Planos históricos:
Para el resto de fotografía son de autoría propia salvo:
Para los dibujos y diagramas todos son de autoría propia.

El Fuerte del Rastrillar (IV) El frente marítimo

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Seguimos con el cuarto capítulo del Rastrillar para centrarnos en las baterías costeras. Hablaremos tanto de las baterías de San Carlos y Santo Tomás – las que aún se conservan – como de la desaparecida batería de San Román y la inconclusa batería Nueva y proyectada en el proyecto de 1860. Esta batería Nueva al no terminarse no debió tener nombre alguno, por lo que el que haya decidido nombrarla así es meramente para poder diferenciarla de las demás evitando malentendidos.

Hagamos una pequeña introducción recordando las primeras estructuras que se erigieron en el monte. Rememorando el primer capítulo, vimos cómo la primera estructura levantada en el monte laredano fue el denominado Reducto de la Rochela en 1582. Parece ser que se debió levantar en el extremo de la punta homónima, por lo que se situaría justamente en donde hoy se encuentra la batería de San Carlos. Es lógico imaginar que con las sucesivas obras que se realizaron en la batería no quede rastro alguno del primitivo enclave, a lo que debemos añadir la pobreza de los materiales utilizados, más pensados para que se tratara de una obra provisional que permanente.

La siguiente estructura levantada fue la del castillo de San Nicolás ya entrado el siglo XVII. Este nuevo castillo -realmente otro reducto provisional- debió situarse mucho más próximo a la Villa de Laredo y pensado para defender más su puerto que la propia bahía. Para que los lectores puedan situarse, se encontraría en el lugar que hoy ocupa el mirador de la Caracola. Pero si alguien ha visitado el monte en alguna ocasión que no se piense que el enlosado es parte de los restos de este antiguo castillo. Las modernas losas de piedra son simplemente producto de obras de embellecimiento del lugar. Lo más seguro es que al tratarse de obras provisionales y por las continuas reformas de la zona a lo largo de la historia no quede ningún resto. A decir verdad tampoco podemos asegurar que estuviera situado en esta zona o más al noreste.

Pasemos a continuación a contar un poco sobre las cuatro baterías que nos atañen y que son las protagonistas de nuestro capítulo.

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Ortofoto de 2014 con la posición de las cuatro baterías
  1. Batería de San Carlos/San Miguel/San Gil
  2. Batería de Santo Tomás de Villanueva
  3. Batería de San Román
  4. Batería Nueva

 

Batería de San Carlos (También conocida como de San Gil o San Miguel)

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La historia de esta batería parece nacer con la primera construcción del monte. A mi juicio es la evolución natural del primitivo reducto de la Rochela. Sin embargo, autores como Palacio Ramos en su excelente libro sobre las fortificaciones en la Bahía de Santoña Un Presidio Ynconquistable, fecha su nacimiento en 1702 y lo identifica como Castillo Nuevo de la Rochela, diferenciándolo de un reducto anterior y situado más cerca de la villa y muelle.

Aunque no me considero ni mucho menos tan experto, creo que este reducto al que hace mención es el del antiguo Castillo de San Nicolás que quedó destruido tras el ataque francés de 1639. Por otra parte sabemos que nada más entrar el siglo XVIII se enlosó el castillo-reducto de la Rochela, y que después de estas fechas no parece haber más menciones a la misma. Por tanto y en definitiva me lleva a pensar que este nuevo Castillo de la Rochela no fue más que una obra nueva sobre el antiguo reducto que mejorara su efectividad.

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Detalle del plano de Luis de Langot de 1726 en su proyecto de unir las baterías laredanas mediante una muralla con cañoneras (en amarillo)

En 1726 ya se denominaba San Gil o San Miguel y se trataba de una obra de mucha mayor entidad que las obras anteriores al constituirse de una barbeta corrida rectangular, tinglado en la gola y un pequeño edificio a retaguardia. Aunque debía tener una capacidad notable de fuego artillero – unos 20 cañones – rara vez debía de estar en plena operatividad tal que, por ejemplo, en 1739 sólo montaba 6 cañones. En 1762 eran sólo 3 cañones de a 24 los que la defendían y ya había cambiado su nombre por la de Batería de San Carlos – en honor de Carlos III se presupone-

 

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Plano de Joaquín del Pino, 1763

En 1763 mantenía la misma disposición que en 1726, aunque su plataforma estaba enlosada y sus edificios se habían arreglado y mejorado, sustituyéndose el tinglado por un edificio para la guardia y otro para las cureñas y pertrechos. El pequeño edificio a retaguardia era usado como repuesto para la pólvora.

 

Las siguientes noticias que tenemos sobre la batería nos llevan al siglo XIX al realizarse varias obras de reparación en 1805. Posteriormente ya hemos visto cómo el monte fue ocupado por los franceses que reaprovecharon las baterías costeras en el nuevo complejo del Rastrillar. La batería de San Carlos entonces era un simple parapeto capaz para 6 piezas con un pequeño edificio a retaguardia.

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Plano y perfil de la batería con su forma actual y realizada en los años 60 del siglo XIX
  1. Entrada a la batería
  2. Explanada para la artillería
  3. Parapeto alto a barbeta
  4. Raíles para los marcos de artillería
  5. Escalera
  6. Plataforma y acceso al camino de la batería Nueva
  7. Polvorín

Fue el proyecto isabelino de 1860 el que daría a la Batería de San Carlos el aspecto actual. Aunque tenemos más que visto cómo muchas 104_3719de las obras planeadas en este proyecto no se realizaron, las baterías marítimas existentes sí que se reconstruyeron por completo. En el caso de San Carlos se realizó una batería a barbeta en línea recta que se curvaba en su extremo noreste y pensada para el uso de marcos altos de costa. Estaba construida con mampostería y rematada con ladrillos en sardinel. La batería a su vez estaba dividida en dos partes diferenciadas y separadas por una escalera que descendía a un pozo o fuente natural de agua. La zona situada a la derecha de la escalera sería en donde se situaría un total de 8 cañones con sus correspondientes marcos de costa. Aunque toda la

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Ortofoto de 2002

batería debía de estar enlosada, una ortofoto de 2002 nos descubre cómo este se había perdido en su mayoría, aunque se conservaban los raíles de al menos dos asentamientos artilleros y los restos de otros dos. 100_0077Las reformas posteriores han parecido respetar la disposición de estos raíles restituyendo el enlosado perdido por uno nuevo en el que se incluyen los carriles originales y las mesas de sillería.

 La zona situada a la izquierda de la escalera no parece tener indicios de que se montaran cañones al tener dimensiones reducidas y al tratarse de una zona de paso y camino de acceso hacia la batería Nueva inconclusa.

100_0088Finalmente, el conjunto se completaría con un pequeño polvorín situado a retaguardia y completamente mimetizado con el entorno. El pequeño edificio cuadrangular está constituido de gruesos muros y cubierto por una bóveda de hormigón de un metro de espesor. Estaba rodeado por un 104_3722pasillo perimetral y protegido  en dos de sus lados por un muro terraplenado y  los otros dos por el propio monte.

Siguió entrando esta batería en los planes de mejora del complejo del Rastrillar como el de  1882 ideado por Manuel Vallespín. Entre otras se pensó en la construcción de traveses huecos en los terraplenes para albergar locales a prueba, para así poder soportar un bombardeo en toda regla por parte de un hipotético atacante. Resta decir que ninguna obra se hizo más y durante todo el resto de su existencia hasta 1905 sólo estaría artillado por dos cañones de hierro rayados de 16 cm. montados en marcos Mod. 1857, irremediablemente superados y obsoletos. Para entender como era y estaba montada la artillería en la Batería de San Carlos recomiendo hechar un vistazo a esta entrada que redacté anteriormente.

Batería de Santo Tomás de Villanueva

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En la entrada a la batería podemos encontrarnos con este cartel que de manera erronea la identifica cómo batería napoleónica. Como vamos a ver, aunque fue usada por los franceses, ni fué construída por estos, ni su aspecto actual es resultado de obras napoleónicas.

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Detalle del plano de 1726 por Luís de Langot

Situada muy cercana a la anterior batería debió construirse en las primeras décadas del siglo XVIII, puesto que ya aparece en un plano de 1726 como parte de un proyecto de Isidoro de Verboom para mejorar el sistema defensivo del monte Rastrillar, limitado aún a las dos baterías de Santo Tomás y San Gil/San Miguel.

 En su origen era al igual que su compañera, una sencilla batería a barbeta con parapeto bajo y rectangular pero sin cubierto alguno para la artillería, aunque sí un pequeño tinglado para los sirvientes. Un detalle que nos indica la dejadez de la batería es que en 1739, si bien tenía 9 cañones, estos estaban sin montar por no haber ni tan siquiera cureñas para ellos.

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Plano de Joaquín del Pino, 1763

En 1762 se realizaron algunas mejoras como la sustitución del tinglado por un pequeño edificio permanente con dos estancias separadas, una para el repuesto de pólvora y la otra como cuerpo de guardia. Asimismo, la explanada para la artillería aparece enlosada y se instalan 6 cañones de a 24, supondremos que esta vez sí con sus cureñas.

 

Durante la ocupación francesa no debieron realizarse grandes obras, nada más que las necesarias para su reparación y mantenimiento, y fue reaprovechada al igual que lo haría su vecina.

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Plano de la batería con su forma actual y realizado en los años 60 del siglo XIX
  1. Entrada a la batería
  2. Explanada para la artillería
  3. Parapeto alto a barbeta
  4. Raíles para los marcos de artillería

Las nuevas noticias que tenemos de la Batería de Santo Tomás es, como no podía ser de otra manera, del proyecto de 1860 en la que se reconstruye por completo y dándole el aspecto 104_3704que tiene actualmente. Se trata de una sencilla batería a barbeta con parapeto preparado para marcos altos de artillería. Estaba construida totalmente de mampostería excepto el remate del parapeto que era de ladrillo con aparejo a sardinel. No se construyó ningún edificio auxiliar puesto que los pertinentes se construyeron en el camino de acceso a las baterías marítimas y que ya vimos en el segundo capítulo sobre este fuerte. En 1861 se pensaba montar un total de 10 piezas entre las que se encontraban 2 obuses de hierro lisos de 21 cm – bomberos de 9 pulgadas-. En una ortofoto de 2002 se aprecian los ocho asentamientos para cañones con los restos de los carriles de los marcos, y como sucedió en el caso de la

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Ortofoto de 2002

batería de San Carlos el enlosado actual respeta la disposición de dichos carriles aunque sin poder discernir que de original queda. En el extremo derecho el diferente enlosado parecería indicar la zona donde se ubicarían los obuses, sin e104_3702mbargo los obuses lisos montaban en los mismos marcos que los cañones, por lo que no hay que descartar que se hicieran obras en previsión de montar armas más pesadas de retrocarga y que necesitaban de marcos diferentes.

 No parece que se llegara a artillar nunca más esta batería desde su reconstrucción. Palacio Ramos nos señala que tanto en 1888 y en 1905 estaban montados 2 cañones de 16 cm. en las baterías costeras que son los que dijimos antes que seguramente se situarían en la batería de San Carlos, puesto que a finales del XIX la batería de Santo Tomás se hallaba tan deteriorada por los movimientos de tierra que habría que construirse un nuevo emplazamiento. También habían, eso sí, 6 cañones de 16 cm desmontados, quizás repartidos entre las dos baterías, aunque evidentemente sin ningún tipo de uso práctico. Tampoco debemos descartar que cada una de las baterías albergaran cada una un sólo cañón montado de manera simbólica.

* Recientemente he descubierto que los dos cañones de 16 cm estaban montados en la Bateria de Santo Tomás y no en la de San Carlos. Para evitar modificar en exceso la entrada, la dejaré tal cual la escribí originalmente pero con esta puntualización. Aunque el dibujo que en su día realicé se ha quedado erroneo, tampoco hay que descartar que necesitado el momento pudieran trasladarse los cañones y sus marcos desde Santo Tomás a San Carlos sin mayores complicaciones.

Batería de San Román

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Plano de Joaquín del Pino, 1763

La historia de esta batería es mucho más efímera que la de las dos anteriores. Construida en torno al año 1741 en el extremo nordeste del monte, era bastante más pequeña que sus hermanas. Se trataba de una sencilla barbeta rectangular y enlosada con un pequeño edificio usado como repuesto de pólvora al que se le adosaba un tinglado cubierto para guarecer las cureñas o a los propios artilleros. Se artilló fuertemente, pese a su tamaño, pues contaba con 4 piezas de a 24, aunque dicha potencia de fuego era una vez más una ilusión ya que en 1765 las cureñas estaban inservibles.

 A principios del siglo XIX aún sobrevivía esta batería, sin embargo no parece que los franceses llegaran a reaprevecharla por lo que literalmente desapareció.

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Ortofoto del Vuelo de Costas de los años 1989-91

Hoy en día no parece que queden restos aparentes de esta fortificación, ni tan siquiera su ubicación exacta. La posición más adecuada según las descripciones que tenemos sería donde actualmente se encuentra el mirador de la Rosa de los Vientos, que aunque se construyera literalmente encima, al no ser una obra agresiva, los restos de sus cimientos necesariamente deberían aún encontrarse debajo. Si observamos ortofotos anteriores a la construcción de dicho mirador podrían corroborarnos esta teoría al poder vislumbrar las formas que debió tener.

 

Batería Nueva

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Esta batería que nunca llegó a terminarse, merece la pena incluirse en su propio apartado al sobrevivir hoy en día, no tanto por sus restos sino claramente por su posición, así como parte de su camino de acceso desde la batería de San Carlos.

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Ortofoto del Vuelo de Costa de los años 1989-91 donde podemos notar el perfil de esta batería en el centro-izquierda de la imagen
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Ortofoto del Vuelo Interministerial de 1973-86. Rodeada en amarillo vemos la batería, tambien se aprecia claramente el camino de acceso, así como una estructura cuadrangular en mitad de la batería

Fue la única de las nuevas baterías del proyecto de 1860 que se empezaría y que debían acompañar a las de San Carlos y Santo Tomás. Sin embargo, como ya hemos dicho, no llegó a estar nunca operativa, y poco podemos precisar cuánto de su estructura llegó a terminarse. Lo que sí parece significativo es que aún en planos de finales del XIX aparezca dibujada. Debió de ser una sencilla fortificación a barbeta y preparada para marcos altos de artillería como sus dos compañeras. Aunque no debió construirse ningún edificio auxiliar resulta interesante que en la ortofoto de los años 70 se aprecia una estructura cuadrangular, que más tenuemente sigue apreciandose en la ortofoto de 2002. Al estar situada justamente en mitad de la batería – concretamente ocupando la explanada para la artillería- nos permite descartar que fuera construída como parte de esta, ya que hubiera limitado totalmente su operatividad y funcionalidad. Quizás pudiera tratarse de alguna estructura de las que se realizaron en la Guerra Civil. Desgraciadamente, al encontrarse esta batería en una zona de difícil acceso, añadido a los más que seguros movimientos de tierra, hace más que complicado su estudio y la limpieza de vegetación que permita arrojar más luz de lo que aún pudiera conservarse.

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Detalla del plano topográfico de 1885 realizado por el Cuerpo de Estado Mayor del Ejército

Y hasta aquí el recorrido por las baterías de costa que defendieron la bahía desde el siglo XVI hasta principios del siglo XX. Pero esto no supuso el fin de actividad de este fuerte, en el próximo capítulo finalizaremos este extenso recorrido de las fortificaciones de la Atalaya con un curioso epílogo.

El fuerte del Rastrillar (V) La Guerra Civil

El fuerte del Rastrillar (III) El frente de tierra

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Volvemos a la carga tras varias semanas de ausencia. Problemas técnicos con el ordenador que se han alargado más de lo que hubiera deseado han ido posponiendo la redacción y elaboración de esta entrada. Pero como no quería seguir alargando la espera y tampoco dejar a medias la descripción del Rastrillar, he podido recopilar algunos datos para al menos poder continuar. Por desgracia lo que no he podido recuperar aún son las fotos que tenía en mi archivo del Fuerte del Rastrillar, en su mayoría propias, por lo que es posible que esta entrada resulte algo parca en imágenes, viéndome en la obligación de buscar alternativas de diversa procedencia. Como ya indiqué en la primera entrada del Rastrillar, la bibliografía y los créditos fotográficos los redactaré en la última entrada sobre este tema.

Seguimos contando cosas de este fuerte. Aunque no tenía intención de que se fuera a alargar tanto ya vamos por el tercer capítulo y según estimo aún quedan otros dos. Así pues, espero que todos los que estén leyendo sobre el Rastrillar les esté resultando tan apasionante como a mi.

En este capítulo vamos a ver las obras del frente de tierra, aunque tengo que decir que en origen no pensaba hablar mucho sobre él. Si recuerdan una de las primeras entradas hice una pequeña introducción sobre algunos términos dentro de la fortificación moderna y puse como ejemplo el frente de tierra laredano. Pero me parecería injusto dejar esta parte tan importante del Rastrillar de lado. Repetiré muchas cosas de las que ya he contado en entradas anteriores, pero que me parecen necesarias para que los lectores no se pierdan en la narración y descripción de esta parte tan importante del complejo defensivo como es el frente de tierra. Pero seguramente alguno se estará preguntando qué es eso del frente de tierra.

Sencillamente, el frente de tierra era aquel sistema defensivo que en las fortificaciones costeras protegía de los ataques por tierra. Esto puede parece contradictorio, pero imagínense por un momento que un grupo de soldados hubiera podido desembarcar en las cercanías del fuerte, o que directamente el ataque viniera de tierra adentro. Las baterías de costa con sus cañones apuntando al mar se verían indefensas ante un ataque por la espalda. Por tanto la construcción de este frente de tierra se hacía inestimable para evitar la captura de unas baterías que podrían volverse fácilmente en contra de sus antiguos ocupantes. Tampoco hay que obviar la función defensiva del frente de tierra para la propia Villa de Laredo y su puerto, ya que, no olvidemos, que en el siglo XIX la población apenas ocupaba la extensión de la Puebla Vieja y los cañones de este frente apuntaban claramente a esta dirección.

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Detalle del plano francés de 1813

Ya vimos cómo entrado el siglo XIX el sistema defensivo del monte de la Atalaya lo conformaba tres baterías desperdigadas, y que fueron los franceses quienes agruparon todo en un complejo defensivo y racional. Las primeras obras fueron sencillas. Breuille proyectó una trinchera con terraplenes y camino cubierto, pero de escasa entidad, lo que atestigua el suceso de que el fuerte fue ocupado el 20 de septiembre de 1812 por tropas españolas. Duró poco esta situación, pues en enero de 1813 Laredo volvía a estar en manos francesas. Breuille optó por mejorar el sistema defensivo del frente de tierra, resultando un medio frente atrincherado dotado de merlones y explanadas de madera, foso, camino cubierto, estacada y rastrillo en la entrada. Según el plano de 1813 el frente de tierra debió extenderse por el oeste siguiendo la línea del monte. Como fueron obras provisionales no nos han llegado aparentes restos de estas fortificaciones de campaña, a lo que hay que añadir los movimientos de terreno. Aunque si observamos ortofotos anteriores a las obras del puerto nuevo y rehabilitación del conjunto quizás puedan observarse tenues líneas de aquel frente atrincherado por lo que no es de descartar que puedan quedar restos; también es posible que la imaginación quiera jugarnos malas pasadas y queramos ver cosas donde no las hay. Desgraciadamente lo inaccesible del lugar, al encontrarse al borde de los acantilados, dificulta cualquier estudio que pudiera hacerse al respecto.

 

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Ortofoto de 2005 comparada con el plano francés de 1813. Desgraciadamente el tamaño del mismo no me permite hacer un plano detalle con mayor resolución. No obstante, hay que advertir que no podemos tampoco tomar estos mapas como 100% correctos. Por ejemplo, cabe la posibilidad de que este frente atrincherado en el Oeste no se completara o que desde luego no tuviera tanta obra como el frente Sur, de mucha más importancia.

Poco cambió el frente de tierra en los años siguientes. En 1831 únicamente se realizarían obras de limpieza y mantenimiento y ya hemos visto cómo el ambicioso proyecto de 1860 quedó en agua de borrajas. Parece que se reconstruyó este frente de tierra respetando su trazado original, aunque viendo el declive de las defensas de la bahía de Santoña, esta reconstrucción bien pudo ser un eufemismo para reparación. El mismo proyecto contemplaba la instalación de 15 piezas de artillería de mediano y pequeño calibre que en 1864 ya había reducido su número a 11. La realidad es que no debió instalarse cañón alguno.

El último proyecto para reforzarlo fue en 1882 e ideado por Manuel de Villespín

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Ortofoto de 2010 del frente de tierra del Fuerte del Rastrillar. Curiosamente, aunque existen imágenes aéreas de 2014, se aprecian mejor los elementos en las de este año.

  1. Glacis
  2. Camino cubierto
  3. Plaza de armas – Revellín
  4.  Foso
  5. Base del puente levadizo
  6. Cortina/Muralla
  7. Baluartes
  8. Entrada de acceso

La imagen aérea nos permite apreciar la totalidad del conjunto del frente de tierra laredano, que por cierto nos ha llegado en un más que aceptable estado de conservación. El conjunto lo conforman el camino cubierto con su glacis defensivo, foso y muralla.

El camino cubierto era la primera línea de defensa y constituye un formidable ejemplo de lo que pretendía ser este tipo de fortificación, ya que sobre el terreno es apenas perceptible al ojo humano según subimos por el monte y nos acercamos al glacis. Es sólo cuando estamos sobre el camino cubierto cuando nos damos cuenta de su perfil. Este camino estaría complementado con otras obras defensivas tales como la banqueta que recorrería toda la línea y en donde los soldados podrían situarse para disparar mejor sus armas, así como estacadas de madera. Estos elementos no han soportado el paso del tiempo al deberse a circunstancias provisionales y al lógico abandono de la plaza. Otro elemento complementario que aparece en este camino cubierto es la plaza de armas que en el caso de Laredo funciona como revellín, pero que si nos ceñimos a la más estricta terminología militar es efectivamente una plaza de armas en donde poder llegar a colocar en caso de necesidad algunas piezas mayor de artillería en el camino cubierto. En el caso de Laredo estaba estratégicamente colocada para defender la entrada al complejo.

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Antigua imagen de Laredo desde el Rastrillar. Aunque podría parecer que en primer término se observara el foso y el camino cubierto, la amplitud del primero me hace pensar que la foto realmente esté sacada desde el glacis del camino cubierto.

El foso dotado de escarpa y contraescarpa se situaba justamente detrás del camino cubierto. En su origen debía tener unos 4 metros de anchura y con una altura en su contraescarpa de 3,5 metros. No debía ser en el ejemplo laredano una obra del todo efectiva, ya que en 1955 se hace eco de su poca altura, profundidad y anchura. No obstante, contaba con puente levadizo. Existe una pequeña estructura cuadrangular en la mitad de este foso que es probable que formara parte de la estructura de este puente o quizás los restos de un cuerpo de guardia que a modo de caponera protegiera al foso desde el interior.

A continuación, nos encontramos con el terraplén o muro donde se encontraba la entrada con rastrillo y la batería artillada del frente de tierra. Está compuesto de una muralla con dos baluartes de traza irregular. El situado más al este se encuentra justo al borde del acantilado, mientras que en el situado al oeste de la entrada, la cortina amurallada continua en descenso por la ladera. Tanto la cortina como los baluartes están revestidos de mampostería con sillares en las esquinas y rematados en un parapeto con talud de amplia inclinación. Este parapeto estaría completado con el adarve preparado para el asiento de las piezas artilleras, así como la banqueta para la infantería. La reconstrucción y refozamiento de esta parte con robusta piedra es en teoría lo único que se realizaría en la decada de los 60 del siglo XIX en esta parte del fuerte.

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Entrada al complejo del Rastrillar con su foso y la estructura cuadrangular de función dudosa.
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Detalle una vez más del plano de 1813 y del proyecto de 1860 con las baterías auxiliares rodeadas en rojo

Finalmente, existieron dos baterías auxiliares en el frente de tierra, ambas construidas por los franceses. La primera estaba situada al principio del camino de subida al fuerte y cabría pensar que su función era precisamente la de defender el acceso al monte. La segunda batería, que debió ser de consideración, estaba situada en la continuación del frente de tierra mirando al oeste para defender con sus fuegos cualquier acometida desde la playa de La Salvé. Aunque se trataba de una obra provisional, con explanada de madera y parapeto de tierra, estaba potentemente armada con tres cañones, aunque desconocemos el calibre. No es casualidad que en el proyecto de 1860 se planearan sendas baterías en estos puntos como complemento a las defensas del frente de tierra. Sin embargo, después de la Guerra de la Independencia, estos puntos se abandonaron y nunca más se hizo obra alguna.

 

 Para ir concluyendo la entrada resulta curioso que pese a que estuvo siempre presente en todos los proyectos de mejora, el frente de tierra laredano nunca llegó a estar artillado más allá de acabar la Guerra de Independencia. No obstante, es uno de los elementos más reconocibles del fuerte del Rastrillar y nos ha llegado en un considerable buen estado de conservación, lo que habla de las bondades de su construcción y pese a que las obras finales del proyecto de 1860 fueran muchísimos más modestas de todo lo que se planeó.

Y hasta aquí damos por finalizada la entrada, un poco tardía, sobre el frente de tierra. Continuaremos con el análisis del frente marítimo con las baterías costeras.

El Fuerte del Rastrillar IV. El frente marítimo