Batería de San Antonio de Padua

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Hay sitios que siempre huelen a pólvora. Tal es el caso de un rinconcito de Santander, un saliente rocoso en donde hoy por suerte visitantes más pacíficos disfrutan del acogedor lugar. Si recuerdan la entrada en las que di unas breves pinceladas sobre los nidos de ametralladoras de Santander, uno de ellos todavía se conserva en este lugar, sin embargo más de 200 años atrás el hombre ya se había atrevido a fortificar esta masa rocosa. Me estoy refiriendo a los Jardines de Piquío y hoy vamos a conocer la antigua y desaparecida Batería de San Antonio de Padua. Evidentemente las numerosas reformas que han sufrido estos jardines han hecho desaparecer casi con toda seguridad cualquier rastro de esta sencilla batería y sólo hoy el silencioso nido de ametralladoras nos recuerda el pasado militar de este peñasco que divide las playas del Sardinero.

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Ortofoto de 2014 con la situación de Piquío entre las playas del Sardinero

Su historia comienza en 1702, cuando el Corregidor de las 4 Villas -San Vicente de la Barquera, Santander, Laredo y Castro Urdiales- Capitán de Caballos Corazas Andrés de Mieses Alvarado decidiera por su cuenta y riesgo, y sin contar con el permiso de los Consejos de Guerra e Indias, la construcción de una serie de trincheras y reductos de campaña que cubrían todo el litoral santanderino desde Cabo Menor hasta la península de la Magdalena. Entre estos reductos se encontraba, entre otras de las que esperemos poder hablar en otras entradas, la ya descrita Batería de Cabo Menor y nuestra protagonista Batería de San Antonio de Padua. Este hecho, que ya describimos en la entrada de la Batería de Cabo Menor, dio lugar a que el 6 de Enero de 1703 el propio Consejo de Guerra ordenara la paralización de todas las obras tras haber recibido los informes de lo hecho y, sobre todo lo que debió doler más, lo gastado.

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Situación de la batería de San Antonio sobre los Jardines de Piquío

Sin embargo el Corregidor debió conseguir convencer en parte al Consejo de la Guerra y al propio soberano -un agonizante Carlos II- de la necesidad de tales obras de fortificación ante el clima de guerra que se vivía en ese momento. A cierto acuerdo debieron llegar cuando el Corregidor encargó un estudio del estado de las defensas de Santander y las obras que se necesitarían realizar para poner a punto fuertes y baterías. La batería de San Antonio no se vió beneficiada por el estudio ya que sólo se realizaron obras en las baterías de San Martín y La Cerda, el castillo de Hano y de la batería de la Peña, siendo esta última la única de las de nueva planta en la que se intervino.

Pasaron así los primeros años del siglo XVIII para nuestra batería, que aunque a medio construir, tampoco debía ser de mucha entidad, tratándose de una mera fortificación de campaña a barbeta de tierra, reforzada por medio de fajinas si acaso.

La década de 1720 supuso para Santander el establecimiento de los Reales Astilleros de Guarnizo en sustitución de sus antiguos astilleros, lo que supondría un impacto de gran calibre en la pequeña localidad. La presencia de tan importante enclave que vería nacer navíos tan imponentes como el Real Felipe, de tres puentes y 114 cañones, debería haber supuesto un aliciente para la mejora de las defensas santanderinas, pero poco o nada se hizo. De hecho sólo las baterías de San Martín, La Cerda y Hano estaban en servicio.

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Plano de 1726 relizado por Langots con los perfiles de la Batería de San Antonio

En 1725 llegó el Ingeniero Director Louis de Viller de Langots, comisionado para ocuparse de poner a punto las defensas costeras de Cantabria. Un año después la llegada del Ingeniero Jefe Isidro de Verboom que acompañaría a su superior Langots, parecía suponer un impulso definitivo al deprimente estado de las fortificaciones costeras de Cantabria, pero como ya hemos visto en varias entradas, sabemos que poco pudieron hacer, aunque no dejaron de realizar una labor encomiable y dejándonos, eso sí, bastantes proyectos y planos del estado de las fortificaciones de por entonces. Nuestra Batería de San Antonio estaba presente en estos proyectos de mejora, que incluían el cerramiento de su desprotegida gola, la recomposición de sus parapetos y su revestimiento con sillería. Debido a que era prioritario reducir costes, sólo se ordenó reforzar los parapetos mediante fajinas, a todas luces insuficiente. Sin embargo se levantaron los planos pertinentes con el estado de las baterías y de las obras convenientes a realizar. En el plano conservado de San Antonio observamos la presencia de un pequeño edificio anexo al parapeto con 6 cañoneras, reforzadas por una base de sillería. No sabría afirmar con rotundidad si dicho edificio se encontraba ya construido anteriormente al levantamiento del plano, o si por el contrario se trataría de obras a realizar junto al parapeto de sillería. Siendo cierto tanta una opción como otra, la verdad es que dicho edificio sí debió construirse en algún momento de la década de los 20 bajo las órdenes de Langots, ya que nos lo encontraremos reflejado en planos del mismo año y posteriores.

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Detalle del plano de Santander de 1726 con las baterías de San Antonio (F) y San Juan (E). Lo coloreado en amarillo correspondería a las obras a realizar.

El primero de estos planos realizado por el propio Langots como hemos dicho es coetáneo al anterior. En este plano, que ya hemos tenido la ocasión de mostrar en la entrada de Cabo Menor, aparecen reflejadas de manera impecable el estado de las baterías de Santander y de las obras a realizar. La batería de San Antonio aparece con su sencillo edificio, pero con su parapeto de piedra como obra pendiente. En otro posterior y presumiblemente de 1730, San Antonio vuelve a aparecer con su edificio y su parapeto de 6 cañoneras.

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Plano de Santander y sus defensas de 1730

En 1749 el Ingeniero Ordinario Capitán Pedro Bordán fue ordenado para estudiar el estado de las fortificaciones y las obras pertinentes y necesarias. El estado general de la defensa costera cántabra debía ser deplorable, ya que únicamente hace mención favorable a la Batería de San Felipe de Santoña, encontrándose el resto en ruinas y abandonadas a su suerte. Sólo en Santander 26 eran las obras necesarias a llevar a cabo. Estas se prolongaron durante años, y como viene siendo habitual se realizarían en parte. Bien parada sale nuestra batería de San Antonio dado que en 1752, Bordán establece que debe ser una de las baterías a conservarse y repararse, aunque sólo afectarían a obras de consolidación de la estructura existente. Un año después era la fecha prevista para comenzar las obras en la batería, incluido el artillado con 6 piezas, para poder ponerla así en estado de defensa, pero la falta de fondos pospuso las obras. Finalmente no se llevó a cabo ejercicio alguno, y en 1755 de las baterías del Sardinero sólo se optó por reparar las de San José y San Francisco; empezaba el lento declive de la fortificación.

En 1763 llegó a Cantabria el Ingeniero Ordinario Joaquín del Pino junto al Teniente de Artillería Santiago de la Roza. La estancia de del Pino fue crucial para la fortificación cántabra, ya que no sólo traía una Real Orden para poner en óptimo estado de defensa las

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Plano de Santander de 1765 por Joaquín del Pino

abandonadas fortificaciones, sino que además levantó numerosos y excelentes planos de los fuertes y baterías en los que debía intervenirse. Aunque las obras finales se volvían a limitar a la reparación y consolidación de muros, parapetos y cubiertas, desgraciadamente para San Antonio, Del Pino no estimaba conveniente la inversión en esta batería, siendo la de San Juan la única de las del Sardinerno en repararse. Esto era debido a que del Pino era de la opinión de que la mayoría de estas baterías del Sardinero eran innecesarias y perfectamente desechables. En 1765 de éstas sólo siguieron en activo las de San Francisco en el extremo oeste de la playa y la de San Juan Bautista muy cercana a la de San Antonio que tuvo que ceder su artillería a su vecina.

Finaliza por tanto aquí la historia de la batería de San Antonio tras 63 años de servicio, si bien no debió estar apenas breves periodos de tiempo en óptimas condiciones. En planos posteriores a 1765 ni siquiera se menciona como arruinada y desaparece de los mismos,  por lo que debió abandonarse por completo. Mucho tiempo después, ya entrado el siglo XX se adecuaría la zona para uso público, lo que con toda seguridad haría desaparecer los exiguos restos que pudieran haber sobrevivido. La roca de Piquío, que en los mapas aparece como Punta del Rastro, como vimos, volvería a fortificarse con un nido de ametralladoras, pero corría el año 1937 y ya hemos tenido ocasión de contarlo. Después de la Guerra Civil la zona se transformó en los Jardines de Piquío y  de nuestra batería de San Antonio sólo nos queda el recuerdo.

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Vista de Piquío desde la 1ª Playa del Sardinero en 1880. Sólo se vislumbra la explanada de la batería reformada para su uso público. El edificio ha desaparecido, y no parece quedar mucho rastro del parapeto, aunque quizás parte de los materiales fueran reaprovechados para la construcción del primitivo mirador.

Desde un punto de vista morfológico, el aspecto de esta batería únicamente evolucionó de un simple parapeto de tierra a una estructura ligeramente más elaborada, pero a todas luces insuficiente para presentar una defensa efectiva. El aspecto que presentaba según los planos de 1726 fue la definitiva y así se mantendría, hasta su abandono, en términos generales. Aunque como hemos visto la dejadez y falta de fondos hicieron que unicamente la base de piedra del parapeto nunca llegara a realizarse y mantuviera sus cañoneras en malas condiciones durante casi toda su corta existencia.

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  1. Edificio. a-Cuarpo de Guardia. b-Repuesto de pólvora. c-Tinglado/Cubierto de cureñas
  2. Explanada para los cañones
  3. Parapeto
  4. Cañoneras de tierra
  5. Murete de tierra

Se trataba de una batería sencilla, de planta trapezoidal y abierta por la gola. El parapeto estaba provista de 7 cañoneras, tres de ellas en el frente y esquinas, una en su lado derecho y dos en su lado izquierdo, estando estas tres últimas preparadas para batir las playas 1º y 2ª del Sardinero. No pudiendo afirmar si la base llegó a reforzarse en piedra, la mayor parte de dicho parapeto era de tierra, si acaso reforzado por fajinas cuando las circunstancias los permitieron. De ambos lados del parapeto continuaba un pequeño murete de tierra que contorneaba toda el saliente de Piquío y que enlazaría con las baterías más próximas, a su izquierda la de San Juan y a su derecha la de San Fernando. La batería quedaba complementada con un pequeño edificio rectangular con tejado a dos aguas, ocupando la mitad posterior dos estancias, una de pequeñas dimensiones como repuesto para la pólvora y otro de mayor tamaño que actuaría de cuerpo de guardia. La otra mitad se encontraba abierta a la propia batería, tratándose de un simple tinglado como cubierto de las cureñas.

En cuanto su artillado, en 1726 aparece en el plano de Langots con 3 cañones de a 24 y dos de a 10, aunque es posible que esa fuera la dotación requerida para su óptimo servicio. En 1740, por el contrario, estaba desartillada, y en 1753 se requería el envío de 6 cañones para San Antonio, aunque no podemos certificar el número, algunos de estos cañones sí que llegarían a montarse en San Antonio, pues como hemos comentado anteriormente, en el momento de su definitivo abandono se encontraba artillada por 4 cañones de a 18 -aunque sólo uno era útil-  que serían finalmente trasladadas a la batería de San Juan.

Para finalizar, un sencillo trabajo en 3D que he realizado. Ya conté en la entrada anterior que había empezado trabajar en Blender y para esta ocasión os dejo el diseño de la Batería de San Antonio y cómo debía verse aproximadamente una vez se llevaran a cabo las obras proyectadas por Langots y Verboom. Disculpen eso sí los numerosos fallos que pueda tener, y es que acabo de entrar en el mundillo 3D y como se dice, Roma no se hizo en un día.

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Como veis la he representado con dos cañones de 24 libras y uno más pequeño de a 10. El principal fallo que he tenido al representarla es sin duda las cañoneras de tierra que no he sabido cómo hacerlas mejor, al menos por el momento. Por su parte los cañones no son míos, su autor es Enrique Fernández (https://www.cgtrader.com/enrique_fernandez) y lo descargué como objetos independientes de una página de modelos 3D con software gratuito; no son del todo exactos a los cañones españoles del siglo XVIII, pero eran los más fieles que había podido encontrar en descarga libre. Con el tiempo espero incluso poder hacer diseños propios de los cañones y cureñas que representen fielmente a los que se instalaron en las baterías cántabras. Aun así espero que les guste.

Creo que ha sido un sencillo y más que digno recordatorio a esta modesta batería. Como siempre me despido con la bibliografía y los créditos de las imágenes correspondientes.

Bibliografía:

  • PALACIO RAMOS, Rafael, Las fortificaciones de la edad moderna en Cantabria, un esquema orientado a la defensa costera, Castillos de España 161-162-163, Madrid 2011, pp. 93-106
  • PALACIO RAMOS, Rafael, El Corregimiento de las Cuatro Villas, paradigma del complicado proceso de racionalización de las fortificaciones costeras a lo largo del siglo XVIII, Revista de Historia Militar 102, Madrid 2008, pp. 67-96

Para las imágenes:

Para imágenes aéreas

Planos y mapas:

  • bibliotecavirtualdefensa.es

Imágenes antiguas

Las imágenes del modelo 3D son de autoría propia tras el proceso de renderizado del modelo 3D en Blender, también de autoría propia

Batería de Cabo Menor

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Después de haber tratado de manera extraordinaria una fortificación terrestre, volvemos al elemento natural del blog. Regresamos a visitar la bonita ciudad de Santander para conocer la historia de un enclave fortificado desde el siglo XVIII y de los que nos quedan algunas piedras que han visto guerras, incendios y hasta la construcción de un campo de golf a sus espaldas que afortunadamente respetó aquellos exiguos restos

Cuando hablamos de los nidos de ametralladoras destacamos que la evolución de la línea costera de la ciudad, vio desaparecer gran parte del entramado fortificado que defendió Santander. De todo lo construido hasta el siglo XIX únicamente son apreciables los restos de la Batería de Sandoval y los de nuestra protagonista de hoy, la Batería de Cabo Menor y situada en la punta homónima. Desde luego su afortunada localización, alejada del casco urbano y de la línea de playa, ha sido la razón principal que ha permitido que parte de su estructura haya sobrevivido a tantos avatares de la historia.

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Situación de la Batería de Cabo Menor en el cabo del mismo nombre al Norte de Santander

No es ciertamente la del Cabo Menor una fortificación relativamente antigua, puesto que cuando empezó su construcción Santander ya contaba con varias baterías y castillos para la defensa de su costa y de su puerto, pero sobre todo para defender los Reales Astilleros de Guarnizo establecidos en 1581. Su nombre aparece por primera vez en el año 1702 en un proyecto llevado a cabo por el entonces corregidor Andrés de Mieses. Tal proyecto, destinado a mejorar la defensa de Santander por el Norte era toda una serie de trincheras y reductos desde el Cabo Menor hasta la Magdalena y cuyo propósito era evidentemente la de defender la ciudad de un posible asalto anfibio en las playas del Sardinero. Esta serie de reductos, entre los que se encontraba uno en Cabo Menor denominado de San Matías, no eran más que simples parapetos de tierra reforzados con estacas de madera. Curiosamente el Consejo de Guerra ordenó el cese de las obras, aun habiéndose comenzado, pues no había sido previamente informado del proyecto. Por tanto Santander se encontró con una serie de estructuras endebles y que ni tan siquiera contaba con los edificios mínimos para un buen desempeño bélico, como almacenes o cubiertos para la artillería.

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Plano de la Batería de Cabo Menor tal y como era en 1726 y atribuido a Langots

Tal era el estado de estos reductos que en 1715 eran del todo inservibles, por lo que en 1719 tuvieron que volverse a levantar. Seguramente por esos años debió construirse el primer edificio de la Batería de Cabo Menor, un pequeño repuesto con tejado a un agua y dividido en dos estancias de reducidas dimensiones. La forma exacta de esta primitiva batería lo podemos saber gracias a un plano levantado en 1726, en el que aparte del edificio podemos comprobar cómo la fortificación estaba dotada de un parapeto terrero dotado con cañoneras. Un año antes el Brigadier e ingeniero director Louis Viller Langots fue comisionado para llevar a cabo la tarea de poner a punto las defensas costeras de las Cuatro Villas – San Vicente de la Barquera, Santander, Laredo y Castro Urdiales – y seguramente fuera el autor de la traza del plano, en la que se vislumbran también las trazas de un proyecto  que se levantaría en Cabo Menor y que sustituiría a la sencilla estructura que allí se encontraba. De este proyecto de los que existieron dos versiones que se diferenciaban en la posición y forma de los edificios interiores y de los cuales también se realizaron planos adicionales y detallados. Estos diseños atribuidos también a Langots fueron realizados conjuntamente con el ingeniero en jefe Coronel Isidro Verboom y que había sido destinado a Santander un año después de Langots. Evidentemente ninguno de los proyectos llegaron a ver la luz aunque sí debieron realizarse algunas obras menores como la reparación y reforzamientos de los parapetos mediante fajinas -haces de ramas delgadas y apretadas

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Plano de los dos proyectos alternativos de 1726 para Cabo Mayor y atribuidos a Langots. Podemos ver la forma de herradura de caballo rodeado de foso con el frente marítimo con cañoneras y un frente de tierra abaluartado para proteger la gola de la batería de un posible golpe de mano. En su interior estarían situados los edificios correspondientes al Cuerpo de Guardia y el almacén de pertrechos y cureñaje. La batería estaría preparada para acoger 12 piezas de artillería de a 24 y 18 libras.

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Interesante plano de 1726 remitido por Verboom donde se ve el estado y proyectos realizados de las defensas marítimas de Santander.

No fue el único proyecto ya que entre 1730 y 1740 nos encontramos un nuevo diseño llevado a cabo esta vez por el ingeniero y Coronel Leandro Bachelieu. Una vez más en el plano y bajo el dibujo del nuevo diseño nos volvemos a encontrar el aspecto en el que se debía encontrar la batería en ese año y en donde apreciamos notables diferencias. Ya que es probable que ni Langots ni  Verboom hicieron nada más que obras de reparación, seguramente estas pequeñas mejoras se terminarían en 1739 y con motivo de la Guerra del Asiento -o de la oreja de Jenkins-  con  Inglaterra. Aunque la estructura general de la fortificación permanecía igual en lineas generales, el parapeto fue reforzado con tierra y prolongado hacia el este y donde se abrieron cinco cañoneras más en un nuevo emplazamiento que defendieran directamente la ensenada del Sardinero por la Playa de los Molinucos, destacando la colocación de plataformas de madera para los cañones. No obstante, estas mejoras y el segundo emplazamiento ya aparecen reflejadas en un plano de 1726 remitido por Langots, aunque nos inclinamos a pensar que fueron obras que se pospusieron y alargaron en el tiempo hasta construirse finalmente en 1739.  Fueron estos unos años de gran actividad fortificadora en la ciudad de Santander, sin duda por el impulso que se dio a los astilleros de Guarnizo – Real Fábrica de Bajeles de Guarnizo – en los que se había vuelto a ver una frenética vuelta a la actividad en detrimento de los astilleros de Santoña.

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Plano levantado en la década de los 40 del siglo XVIII. En este caso el proyecto sigue la mismas pautas que los anteriores pero de mayor tamaño. El reducto final se trataría de un potente fuerte capacitado para 12 cañones de a 24 y 2 de a 8 y dotado de cuarteles para la tropa, almacenes de pólvora cureñaje pertrechos y víveres e incluso un aljibe.
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Dibujo, quizás algo idealizado, de cómo debía ser la batería a mediados del siglo XVIII

Durante la segunda mitad del siglo XVIII no sólo no se realizó mejora alguna, sino que siguió descuidándose la posición. Curiosamente la batería seguía estando presente en todos lo informes que sobre las defensas santanderinas trataban, aconsejando siempre ponerla a punto. En el año 1762 el estado de la batería debía ser lamentable ya que no contaba ni tan siquiera con plataformas para los cañones, y sus edificios se encontraban sin cubiertas. Tal era su estado que el Capitán de Ingenieros Tomás de Rojas, después de inspeccionar el estado de las defensas de la ciudad, estimaba oportuno desechar la posición, además de encontrarse en su opinión ineficazmente localizada. Sin embargo, un tal Miguel Marín, miembro de la Junta de Fortificación, argumentando que si bien muchas de las baterías del Sardinero habrían de desecharse, la Batería de Cabo Menor debía seguir en activo, motivo por lo que por fin se llevaron a cabo obras de reparación, eso sí, más que lo justo y necesario.

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Plano de la Batería de Cabo Menor en 1763 por Joaquín del Pino

Sin embargo, en 1763 fue Joaquín del  Pino, tras sustituir a Rojas, el que llevó a cabo la primera gran remodelación de la batería. Conjugando algunas de las ideas que tuvo Rojas para la Batería de Cabo Menor, eliminó las cañoneras del parapeto y situó un pequeño emplazamiento auxiliar situado al sudeste de la batería principal más cercano al acantilado que sustituiría al anterior. Además se enlosó la plataforma artillera con losas de sillería y se adecentaron y ampliaron las estancias para la guarnición, pues la batería ya contaba con un repuesta para la pólvora, cuarto para el oficial y cuerpo de guardia para la tropa, que en caso de necesidad podría usarse como almacén para la artillería y el cureñaje. La posición en su conjunto estaría capacitada para albergar 10 cañones, 8 de 24 libras en la batería principal y otras dos de grueso calibre en la plataforma auxiliar.

En los años posteriores parece que no debieron realizarse obras de mayor importancia, las necesarias para mantenerla minimamente en operatividad  y únicamente podemos decir que las baterías santanderinas se reforzaron con el envío de 20 cañones de 8 libras, si bien no podemos asegurar cuántos de estos estarían destinados a Cabo Menor, ni el número de cañones y calibres que había ya instalados.

Llega el siglo XIX sin que la batería vea cambios en su fisionomía; lo que sí había cambiado era su estado, que volvía sufrir la dejadez y languidecía a su suerte esperando reparaciones que nunca llegaban. Tal era su estado que en pocos años los edifcios habían sufrido tal deterioro que necesitaban  ser reconstruidos. El Oficial de Ingenieros, Sargento Mayor del Arma Juan Giraldo, encargado de las defensas del cantábrico de ese momento, urgió la necesidad de centrar la atención a las baterías de Cabo Menor y San Pedro del Mar. Parece ser que el mismísimo Godoy mandó una partida monetaria para el reparo de las baterías, aunque no sabemos si llegó a realizarse alguna mejora. Lo que sí debió realizarse fue una ampliación o adecentamiento del edificio existente durante la ocupación francesa posterior.

Tras la Guerra de la Independencia Cabo Menor no fue ajena a la inestabilidad general del país, aunque en 1819 debía de estar plenamente operativa. El ingeniero José Parreño y Pastor levantó nuevos planos de la batería y llevó a cabo obras de cierta consideración. La superficie de la fortificación había aumentado y las dependencias habían sido bastante adecentadas; se dotó a la batería de un pequeño foso defensivo y los parapetos de la barbeta se levantaron un metro y medio de altura. En algún momento también debió construirse un segundo emplazamiento auxiliar al norte, en este caso para defender la ensenada de Mataleñas.

Poco duró esta situación, pues en 1825 sus explanadas y parapetos estaban deteriorados y la batería se encontraba completamente desartillada.

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Restos del tambor aspillerado

Fue en 1834 y con motivo de la I Guerra Carlista  la razón por la que se volviesen a realizar obras en la batería para ponerla a punto. Fue la obra más radical llevada a cabo en la batería y que supuso la incorporación de un tambor aspillerado para proteger la entrada de la batería y hostigar con fuegos de fusil cualquier desembarco que pudiera realizarse en la playa. Asimismo se abrieron aspilleras para fusilería en las dependencias y se levantó la altura de sus muros, así como se repararon explanadas, parapetos e incluso el foso.

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Detalle del plano de 1847 de Santander y levantado sobre uno anterior de 1837 porr José Mathé
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Detallo del plano de 1870 de Santander levantado por José Peñaredonda. Suponemos que la batería ya se habría abandonado pues aunque aparece dibujado no se nombra su posición

Nada más se hizo en Cabo Menor, por tanto los restos que se conservan corresponden a estas últimas obras, si bien hubo dos últimos proyectos, concretamente en 1869 y en 1904, para sustituir la batería que evidentemente no se llevó a cabo en ninguno de sus términos. El de 1869 se trataría de un gran fuerte acasamatado suponemos similar a todos los de este tipo proyectados en la época y de los que sólo se llegaron a construir los de San Carlos y San Martín de Santoña; el de 1904, por su parte, fue un proyecto del Coronel de Ingeniero Francisco Roldán que proponía la construcción de una batería capaz para un total de seis piezas, cuatro cañones de 21 cm y dos cañones de acero de tiro rápido del tipo Nordfelt de 57 mm. Como curiosidad apuntaremos que si bien Palacio Ramos describe las piezas mayores como cañones de acero de tiro rápido, las únicas piezas de acero en servicio y de ese calibre eran cañones Krupp muy escasas y raras en las fortificaciones de costa españolas, por lo que lo más seguro es que realmente se pensaran en cañones de hierro entubados y sunchados Ordoñez Mod. 1891 de 21 cm. o que exista un error en el calibre y se trate efectivamente de piezas de acero de tiro rápido, pero de 15 cm. modelo Munaiz Arguelles L/45, que fueron bastante comunes en la defensa de costa española y reglamentarios justamente desde un año antes al proyecto.

bandicam 2016-07-03 17-03-16-306Una ortofoto aérea de la batería nos permite identificar su planta perfectamente, por lo que pese a su escasos restos, aún conservamos las líneas maestras de cómo fue esta batería en su última etapa y que realmente no fue más que una evolución de su estructura original a la que simplemente se le fueron agregando diversos añadidos, pero que no cambiaron apenas las líneas que ya presentaba en el momento de su construcción.

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  1. Explanada para la artillería
  2. Parapeto a barbeta
  3. Cuerpo de Guardia para la tropa. Seguramente construido en 1763 en la reforma de Joaquín del Pino y que originalmente también se usaría como almacén
  4. Cuarto para el Comandante. La evolución de éste junto al extremo del Cuerpo de Guardía partían del primer y primitivo edificio de la batería de la primera mitad del s.XVIII
  5. Almacén de cureñaje y pertrechos. Añadido en las dos primeras décadas del s.XIX
  6. Repuesto de pólvora. Añadido en las dos primeras décadas del s.XIX
  7. Tambor aspillerado. Añadido en 1834
  8. Entrada a la batería
  9. Batería auxiliar con parapeto a barbeta. Realizado en 1763 sobre un anterior construido entre 1726 y 1739.
  10. Batería auxiliar, suponemos que con parapeto a barbeta. Construida en la década de los 20 del s.XIX
  11. Parapeto para proteger el camino de la batería principal a la auxiliar
  12. Pequeño foso

En cuanto al artillado es difícil establecer una cronología ya que no parece haber muchos datos al respecto.

  • 1719-1726  Estaba preparada para albergar 6 piezas de artillería
  • 1726 Estaba preparada para albergar 13 cañones de 24 libras, aunque desconocemos si eran los montados o simplemente los que podía tener.
  • 1763 Estaba capacitada para albergar 8 cañones de 24 libras y 2 de grueso calibre
  • 1723-1724 El conjunto de las baterías santanderinas estaban artilladas con 35 piezas entre las que se encontraba la de Cabo Menor
  • 1725 Estaba preparada para albergar 6 piezas de artillería aunque se encontraba desartillada.

Y llegamos al final de esta entrada lanzando un modesto alegato a favor de la conservación de esta batería, que es tan parte de nuestra historia como de la de Santander. Sin tener el porte de la Catedral, ni el simbolismo de la Grúa de Piedra, ni el glamour del Palacio de la Magdalena, bien merecen sus piedras seguir resistiendo al tiempo.

Bibliografía:

Palacio Ramos, R. (2007). El Corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa del Mar, paradigma del complicado proceso de racionalización de las fortificaciones costeras a lo largo del siglo XVII. Revista de Historia Militar, (102), p.67-97

Palacio Ramos, R. (2010-2012).  La Batería de Cabo Menor en Santander: Historia y potencial arqueológico.Sutuola, (XVI-XVII), p.333-342

Las imágenes y dibujos son de autoría propia, salvo:

Planos:  http://bibliotecavirtualdefensa.es

Imágenes aéreas:  http://mapas.cantabria.es  y  Google Earth

Un castillo en San Miguel de Aras

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Ésta será una entrada especial. De manera excepcional vamos a dedicar una entrada a una fortificación que no se encuentra en la costa. Los lectores se preguntarán el porqué o si quizás me haya decidido por incluir otro tipo de fortificaciones en el blog. Nada más lejos, la redacción de esta entrada se debe a un motivo claro y es que San Miguel de Aras es el pueblo de la mayor parte de mi familia. Hace unos días una enfermedad se llevó la vida de un familiar cercano que pasó muchos días de su infancia subiendo al Monte Castigo, cima que aún alberga restos de una antiquísima fortaleza. Esta es mi manera de rendirle homenaje, puesto que a las ruinas del Castillo del Castigo se le unen ahora el recuerdo de mi tío.

San Miguel es una pequeña población enclavada en el bello Valle de Aras y que junto a otras localidades conforman la Junta de Voto. El valle de origen kárstico se halla poblado de numerosas cuevas, algunas con pinturas rupestres, pequeñas iglesias, palacios señoriales y casonas de indianos. La montañas encierran al valle a modo de circo abierto únicamente al norte donde se abre a la bahía de Santoña, por lo que históricamente La Junta de Voto estará ligada de manera casi indisoluble con las importantes poblaciones costeras de Santoña y Laredo, de sobra conocidas en este blog por sus fortificaciones costeras.  Si recuerdan, los certeros disparos de la Torre de Treto disuadieron a las huestes de Henri d’Escoubleau de Sourdis -Arzobispo de Burdeos- saquear la Junta de Voto tras hacerlo en Laredo y Santoña.

Pero la fortificación que nos ocupa es mucho más antigua a estos hechos y con una función muy distinta. De hecho es bastante probable que cuando se produjo el ataque del Arzobispo el castillo de San Miguel de Aras se encontrara ya sin uso y en ruinas.

1531850_1147064931972836_6302772149399692180_nEste castillo, del que aún quedan unas escasas ruinas, se levantó en la cima del icónico Monte Castigo, una montaña cónica que a modo de inselberg se levanta en San Miguel de Aras y desde cuya cima se observa todo el valle e incluso las poblaciones de Colindres, Laredo y la peña del Buciero en Santoña. Tipológicamente estamos hablando de un genuino castillo roquero altomedieval de los que abundaron por toda Cantabria.

La primera persona que lo dio a conocer tras siglos de olvido fue el Padre Carballo -principal impulsor para la creación del MUPAC e inaugurado en 1926 -, aunque de manera errónea lo identifico como un castro preromano con elementos posteriores de un asentamiento romano. Fermín de Soja y Lomba, militar e historiador y primer presidente del Centro de Estudios Montañeses, quizás movido por las indicaciones del Padre Carballo, lo identificó como una turris defensiva romana. Fue el arqueólogo Ramón Bohigas el que confirmó definitivamente que las ruinas que se encontraban en lo alto del Castigo eran las de un antiguo castillo altomedieval y cuya construcción habría que situarlo entre los siglos VIII y XI, quizás ampliable hasta el siglo XII.

Desgraciadamente todos los estudios realizados sobre este castillo, y que podríamos ampliar a la mayoría de las fortificaciones altomedievales de Cantabria, han sido hechos de manera somera, con prospecciones superficiales y sobre todo realizadas hace demasiado tiempo y con un rigor más que dudoso propio de la época en las que fueron realizadas,  por lo que resulta muy difícil establecer una cronología absoluta. Tampoco el compararlo con otros castillos de similares características nos puede servir de ayuda, ya que por ejemplo los más cercanos como el Castillo de Montehano es muy posterior – perfectamente datado en el siglo XIII- o los vestigios del Castillo de Maza Redonda en San Pantaleón de Aras apenas han sido estudiados estableciéndose una cronología altomedieval similar a la del Castigo, pero sin más datos.

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Cima del monte y lugar donde se ubicaba el castillo

La configuración arquitectónica de este castillo sigue la misma pauta que otras fortificaciones levantadas sobre montes cónicos, como las de Peña Castillo en Cudeyo o el Castillo del Pico Visperes. El baluarte se levantaba sobre una plataforma allanada

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Piedra con marcas

artificialmente sobre lo alto de la elevación. No solían presentarse plantas muy complicadas ni de gran extensión, ajustándose su traza generalmente al perímetro de la cima. Al tratarse generalmente de montes de piedra caliza no era raro que la propia roca del monte  ayudara a componer de manera natural cimientos y partes de estas fortificaciones primitivas.

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Dibujo de cómo podría ser de la planta del castillo
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Restos de la torre en la parte más alta

¿Pero cómo era concretamente la forma que tenía este castillo de San Miguel? Aunque quien suba hoy a la cima del monte pueda costarle entender que allí hubo un castillo, aún quedan auténticos restos que nos han ayudado a entender un poco cómo era la morfología de este castillo roquero. Presentaba una torre cuadrangular sobre la parte más elevada de la explanada levantada en la cima. Frente al muro noreste de la torre debía abrirse un patio de armas y rodeado por una sencilla cerca de traza alargada e irregular. Por su parte, frente al muro suroeste debió de construirse un apéndice, aunque hoy difícilmente identificable. Todo el

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Patio de armas

conjunto estaba construido en mampostería unida con argamasa de motero de cal  y ocupaba una extensión total de aproximadamente 125 metros cuadrados. Hoy en día, sin un estudio

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Restos de la cerca en el lado nororiental

arqueológico riguroso, resulta complicado establecer con exactitud la planta que presentaba. Sólo haciendo un reconocimiento por la propia cima se pueden intuir ciertas hiladas que a modo de puzzle podamos ir uniendo hasta establecer un perímetro. Ni tan siquiera las fotos aéreas nos muestran nitidamente la morfología del castillo, sólo apreciamos claramente la explanada donde se levantó la construcción, así como tímidamente la estructura de la torre y algunos lienzos de la cerca noreste.

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Ortofotode 201o de la cima del Monte Castigo

IMG-20160423-WA0017En cuanto a su función, el Castillo de San Miguel de Aras queda encuadrado en lo que se ha querido identificar como castillos camineros. Su cometido  era sencillo y consistía en ejercer de vigilancia y control sobre el importante camino que unía Laredo y Santoña con la Meseta. Cabe destacar que este tipo de castillos, si bien construidos en montes de considerable altura, no dominaban excesivo terreno circundante. Ciertamente las vistas desde el Castigo son espectaculares, llegándose a ver el monte Buciero al noreste, sin embargo con un simple vistazo alrededor vemos cómo las montañas de mayor altura que rodean al monte cónico ocultan a su vista lo que pudiera pasar más allá del Valle de Aras. Se trataba, pues, de puestos de vigilancia con una capacidad militar limitada, que sin embargo no excluye de una pensada capacidad estratégica y desde luego una trabajada labor de construcción con materiales fuertes y duraderos; también es deIMG-20160423-WA0029 destacar la lejanía de este emplazamiento respecto a la población más cercana en el momento de su construcción. Actualmente no existen evidencias arqueológicas que indiquen un poblamiento altomedieval en San Miguel de Aras, pues a día de hoy de dicho periodo únicamente se ha encontrado una estela discoidal -la conocida Estela de Aras- totalmente descontextualizada y de cronología desconocida. Esto nos indica que el castillo no pudo servir de residencia señorial, reforzamiento que desprende la poca habitabilidad intrínseca de este castillo. No obstante esto no excluye que a su función de atalaya vigilante se le añada el papel de organizador de territorio.

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En el lado izquierdo de la imagen vemos la acumulación de piedras procedentes del derrumbe de partes del castillo

Y con esto terminamos esta modesta aproximación al castillo de San Miguel de Aras. Poco más podemos contar sobre este enclave que sin embargo oculta aun muchos secretos. El hecho de no haberse estudiado a fondo y no haberse practicado prospecciones científicas y en profundidad reservan a este enclave posibles sorpresas que un futuro aguardan quien se atreva a visitar sus piedras y lo pongan en relación directa con la historia de Cantabria. Mientras tanto, las leyendas en torno a este monte mágico seguirán ahí; los fabulosos tesoros que se guardan en sus entrañas, los emboscados que aún se ocultan en sus cuevas, y el recuerdo de soldados que, soportando las inclemencias del tiempo, vigilaban desde las almenas.

Agradecimiento especial a mi tío Sergio Araujo, autor de la mayor parte de las fotografías y tan necesarias para ilustrar este post.

Bibliografia:

QUIRÓS CASTILLO, J.A., TEJADO SEBASTIÁN, J.M., Los castillos altomedievales en el noroeste de la Península Ibérica, Documentos de aruqeología Medieval 4. Servicio Editorial de la Universidad del Páis Vasco. 2012

En la web:

http://juntadevoto.com/arqueovoto.htm

http://www.castillosasociacion.es/es/content/san-miguel-de-aras-castillo-de

Casamata de Los Pinares

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La fortificación de la Guerra Civil en Cantabria es hoy en día bastante desconocida. Sin embargo, como ya empezamos a ver en una entrada anterior, se llevaron a cabo considerables obras a lo largo de la costa cántabra. En esta ocasión nos trasladamos a la bonita población de Noja para hablar sobre un interesante emplazamiento que hasta hace muy pocos años apenas se sabía nada sobre él y cuya foto es justamente la que adorna la portada del blog.

Situado entre la Punta de Gargafanta y la Punta de la Mesa, en una zona conocida como Los Pinares, aguanta los embites de nuevas urbanizaciones construidas demasiado cerca de la costa.

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Ortofoto del vuelo Interministerial de 1973-1986. Entre la punta de Gargfanta -izquierda-  y la punta de la Mesa -derecha- se observa claramente la casamata de hormigón libre de bloques y urbanizaciones.

Como tantas otras obras, incluidos los nidos de Santander, parecía aceptado que la construcción de Noja había sido realizada en la decada de los 40. En muchas ocasiones se le denominaba indistintamente bunker y se creía que su función era el de un mero puesto de vigilancia costero.

Ahora sabemos que nada de esto es cierto y que su construcción data de la primavera de 1937 en el proyecto de fortificación republicano de la costa cantábrica. Las obras fueron realizadas por obreros eventuales dirigidos por ingenieros del Cuerpo del Ejército de la República, no mucho antes de crearse la Compañía de Costas Nº13, por lo que las obras debíeron durar poco tiempo.

Los documentos oficiales de la época lo denominan claramente como emplazamiento para cañón cubierto y lo conforman dos edificios independientes, aunque casi todo el protagonismo se lo lleve la magnífica casamata.

Como podemos obrservar en la imagen,noja ortofoto el emplazamiento estaba formado por una gran casamata de hormigón capaz de albergar un cañón y un polvorín. Estructuralmente la casamata  consta de una planta cuadrangular, anchos muros de hormigón armado y bóveda de cañón rebajado. Posee además un parapeto y una visera sobre el vano en su parte delantera.

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El polvorín se encuentra a unos 20 2015-07-15-4050metros y es subterráneo. Una escalera desciende hasta el subsuelo pero desgraciadamente el lugar abandonado durante muchos años se encuentra lleno de basura y al menos la última vez que personalmente estuve, una oxidada verja dificultaba el paso a su interior. Lo único que se puede percibir es que consta de gruesos muros de hormigón.

Lo recio de su estructura ha permitido que nos haya llegado en muy buenas condiciones, aunque se empiezan a ver huellas de desgaste en sus muros donde podemos apreciar, sobre todo en la visera, las varillas de hierro que reforzaban la construcción.

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Respecto a su armamento sabemos que albergó un solitario cañón Mondragón de 80 mm. Aunque podemos saber este dato por los documentos oficiales, existe cierto misterio sobre estos cañones llegados supuestamente de México.

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Aunque ligeramente armado, el emplazamiento es sin duda espectacular

Intentando encontrar algo de información sobre estas armas me he topado con una total laguna en cuanto a su forma o incluso su servicio en el ejército mexicano.

Sabemos por la documentación que también se los denomina como Saint-Chamond. Es cierto que en las primeras décadas del siglo XX cañones franceses  Saint-Chamond fueron construidos para México según el diseño del Coronel Mondragón, pero su calibre era de 75 mm. y no de 80 mm.

Lo más seguro es que se trataran de viejos cañones franceses de 80 mm. Mle 1877 de Bange de campaña, o Mle 1878 de Bange de Montaña y que pudieron ser transformados y modernizados por Mondragón y con la colaboración de la empresa Saint-Chamond. Indiferentemente lo que sí está claro es que era un arma totalmente obsoleta e inadecuada para la función de defensa costera.

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Cañón de campaña francés De Bange de 80 mm. Mle 1877. Seguramente usado como base para el modernizado Saint-Chamond/Mondragón de 80 mm. En este foro -en francés- se habla de ello.

Después de la guerra no debemos descartar que se aprovechara su estructura, si bien desarmado y esta vez sí, como simple puesto de vigilancia.

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La bibliografía usada:

  • David Blanco Gómez, Borja Gómez-Bedia Fernández, Enrique Gutiérrez Cuenca y José Ángel Hierro Gárate: Fortificaciones de la Guerra Civil en la zona oriental de Cantabria: defensas costeras y líneas de contención de los ríos Agüera y Asón, Castillos de España 171-172 (2013): 133-144.
  • Rafael Bolado del Castillo, Alberto Gómez Castanedo, Enrique Gutiérrez Cuenca y José Ángel Hierro Gárate: Las fortificaciones de la Guerra Civil y el primer Franquismo en Cantabria. Un patrimonio en peligro, Actas de las IXas Jornadas de Acanto sobre Patrimonio Cultural y Natural de Cantabria, Santander (2010): 43-50.
  • Borja Gómez-Bedia Fernández, Enrique Gutiérrez Cuenca y José Ángel Hierro Gárate: Defensas costeras de la Guerra Civil Española en Cantabria. Los emplazamientos para cañón, Sautuola/XVIII, Santander (2013): 307-316.
  • Archivo General Militar de Ávila, C 686

Paginas web de interés:

Para las vistas aereas:

 

Baterías de Galbanes (Alta y Baja)

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Fig. 1 Vista general de la batería Baja Galbanes

Seguro que más de un lector estará pensando, ¿otra fortificación de Santoña?. Pues así es, volvemos con otra batería de la villa famosa por sus anchoas. Lo sé, y soy consciente, pero os diré un secreto, y es que las fortificaciones santoñesas son afortunadamente de las que disponemos más información, pero no se preocupen que para la siguiente entrada hablaremos desde otro punto de la geografía costera cántabra. Lo que si quería era cerrar la triada de baterías que mejor se conservan en Santoña, exceptuando evidentemente a los fuertes de los que también hablaremos, por supuesto. Algún avispado conocedor del patrimonio defensivo seguro que habrá caído en que habría que añadir la batería Alta de San Martín, pero después de su desafortunada restauración, al menos por el momento, ni me atrevo a hablar de ella.

Volvamos pues a nuestra batería, que en realidad son dos. La zona situada entre la punta de San Martín y la punta de Galbanes, al sureste de Santoña y al pie del monte Buciero, alberga sendas construcciones a dos alturas que conforman el complejo defensivo de Galbanes. Son las conocidas como Batería Alta Galbanes y Batería Baja Galbanes, y procederemos a contar algunos de sus datos.

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Fig.2 Detalle del plano francés de la Plaza de Santoña en 1813

Aunque tradicionalmente se ha atribuido su construcción a los franceses durante la Guerra de Independencia, en realidad ya existía por el lugar una plataforma para cuatro o cinco cañones desde mediados del siglo XVIII. El estado de esta precaria construcción debía estar en deplorable estado cuando llegaron los franceses. Sin embargo, advirtieron las bondades de la zona y, en 1812, nuestro ya querido Gabriel Breuille mandó levantar una serie de baterías entre los fuertes de San Martín y San Carlos. Las primeras en construirse serían las actuales Alta Galbanes y la posterior batería de Santa Isabel, a las que se añadió un emplazamiento a menor altura que correspondería a la actual Baja Galbanes. En un plano francés de 1813 vemos claramente entre San Martín y San Carlos la Batería Alta San Matín (1) y la línea de baterías de Galbans compuesta por la Alta Galbanes (2), Baja Galbanes (3) y la de Punta Galbanes, futura Santa Isabel (4) de la que ya hablaremos en otra entrada, puesto que en años sucesivos se convertiría en una fortificación independiente.

Los emplazamientos que nos interesan, es decir, los Alto y Bajo Galbanes, eran en realidad simples baterías de campaña realizadas de piedra seca y tierra con explanadas de madera, no obstante, no fue impedimento para artillarlas profusamente. La batería alta se armó con dos impresionantes cañones de 36 libras, los mayores de su época, mientras que la baja se complementaba con 4 carronadas de 24 libras, algo por otra parte curioso, ya que no eran estas muy del gusto de los ejércitos tanto francés como español.

Siguieron en activo después de la guerra, aunque no fueron consideradas de gran importancia. Hubo un proyecto en 1830 para que se desmantelaran y se fortificara únicamente la abandonada punta de Galbanes, donde recordemos había otra fortificación. No se llevó a cabo, reparándose las baterías tanto de Alta y Baja Galbanes como la de la punta Galbanes -la futura Santa Isabel, conviene puntualizarlo para no liarnos-.

El aspecto actual de las baterías data de 1863, a raíz del Proyecto de Fortificación de la Plaza de Santoña de 1855. Aunque al principio se quiso unir las dos baterías en una sola gran construcción acasamatada de dos pisos, el coste económico dio como resultado obras de considerable menor entidad, que de hecho quedaron inacabadas. ¡En efecto, las baterías están a medio hacer! El declive de la plaza santoñesa también repercutió en estas fortificaciones, si bien siguieron siendo de propiedad militar hasta la decada de los 30 del siglo XX. A saber para qué querría el ejercito unas estructuras, desartilladas, abandonadas y sin acabar tanto tiempo…

Continuamos con el plano de las dos baterías:

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  1. Batería Alta
  2. Batería Baja
  3.  Almacén de pertrechos y repuesto de pólvora (Localización aproximada)
  4.  y 8. Explanada para la artillería a dos niveles.
  5.  Parapetos
  6.  Cortina o muralla de sillería de la batería baja.
  7. Talud desaparecido

La batería Alta es una sencilla batería a barbeta, aunque nos pueda extrañar la altura de su parapeto. Esto es debido a que en el año en que se construyó la batería fue pensada para albergar artillería montada en marcos altos de costa. Podemos observar dos salientes semicirculares en su muro, lugar donde irían emplazados los cañones.

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Fig.3 Vista de la batería Alta Galbanes
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Fig. 4 Lugar donde el parapeto rompe a dos alturas

La batería Baja es de mayor dimensiones, aunque similar tipológicamente. El parapeto a barbeta, de dos alturas, en este caso cuenta con tres puntos semicirculares para cañones, y se dispone de manera irregular adaptándose al terreno. Un muro de sillería actúa en forma de cortina protegiendo la plataforma sobre la que se asentaría la artillería.

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Fig.5 Cortina de Bajo Galbanes y en la parte superior observamos tenuemente la cortina de Alta Galbanes

El complejo debió tener un  edificio para repuestos y almacén, situado al norte de la batería Alta, pero que desapareció por el efecto de una pequeña cantera.

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Fig.6 Plataforma de Bajo Galbanes

Una última cosa que nos resulta curiosa. A simple vista podría parecernos que el  parapeto, relativamente estrecho y escrupulosamente perpendicular a la plataforma, apenas resultara eficaz contra el efecto de la artillería de su tiempo. En efecto esto sería así, pero recordemos que la construcción quedó inacabada, por lo que echamos en falta un talud de tierra que de manera diagonal une la cortina con el parapeto de ambas baterías. Y como no hace falta decir que me gustan los dibujos explicativos, para muestra un botón:

talud

En el perfil vemos de una forma esquemática el perfil de la batería baja cortada transversalmente, y en línea discontinua el triangulo que formaría el relleno de tierra.

Finalizamos esta entrada con la cronología del artillado del sitio:

  • Siglo XVIII – 4 o 5 cañones
  • 1813 – 2 cañones de 36 libras (Batería Baja) y 2 carronadas de 24 libras (Batería Alta)
  • 1864 – Propuesta de instalación de 6 cañones en ambas baterías, pero no parece que llegaran a montarse nunca.
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Dibujo de carronada francesa de 24 Libras

Bibliografía consultada:

PALACIO RAMOS, Rafael, Un Presidio Ynconquistable: La fortificación de la bahía de Santoña entre los siglos XVI y XIX, Santoña 2004, pp. 197 – 200

MAZA USLÉ, Jose Manuel, La Real Fábrica de artillería de La Cavada, Santander 2007,  pp. 129-130

Como para este post he tenido que tirar de algunas imágenes que no son mías, estos son los créditos de las fotografías:

  • La Fig.4 esta tomada de la edición digital del Diario Montañes.
  • Las Fig.5 y 6 son cortesía de Buciero Vida Salvaje
  • La Fig.1 es una foto que tenía guardada pero no soy capaz de encontrar su localización, por lo que pido disculpas a su autor. Si alguien la reconoce y estima oportuno que la retire lo haré sin ningún tipo de problema.

Batería de Salvas (In Memoriam)

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Batería de Salvas en 1901. AMSA, FGP-19

Es probable que alguien de Santoña, o quien haya visitado sus fortalezas se pregunte dónde se localiza esta batería. Estará pensando, en caso de desconocerla claro está, que cómo es que nunca ha reparado en ella. Alguna otra persona mirando la imagen superior se preguntará cómo es que he elegido una foto antigua y en blanco y negro. Pero espera, ¡oh! si detrás parece estar el archiconocido fuerte de San Martín, ¡es imposible que nunca lo haya visto!

Efectivamente justo a la vera del imponente fuerte estaba esta batería, pero ya no. Ha desaparecido y sólo nos queda de ella el recuerdo. Y precisamente de eso va esta entrada, la primera de aquellas muchas fortificaciones que han sucumbido al paso del tiempo. Evidentemente en un principio quería centrarme en aquellas de las que aún conservamos restos, sobre todo porque existe una mayor información y es más fácil hacer un reportaje fotográfico a sus restos, pero puntualmente también recordaremos aquellas fortificaciones que ya no están.

La batería de Salvas quizás no tenga el glamour de sus hermanas al no tratarse de una fortificación defensiva, o quizás sí, ya que fue construida con el único propósito de ser la encargada de realizar los disparos para bienvenida o despedida de quien correspondiera.

Fue construida en 1888, la última fortificación santoñesa, por una Real Orden del 20 de julio de ese mismo año. El proyecto fue redactado por Manuel Vallespín y para su emplazamiento se eligió uno cercano a la escollera y al fuerte de San Martín, anexo a la desaparecida muralla de Santoña -¡sí, Santoña contó con una formidable muralla acasamatada!-. Su construcción  apenas duró unos tres meses y se dotó con 15 cañones lisos de bronce de 10 cm.

Debió tener una existencia corta, pues en 1910 comenzaron las obras del muelle o escollera sur, obra que aún se conserva ya que actualmente conforma el paseo de El Pasaje. Para la fabricación de la escollera se usaron materiales procedentes de las ruinas de la muralla y con casi total probabilidad de la batería de Salvas, provocando su desaparición. No obstante las obras de la escollera se efectuaron sobre terreno ganado al mar y por la localización de la batería, compartida entre el espacio que actualmente ocupa un campo de deportes -con unas reconocibles porterías de rugby- y parte del paseo, no debemos descartar que aún queden restos de sus cimientos, ya que no se produjeron obras agresivas en el subsuelo. Quizás sus restos esperan pacientes y protegidos por una capa de tierra y cemento. Sin embargo, podemos leer, en la obra de Rafael Palacio Ramos, Un Presidio Ynconquistable, que aún se conservan algunas mesas de sillería de las piezas montadas en la batería de Salvas como parte de la escollera. Efectivamente esas mesas aún se pueden ver, pero modestamente discrepo en ese asunto, ya que dudo que se montaran mesas en una batería de salvas, pues no debió tener marcos giratorios para sus cañones, estableciéndose estos directamente sobre la explanada enlosada. Recordemos que no cumplía ninguna función defensiva por lo que además de resultar inútil hubiera resultado un gasto adicional, más cuando otras fortificaciones santoñesas estaban faltas de tan siquiera cureñas modernas. Lo más probable es que esas mesas pertenecieran a la muralla.

No he encontrado plano alguno de la batería, pero por los datos que tenemos y gracias a la fotografía, debió ser aproximadamente algo así:

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  1. Entrada
  2. Explanada
  3. Almacén
  4. Parapeto

Era una sencilla estructura a barbeta, con un pequeño edificio que servía de almacén. La parte trasera la cerraba un muro de apenas un metro de altura. Ciertamente tampoco necesitaba mucho más dado que, como ya hemos repetido, no cumplía ninguna función defensiva.

Contó siempre con los 15 cañones lisos de bronce de 10 cm., por lo que no necesitamos hacer una cronología de su artillado. Por una foto antigua podemos saber que iban montados sobre cureñas de hierro forjado Mod. 1850 -modelo ideal para montar las piezas en tiempos de paz al aguantar mejor las inclemencias del tiempo, pero que se revelaron ineficaces para su uso con munición real-

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Y para finalizar una simpática imagen sacada en la batería de Salvas con un paisano santoñés sobre uno de los cañones. Observamos las cureñas Mod. 1850 y aunque desconozco el año en que fue tomado, sería interesante recabar más datos ya que, ¡imaginaos que la foto sea posterior a 1910! ¡Nos haría replantear todas las hipótesis de su desaparición! Por cierto, hay que agradecer a Buciero Vida Salvaje (https://www.facebook.com/buciero.vidasalvaje?fref=ts) gracias al cual he podido conocer esta imagen.

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Una vez más la bibliografía usada:

PALACIO RAMOS, Rafael, Un Presidio Ynconquistable: La fortificación de la bahía de Santoña entre los siglos XVI y XIX, Santoña 2004

Batería del Águila

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En la anterior entrada hablamos de evocaciones a piratas para hablar ahora de una fortificación con el sugerente nombre de Batería del Águila. Se encuentra enclavada entre dos salientes de la punta homónima del Águila, como proas de un catamarán armado de cañones que apuntan directamente a mar abierto.

Estamos en Santoña, paseando por el monte Buciero. Un sencillo y casi desapercibido camino, desciende de la vía principal para internarnos en un frondoso bosque que oculta una sorpresa. Sin darnos cuenta nos topamos casi al borde el mar con una explanada bien enlosada y un bajo parapeto que nos frena de caernos al abismo si por si acaso fuéramos 2014-08-01-3540despistados, sobrecogidos por la sombra de los árboles. Agudizamos la vista para perfilar una ruinosa estructura a nuestra derecha, y sólo cuando llegamos hasta ella nos damos cuenta que hay otra plataforma enlosada, casi paralela a la anterior, pero separadas por una lengua de mar que penetra en la montaña2014-08-01-3541. Esta claro que se trata de una fortificación militar y que su localización estuvo muy pensada por quien allí decidiera poner la primera piedra. Esta es su historia:

No se sabe a ciencia cierta cuando fue construida y aunque no hay dato alguno que lo certifique bien podría haberse iniciado su construcción a finales del Siglo XVIII, como simple puesto de vigilancia, o en previsión de defender el arenal de Berria, zona poco defendida y cuya precaria posición ya había sido alertada. Ciertamente son sólo hipótesis y lo más probable es que la construyeran los franceses durante su ocupación. Lo que si parece estar claro es que las plataformas de artillería fueron construidas en 1812 bajo dirección del ya conocido Gabriel Breuille – os aconsejo que memoriceis con este nombre pues me temo que lo citaremos mucho – y se armaron con dos cañones de 24  libras. Entre 1830 y 1835 se debió construir el primer edificio de la batería, aumentado en otro anexo al primero en 1835 o 1836.

Pese a su pequeño tamaño, tuvo su  importancia la modesta Águila, encargada de velar por la defensa de la costa Norte del Buciero hasta el faro del Pescador. Fue incluida en varios planes de mejora que no vieron la luz por razones económicas, como el proyecto de 1855 de los caballeros Antonio del Rivero y Saturnino Fernández. El águila siguió en activo a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX con los dos únicos cañones que podían admitir sus dos menguadas alas, en este caso cañones rayados de bronce de 16 cm. Su historia acaba  en 1900, quizás algunos años después, aunque posiblemente ya estaba desartillada.

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  1. Plataforma Oeste
  2. Plataforma Este
  3. Edificio primigenio
  4. Edificio posterior
  5. Entrada a la batería

Como vemos se trata de una composición sencillísima. Las dos explanadas a barbeta, con parapeto muy rebajado, se asientan sobre dos salientes rocosos que se adelantan sobre el mar. El primer edificio es de reducidas dimensiones y cuenta con una ventana y entrada que ha visto desaparecer su dintel. Por la traza del muro se descubre que poseía un tejado a una sola agua y de fuerte inclinación. El segundo edificio es considerablemente más grande y debió construirse ante la necesidad de una estancia de mayor tamaño para el servicio de la batería. Tiene otra ventana hacia el sur y debió tener la puerta en el muro Este que actualmente se encuentra totalmente derruido.  Curiosamente no existe conexión directa entre los dos edificios.

Unas imágenes del edificio y coloreado en negrita los muros que observamos en las fotos:

plano 1

plano 2

plano 3

Los datos en cuanto a su artillado son los siguientes:

  • 1813 – 2 cañones de 24 Libras
  • 1825 – se planea volver a colocar 2 cañones de 24 Libras
  • 1864 – 2 cañones rayados de bronce de 16 cm.
  • 1888 – 2 cañones rayados de bronce de 16 cm.

Como anécdota final, os parecerá increíble que se conserve un cañón de esta batería y en perfecto estado – bueno, todo lo perfecto que pueda estar una pieza de 200 años -. Se trata de uno de los cañones de 24 Libras ¡de más de tres metros! y que actualmente se encuentra en el paseo marítimo de el Pasaje de Santoña. Procedía de la fábrica de artillería de La Cavada en Cantabria, y su tamaño hace indicar que fue construido según el Reglamente de 1728, unos añitos antes de construirse la batería, ¿verdad?. Seguramente fuera herencia de tiempo atrás de otro punto artillado, o del desguace de un buque de linea. Este es su aspecto según un dibujo que hice de su perfil con la cureña que han reconstruido para él.

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¿Notais algo extraño? Pues sí, la cureña es totalmente errónea, no obedece a ningún modelo en servicio, ni aquí, ni en la Conchinchina. Si, ya se lo que estaréis pensando, muchos ni siquiera os habréis fijado, y a muchos ni les importará, pero entender a alguien a quien le gustan estos temas y le duele a la vista estos gazapos históricos pues a fin de cuentas, si se van a gastar el dinero en algo así, mejor bien que mal ¿no? No obstante esto me da una idea para hablar en otra entrada sobre los cañones que estuvieron montados en las baterías cántabras y mostraros los que aun se conservan, porque esta acaba aquí.

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Mirando al mar recordamos la biografía usada:

PALACIO RAMOS, Rafael, Un Presidio Ynconquistable: La fortificación de la bahía de Santoña entre los siglos XVI y XIX, Santoña 2004, pp. 219 – 221

MAZA USLÉ, Jose Manuel, La Real Fábrica de artillería de La Cavada, Santander 2007,  pp. 122-125