El Fuerte del Rastrillar (IV) El frente marítimo

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Seguimos con el cuarto capítulo del Rastrillar para centrarnos en las baterías costeras. Hablaremos tanto de las baterías de San Carlos y Santo Tomás – las que aún se conservan – como de la desaparecida batería de San Román y la inconclusa batería Nueva y proyectada en el proyecto de 1860. Esta batería Nueva al no terminarse no debió tener nombre alguno, por lo que el que haya decidido nombrarla así es meramente para poder diferenciarla de las demás evitando malentendidos.

Hagamos una pequeña introducción recordando las primeras estructuras que se erigieron en el monte. Rememorando el primer capítulo, vimos cómo la primera estructura levantada en el monte laredano fue el denominado Reducto de la Rochela en 1582. Parece ser que se debió levantar en el extremo de la punta homónima, por lo que se situaría justamente en donde hoy se encuentra la batería de San Carlos. Es lógico imaginar que con las sucesivas obras que se realizaron en la batería no quede rastro alguno del primitivo enclave, a lo que debemos añadir la pobreza de los materiales utilizados, más pensados para que se tratara de una obra provisional que permanente.

La siguiente estructura levantada fue la del castillo de San Nicolás ya entrado el siglo XVII. Este nuevo castillo -realmente otro reducto provisional- debió situarse mucho más próximo a la Villa de Laredo y pensado para defender más su puerto que la propia bahía. Para que los lectores puedan situarse, se encontraría en el lugar que hoy ocupa el mirador de la Caracola. Pero si alguien ha visitado el monte en alguna ocasión que no se piense que el enlosado es parte de los restos de este antiguo castillo. Las modernas losas de piedra son simplemente producto de obras de embellecimiento del lugar. Lo más seguro es que al tratarse de obras provisionales y por las continuas reformas de la zona a lo largo de la historia no quede ningún resto. A decir verdad tampoco podemos asegurar que estuviera situado en esta zona o más al noreste.

Pasemos a continuación a contar un poco sobre las cuatro baterías que nos atañen y que son las protagonistas de nuestro capítulo.

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Ortofoto de 2014 con la posición de las cuatro baterías
  1. Batería de San Carlos/San Miguel/San Gil
  2. Batería de Santo Tomás de Villanueva
  3. Batería de San Román
  4. Batería Nueva

 

Batería de San Carlos (También conocida como de San Gil o San Miguel)

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La historia de esta batería parece nacer con la primera construcción del monte. A mi juicio es la evolución natural del primitivo reducto de la Rochela. Sin embargo, autores como Palacio Ramos en su excelente libro sobre las fortificaciones en la Bahía de Santoña Un Presidio Ynconquistable, fecha su nacimiento en 1702 y lo identifica como Castillo Nuevo de la Rochela, diferenciándolo de un reducto anterior y situado más cerca de la villa y muelle.

Aunque no me considero ni mucho menos tan experto, creo que este reducto al que hace mención es el del antiguo Castillo de San Nicolás que quedó destruido tras el ataque francés de 1639. Por otra parte sabemos que nada más entrar el siglo XVIII se enlosó el castillo-reducto de la Rochela, y que después de estas fechas no parece haber más menciones a la misma. Por tanto y en definitiva me lleva a pensar que este nuevo Castillo de la Rochela no fue más que una obra nueva sobre el antiguo reducto que mejorara su efectividad.

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Detalle del plano de Luis de Langot de 1726 en su proyecto de unir las baterías laredanas mediante una muralla con cañoneras (en amarillo)

En 1726 ya se denominaba San Gil o San Miguel y se trataba de una obra de mucha mayor entidad que las obras anteriores al constituirse de una barbeta corrida rectangular, tinglado en la gola y un pequeño edificio a retaguardia. Aunque debía tener una capacidad notable de fuego artillero – unos 20 cañones – rara vez debía de estar en plena operatividad tal que, por ejemplo, en 1739 sólo montaba 6 cañones. En 1762 eran sólo 3 cañones de a 24 los que la defendían y ya había cambiado su nombre por la de Batería de San Carlos – en honor de Carlos III se presupone-

 

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Plano de Joaquín del Pino, 1763

En 1763 mantenía la misma disposición que en 1726, aunque su plataforma estaba enlosada y sus edificios se habían arreglado y mejorado, sustituyéndose el tinglado por un edificio para la guardia y otro para las cureñas y pertrechos. El pequeño edificio a retaguardia era usado como repuesto para la pólvora.

 

Las siguientes noticias que tenemos sobre la batería nos llevan al siglo XIX al realizarse varias obras de reparación en 1805. Posteriormente ya hemos visto cómo el monte fue ocupado por los franceses que reaprovecharon las baterías costeras en el nuevo complejo del Rastrillar. La batería de San Carlos entonces era un simple parapeto capaz para 6 piezas con un pequeño edificio a retaguardia.

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Plano y perfil de la batería con su forma actual y realizada en los años 60 del siglo XIX
  1. Entrada a la batería
  2. Explanada para la artillería
  3. Parapeto alto a barbeta
  4. Raíles para los marcos de artillería
  5. Escalera
  6. Plataforma y acceso al camino de la batería Nueva
  7. Polvorín

Fue el proyecto isabelino de 1860 el que daría a la Batería de San Carlos el aspecto actual. Aunque tenemos más que visto cómo muchas 104_3719de las obras planeadas en este proyecto no se realizaron, las baterías marítimas existentes sí que se reconstruyeron por completo. En el caso de San Carlos se realizó una batería a barbeta en línea recta que se curvaba en su extremo noreste y pensada para el uso de marcos altos de costa. Estaba construida con mampostería y rematada con ladrillos en sardinel. La batería a su vez estaba dividida en dos partes diferenciadas y separadas por una escalera que descendía a un pozo o fuente natural de agua. La zona situada a la derecha de la escalera sería en donde se situaría un total de 8 cañones con sus correspondientes marcos de costa. Aunque toda la

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Ortofoto de 2002

batería debía de estar enlosada, una ortofoto de 2002 nos descubre cómo este se había perdido en su mayoría, aunque se conservaban los raíles de al menos dos asentamientos artilleros y los restos de otros dos. 100_0077Las reformas posteriores han parecido respetar la disposición de estos raíles restituyendo el enlosado perdido por uno nuevo en el que se incluyen los carriles originales y las mesas de sillería.

 La zona situada a la izquierda de la escalera no parece tener indicios de que se montaran cañones al tener dimensiones reducidas y al tratarse de una zona de paso y camino de acceso hacia la batería Nueva inconclusa.

100_0088Finalmente, el conjunto se completaría con un pequeño polvorín situado a retaguardia y completamente mimetizado con el entorno. El pequeño edificio cuadrangular está constituido de gruesos muros y cubierto por una bóveda de hormigón de un metro de espesor. Estaba rodeado por un 104_3722pasillo perimetral y protegido  en dos de sus lados por un muro terraplenado y  los otros dos por el propio monte.

Siguió entrando esta batería en los planes de mejora del complejo del Rastrillar como el de  1882 ideado por Manuel Vallespín. Entre otras se pensó en la construcción de traveses huecos en los terraplenes para albergar locales a prueba, para así poder soportar un bombardeo en toda regla por parte de un hipotético atacante. Resta decir que ninguna obra se hizo más y durante todo el resto de su existencia hasta 1905 sólo estaría artillado por dos cañones de hierro rayados de 16 cm. montados en marcos Mod. 1857, irremediablemente superados y obsoletos. Para entender como era y estaba montada la artillería en la Batería de San Carlos recomiendo hechar un vistazo a esta entrada que redacté anteriormente.

Batería de Santo Tomás de Villanueva

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En la entrada a la batería podemos encontrarnos con este cartel que de manera erronea la identifica cómo batería napoleónica. Como vamos a ver, aunque fue usada por los franceses, ni fué construída por estos, ni su aspecto actual es resultado de obras napoleónicas.

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Detalle del plano de 1726 por Luís de Langot

Situada muy cercana a la anterior batería debió construirse en las primeras décadas del siglo XVIII, puesto que ya aparece en un plano de 1726 como parte de un proyecto de Isidoro de Verboom para mejorar el sistema defensivo del monte Rastrillar, limitado aún a las dos baterías de Santo Tomás y San Gil/San Miguel.

 En su origen era al igual que su compañera, una sencilla batería a barbeta con parapeto bajo y rectangular pero sin cubierto alguno para la artillería, aunque sí un pequeño tinglado para los sirvientes. Un detalle que nos indica la dejadez de la batería es que en 1739, si bien tenía 9 cañones, estos estaban sin montar por no haber ni tan siquiera cureñas para ellos.

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Plano de Joaquín del Pino, 1763

En 1762 se realizaron algunas mejoras como la sustitución del tinglado por un pequeño edificio permanente con dos estancias separadas, una para el repuesto de pólvora y la otra como cuerpo de guardia. Asimismo, la explanada para la artillería aparece enlosada y se instalan 6 cañones de a 24, supondremos que esta vez sí con sus cureñas.

 

Durante la ocupación francesa no debieron realizarse grandes obras, nada más que las necesarias para su reparación y mantenimiento, y fue reaprovechada al igual que lo haría su vecina.

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Plano de la batería con su forma actual y realizado en los años 60 del siglo XIX
  1. Entrada a la batería
  2. Explanada para la artillería
  3. Parapeto alto a barbeta
  4. Raíles para los marcos de artillería

Las nuevas noticias que tenemos de la Batería de Santo Tomás es, como no podía ser de otra manera, del proyecto de 1860 en la que se reconstruye por completo y dándole el aspecto 104_3704que tiene actualmente. Se trata de una sencilla batería a barbeta con parapeto preparado para marcos altos de artillería. Estaba construida totalmente de mampostería excepto el remate del parapeto que era de ladrillo con aparejo a sardinel. No se construyó ningún edificio auxiliar puesto que los pertinentes se construyeron en el camino de acceso a las baterías marítimas y que ya vimos en el segundo capítulo sobre este fuerte. En 1861 se pensaba montar un total de 10 piezas entre las que se encontraban 2 obuses de hierro lisos de 21 cm – bomberos de 9 pulgadas-. En una ortofoto de 2002 se aprecian los ocho asentamientos para cañones con los restos de los carriles de los marcos, y como sucedió en el caso de la

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Ortofoto de 2002

batería de San Carlos el enlosado actual respeta la disposición de dichos carriles aunque sin poder discernir que de original queda. En el extremo derecho el diferente enlosado parecería indicar la zona donde se ubicarían los obuses, sin e104_3702mbargo los obuses lisos montaban en los mismos marcos que los cañones, por lo que no hay que descartar que se hicieran obras en previsión de montar armas más pesadas de retrocarga y que necesitaban de marcos diferentes.

 No parece que se llegara a artillar nunca más esta batería desde su reconstrucción. Palacio Ramos nos señala que tanto en 1888 y en 1905 estaban montados 2 cañones de 16 cm. en las baterías costeras que son los que dijimos antes que seguramente se situarían en la batería de San Carlos, puesto que a finales del XIX la batería de Santo Tomás se hallaba tan deteriorada por los movimientos de tierra que habría que construirse un nuevo emplazamiento. También habían, eso sí, 6 cañones de 16 cm desmontados, quizás repartidos entre las dos baterías, aunque evidentemente sin ningún tipo de uso práctico. Tampoco debemos descartar que cada una de las baterías albergaran cada una un sólo cañón montado de manera simbólica.

* Recientemente he descubierto que los dos cañones de 16 cm estaban montados en la Bateria de Santo Tomás y no en la de San Carlos. Para evitar modificar en exceso la entrada, la dejaré tal cual la escribí originalmente pero con esta puntualización. Aunque el dibujo que en su día realicé se ha quedado erroneo, tampoco hay que descartar que necesitado el momento pudieran trasladarse los cañones y sus marcos desde Santo Tomás a San Carlos sin mayores complicaciones.

Batería de San Román

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Plano de Joaquín del Pino, 1763

La historia de esta batería es mucho más efímera que la de las dos anteriores. Construida en torno al año 1741 en el extremo nordeste del monte, era bastante más pequeña que sus hermanas. Se trataba de una sencilla barbeta rectangular y enlosada con un pequeño edificio usado como repuesto de pólvora al que se le adosaba un tinglado cubierto para guarecer las cureñas o a los propios artilleros. Se artilló fuertemente, pese a su tamaño, pues contaba con 4 piezas de a 24, aunque dicha potencia de fuego era una vez más una ilusión ya que en 1765 las cureñas estaban inservibles.

 A principios del siglo XIX aún sobrevivía esta batería, sin embargo no parece que los franceses llegaran a reaprevecharla por lo que literalmente desapareció.

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Ortofoto del Vuelo de Costas de los años 1989-91

Hoy en día no parece que queden restos aparentes de esta fortificación, ni tan siquiera su ubicación exacta. La posición más adecuada según las descripciones que tenemos sería donde actualmente se encuentra el mirador de la Rosa de los Vientos, que aunque se construyera literalmente encima, al no ser una obra agresiva, los restos de sus cimientos necesariamente deberían aún encontrarse debajo. Si observamos ortofotos anteriores a la construcción de dicho mirador podrían corroborarnos esta teoría al poder vislumbrar las formas que debió tener.

 

Batería Nueva

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Esta batería que nunca llegó a terminarse, merece la pena incluirse en su propio apartado al sobrevivir hoy en día, no tanto por sus restos sino claramente por su posición, así como parte de su camino de acceso desde la batería de San Carlos.

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Ortofoto del Vuelo de Costa de los años 1989-91 donde podemos notar el perfil de esta batería en el centro-izquierda de la imagen
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Ortofoto del Vuelo Interministerial de 1973-86. Rodeada en amarillo vemos la batería, tambien se aprecia claramente el camino de acceso, así como una estructura cuadrangular en mitad de la batería

Fue la única de las nuevas baterías del proyecto de 1860 que se empezaría y que debían acompañar a las de San Carlos y Santo Tomás. Sin embargo, como ya hemos dicho, no llegó a estar nunca operativa, y poco podemos precisar cuánto de su estructura llegó a terminarse. Lo que sí parece significativo es que aún en planos de finales del XIX aparezca dibujada. Debió de ser una sencilla fortificación a barbeta y preparada para marcos altos de artillería como sus dos compañeras. Aunque no debió construirse ningún edificio auxiliar resulta interesante que en la ortofoto de los años 70 se aprecia una estructura cuadrangular, que más tenuemente sigue apreciandose en la ortofoto de 2002. Al estar situada justamente en mitad de la batería – concretamente ocupando la explanada para la artillería- nos permite descartar que fuera construída como parte de esta, ya que hubiera limitado totalmente su operatividad y funcionalidad. Quizás pudiera tratarse de alguna estructura de las que se realizaron en la Guerra Civil. Desgraciadamente, al encontrarse esta batería en una zona de difícil acceso, añadido a los más que seguros movimientos de tierra, hace más que complicado su estudio y la limpieza de vegetación que permita arrojar más luz de lo que aún pudiera conservarse.

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Detalla del plano topográfico de 1885 realizado por el Cuerpo de Estado Mayor del Ejército

Y hasta aquí el recorrido por las baterías de costa que defendieron la bahía desde el siglo XVI hasta principios del siglo XX. Pero esto no supuso el fin de actividad de este fuerte, en el próximo capítulo finalizaremos este extenso recorrido de las fortificaciones de la Atalaya con un curioso epílogo.

El fuerte del Rastrillar (V) La Guerra Civil

El fuerte del Rastrillar (III) El frente de tierra

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Volvemos a la carga tras varias semanas de ausencia. Problemas técnicos con el ordenador que se han alargado más de lo que hubiera deseado han ido posponiendo la redacción y elaboración de esta entrada. Pero como no quería seguir alargando la espera y tampoco dejar a medias la descripción del Rastrillar, he podido recopilar algunos datos para al menos poder continuar. Por desgracia lo que no he podido recuperar aún son las fotos que tenía en mi archivo del Fuerte del Rastrillar, en su mayoría propias, por lo que es posible que esta entrada resulte algo parca en imágenes, viéndome en la obligación de buscar alternativas de diversa procedencia. Como ya indiqué en la primera entrada del Rastrillar, la bibliografía y los créditos fotográficos los redactaré en la última entrada sobre este tema.

Seguimos contando cosas de este fuerte. Aunque no tenía intención de que se fuera a alargar tanto ya vamos por el tercer capítulo y según estimo aún quedan otros dos. Así pues, espero que todos los que estén leyendo sobre el Rastrillar les esté resultando tan apasionante como a mi.

En este capítulo vamos a ver las obras del frente de tierra, aunque tengo que decir que en origen no pensaba hablar mucho sobre él. Si recuerdan una de las primeras entradas hice una pequeña introducción sobre algunos términos dentro de la fortificación moderna y puse como ejemplo el frente de tierra laredano. Pero me parecería injusto dejar esta parte tan importante del Rastrillar de lado. Repetiré muchas cosas de las que ya he contado en entradas anteriores, pero que me parecen necesarias para que los lectores no se pierdan en la narración y descripción de esta parte tan importante del complejo defensivo como es el frente de tierra. Pero seguramente alguno se estará preguntando qué es eso del frente de tierra.

Sencillamente, el frente de tierra era aquel sistema defensivo que en las fortificaciones costeras protegía de los ataques por tierra. Esto puede parece contradictorio, pero imagínense por un momento que un grupo de soldados hubiera podido desembarcar en las cercanías del fuerte, o que directamente el ataque viniera de tierra adentro. Las baterías de costa con sus cañones apuntando al mar se verían indefensas ante un ataque por la espalda. Por tanto la construcción de este frente de tierra se hacía inestimable para evitar la captura de unas baterías que podrían volverse fácilmente en contra de sus antiguos ocupantes. Tampoco hay que obviar la función defensiva del frente de tierra para la propia Villa de Laredo y su puerto, ya que, no olvidemos, que en el siglo XIX la población apenas ocupaba la extensión de la Puebla Vieja y los cañones de este frente apuntaban claramente a esta dirección.

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Detalle del plano francés de 1813

Ya vimos cómo entrado el siglo XIX el sistema defensivo del monte de la Atalaya lo conformaba tres baterías desperdigadas, y que fueron los franceses quienes agruparon todo en un complejo defensivo y racional. Las primeras obras fueron sencillas. Breuille proyectó una trinchera con terraplenes y camino cubierto, pero de escasa entidad, lo que atestigua el suceso de que el fuerte fue ocupado el 20 de septiembre de 1812 por tropas españolas. Duró poco esta situación, pues en enero de 1813 Laredo volvía a estar en manos francesas. Breuille optó por mejorar el sistema defensivo del frente de tierra, resultando un medio frente atrincherado dotado de merlones y explanadas de madera, foso, camino cubierto, estacada y rastrillo en la entrada. Según el plano de 1813 el frente de tierra debió extenderse por el oeste siguiendo la línea del monte. Como fueron obras provisionales no nos han llegado aparentes restos de estas fortificaciones de campaña, a lo que hay que añadir los movimientos de terreno. Aunque si observamos ortofotos anteriores a las obras del puerto nuevo y rehabilitación del conjunto quizás puedan observarse tenues líneas de aquel frente atrincherado por lo que no es de descartar que puedan quedar restos; también es posible que la imaginación quiera jugarnos malas pasadas y queramos ver cosas donde no las hay. Desgraciadamente lo inaccesible del lugar, al encontrarse al borde de los acantilados, dificulta cualquier estudio que pudiera hacerse al respecto.

 

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Ortofoto de 2005 comparada con el plano francés de 1813. Desgraciadamente el tamaño del mismo no me permite hacer un plano detalle con mayor resolución. No obstante, hay que advertir que no podemos tampoco tomar estos mapas como 100% correctos. Por ejemplo, cabe la posibilidad de que este frente atrincherado en el Oeste no se completara o que desde luego no tuviera tanta obra como el frente Sur, de mucha más importancia.

Poco cambió el frente de tierra en los años siguientes. En 1831 únicamente se realizarían obras de limpieza y mantenimiento y ya hemos visto cómo el ambicioso proyecto de 1860 quedó en agua de borrajas. Parece que se reconstruyó este frente de tierra respetando su trazado original, aunque viendo el declive de las defensas de la bahía de Santoña, esta reconstrucción bien pudo ser un eufemismo para reparación. El mismo proyecto contemplaba la instalación de 15 piezas de artillería de mediano y pequeño calibre que en 1864 ya había reducido su número a 11. La realidad es que no debió instalarse cañón alguno.

El último proyecto para reforzarlo fue en 1882 e ideado por Manuel de Villespín

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Ortofoto de 2010 del frente de tierra del Fuerte del Rastrillar. Curiosamente, aunque existen imágenes aéreas de 2014, se aprecian mejor los elementos en las de este año.

  1. Glacis
  2. Camino cubierto
  3. Plaza de armas – Revellín
  4.  Foso
  5. Base del puente levadizo
  6. Cortina/Muralla
  7. Baluartes
  8. Entrada de acceso

La imagen aérea nos permite apreciar la totalidad del conjunto del frente de tierra laredano, que por cierto nos ha llegado en un más que aceptable estado de conservación. El conjunto lo conforman el camino cubierto con su glacis defensivo, foso y muralla.

El camino cubierto era la primera línea de defensa y constituye un formidable ejemplo de lo que pretendía ser este tipo de fortificación, ya que sobre el terreno es apenas perceptible al ojo humano según subimos por el monte y nos acercamos al glacis. Es sólo cuando estamos sobre el camino cubierto cuando nos damos cuenta de su perfil. Este camino estaría complementado con otras obras defensivas tales como la banqueta que recorrería toda la línea y en donde los soldados podrían situarse para disparar mejor sus armas, así como estacadas de madera. Estos elementos no han soportado el paso del tiempo al deberse a circunstancias provisionales y al lógico abandono de la plaza. Otro elemento complementario que aparece en este camino cubierto es la plaza de armas que en el caso de Laredo funciona como revellín, pero que si nos ceñimos a la más estricta terminología militar es efectivamente una plaza de armas en donde poder llegar a colocar en caso de necesidad algunas piezas mayor de artillería en el camino cubierto. En el caso de Laredo estaba estratégicamente colocada para defender la entrada al complejo.

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Antigua imagen de Laredo desde el Rastrillar. Aunque podría parecer que en primer término se observara el foso y el camino cubierto, la amplitud del primero me hace pensar que la foto realmente esté sacada desde el glacis del camino cubierto.

El foso dotado de escarpa y contraescarpa se situaba justamente detrás del camino cubierto. En su origen debía tener unos 4 metros de anchura y con una altura en su contraescarpa de 3,5 metros. No debía ser en el ejemplo laredano una obra del todo efectiva, ya que en 1955 se hace eco de su poca altura, profundidad y anchura. No obstante, contaba con puente levadizo. Existe una pequeña estructura cuadrangular en la mitad de este foso que es probable que formara parte de la estructura de este puente o quizás los restos de un cuerpo de guardia que a modo de caponera protegiera al foso desde el interior.

A continuación, nos encontramos con el terraplén o muro donde se encontraba la entrada con rastrillo y la batería artillada del frente de tierra. Está compuesto de una muralla con dos baluartes de traza irregular. El situado más al este se encuentra justo al borde del acantilado, mientras que en el situado al oeste de la entrada, la cortina amurallada continua en descenso por la ladera. Tanto la cortina como los baluartes están revestidos de mampostería con sillares en las esquinas y rematados en un parapeto con talud de amplia inclinación. Este parapeto estaría completado con el adarve preparado para el asiento de las piezas artilleras, así como la banqueta para la infantería. La reconstrucción y refozamiento de esta parte con robusta piedra es en teoría lo único que se realizaría en la decada de los 60 del siglo XIX en esta parte del fuerte.

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Entrada al complejo del Rastrillar con su foso y la estructura cuadrangular de función dudosa.
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Detalle una vez más del plano de 1813 y del proyecto de 1860 con las baterías auxiliares rodeadas en rojo

Finalmente, existieron dos baterías auxiliares en el frente de tierra, ambas construidas por los franceses. La primera estaba situada al principio del camino de subida al fuerte y cabría pensar que su función era precisamente la de defender el acceso al monte. La segunda batería, que debió ser de consideración, estaba situada en la continuación del frente de tierra mirando al oeste para defender con sus fuegos cualquier acometida desde la playa de La Salvé. Aunque se trataba de una obra provisional, con explanada de madera y parapeto de tierra, estaba potentemente armada con tres cañones, aunque desconocemos el calibre. No es casualidad que en el proyecto de 1860 se planearan sendas baterías en estos puntos como complemento a las defensas del frente de tierra. Sin embargo, después de la Guerra de la Independencia, estos puntos se abandonaron y nunca más se hizo obra alguna.

 

 Para ir concluyendo la entrada resulta curioso que pese a que estuvo siempre presente en todos los proyectos de mejora, el frente de tierra laredano nunca llegó a estar artillado más allá de acabar la Guerra de Independencia. No obstante, es uno de los elementos más reconocibles del fuerte del Rastrillar y nos ha llegado en un considerable buen estado de conservación, lo que habla de las bondades de su construcción y pese a que las obras finales del proyecto de 1860 fueran muchísimos más modestas de todo lo que se planeó.

Y hasta aquí damos por finalizada la entrada, un poco tardía, sobre el frente de tierra. Continuaremos con el análisis del frente marítimo con las baterías costeras.

El Fuerte del Rastrillar IV. El frente marítimo

Fuerte del Rastrillar (II) Los edificios

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Continuamos conociendo el vasto complejo del Rastrillar deteniéndonos en conocer un poco más sobre los edificios que nos encontraremos sobre la cima del monte.

Ya vimos en la entrada anterior toda la evolución histórica del Rastrillar, desde un pequeño reducto aislado al sistema defensivo que hoy en día podemos contemplar. Aunque ya lo comenté, me parece oportuno recordar que lo que hoy en día nos ha llegado son construcciones realizadas en el siglo XIX y concretamente del proyecto de 1860. Sólo el cuartel pequeño, el pabellón para oficiales y el trazado del frente de tierra tienen origen napoleónico, pero  sufrieron profundas reformas en el proyecto isabelino. Mención aparte merecen las dos baterías, que si bien tienen un origen mucho más antiguo, fueron reconstruídas ex-novo.

104_3737Empezamos el recorrido por un pequeño edificio rectangular, con tejado a un agua, situado justo al principio del camino que sube a la Atalaya. Aunque no está muy claro, podría tratarse de un pequeño cuerpo de guardia para vigilar el camino de acceso al fuerte. De ser así lo más probable es que fuera construído por los franceses, teoría que se reforzaría por el hecho de que justo en ese punto también se construyó una pequeña batería de campaña y de la que evidentemente no queda rastro alguno.

Situados ya en el interior del propio fuerte nos llaman poderosamente la atención los dos cuarteles. El primero, como ya hemos repetido,laredo.es2 es de origen napoleónico y debió construirse en torno a 1812-1813. Estaba pensado para alojar a unos 250 soldados en un espacio de 143 pies de longitud por 21 de anchura – unos 43,5 x 6,5 metros- vamos, no era el Hilton precisamente. En 1864, dentro del proyecto de Rivero y Fernández, se reconstruyó o se reparó y fue adecuado para 60 soldados, seguía sin ser el Hilton, pero al menos mejoró en algo la comodidad. Al cuartel se le construyó un pequeño anexo en alguna de las obras llevadas a cabo en la segunda mitad del siglo XIX, y aunque su función es desconocida pudiera tratarse de unas letrinas.

2015-07-25-4112El segundo cuartel se empezó a construir en 1873, año en el cual se aprovechó para hacer varias reparaciones en el fuerte. Este edificio era considerablemente mayor que el primer cuartel con unas dimensiones de 77 x 17 m. y capaz para acoger a dos compañías -300 soldados- En 1877 las obras no habían acabado ni mucho menos y se pensó mejor que sólo acogiera a una compañía, siendo utilizado la otra mitad del edificio como pabellón de oficiales arrestados. Finalmente el edificio no llegó ni a completarse en un cincuenta por ciento, y seguramente no debió ocuparse nunca.

Entre los dos cuarteles tenemos el edificio para el comandante , construído por los franceses y a la par que el cuartel de 1812. En el proyecto de 1860 debió reconstruirse, y seguramente ampliado para su uso como pabellón de oficiales.

100_0097Finalmente, un cuarto pequeño edificio se situa al oeste del cuartel napoleónico. Esta sencilla estructura construída según el proyecto de 1860 pudiera haber sido usada como cocina. Realmente existe cierta confusión en el orden de asignar tanto este edificio como el anterior. Pudiera ser que este fuera el edificio del comandante y el que se encuentra entre los dos cuarteles las cocinas. Sin embargo, si observamos planos franceses de 1813 y otros posteriores a esa fecha pero anteriores a 1860 podemos ver la existencia al norte del primer cuartel de un pequeño edificio. Como sabemos que junto a dicho cuartel los franceses construyeron el edificio para el comandante, es plausible pensar que sea la construcción que actualmente se conserva entre los dos cuarteles tal edificio para el comandante.

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Detalles del plano francés de 1813 y del de 18141 levantado por Francisco Coello

104_3690Otro interesante edificio es el polvorín de arriba. Se trata de un edificio a prueba de bomba construido en los años 60 del siglo XIX. Como responde a la tipología constructiva de un polvorín, está compuesto de gruesos muros sin ventanas y una única puerta de acceso. Exteriormente se construyó un sólido muro perimetral para minimizar lo máximo posible en caso de explosión. Este polvorín fue construido adaptándose y mimetizándose al terreno para que fuera invisible desde el mar, cosa lógica pues de no ser así se convertiría en una diana muy peligrosa. Estaba provisto de dos pararayos para evitar que durante una tormenta un rayo perdido pudiera prender la pólvora y p104_3694rovocar una catástrofe inesperada. Al parecer el arranque de estos pararayos aún puede que se conserve muy oculto por la vegetación. Palacio Ramos teoriza sobre una estructura circular situada muy cerca del polvorín y que pudiera estar relacionado con uno de los pararayos, aunque apunta que lo más probable es que se trate de un pozo que tiene su origen durante la ocupación francesa.

Los siguientes edificios se encuentran ya en dirección hacia las baterías pues su uso estaba ligado a ellas.

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Justamente uno en frente de otro y separados por el camino tenemos un cuerpo de guardia y un almacén de cureñaje y efectos. Ambos construídos en la segunda mitad del siglo XIX.

El cuerpo de guardia es un 104_3993modesto edificio con muros de mampostería, sillares en sus esquinas y ladrillo en los vanos. Desgraciadamente parte de su estructura se ha derrumbado y los que aún sobreviven amenazan hacerlo pronto. Tenía tejado a una sola agua y el interior estaba enlucido con cal.

Por su parte el edificio de cureñaje, aunque un poco más completo que su compañero, también se encuentra abandonado a su suerte y con los muros cubiertos de vegetación. Tenía tejado a dos aguas, hoy día totalmente desaparecido. Sin embargo, el detalle más sobresaliente del edificio y que lo hace único e identificable como almacén, son sus dos grandes puertas definidos por ladrillos, aptas para el ir y venir de carretas.

100_0064Finalmente existen los restos de una pequeña estructura circular cercana al actual mirador de la Rosa de los Vientos y en una posición elevada. Todo parece indicar que se trata de un puesto o garita de vigilancia.

Vamos a ir terminando la entrada con algunas reflexiones en torno a la conservación de este conjunto. Por suerte su futuro parece estar a salvo, y podemos decir que el fuerte del Rastrillar se ha convertido en uno de los símbolos de Laredo. Su declaración como BIC el 20 de Octubre de 2011 debería asegurar su protección.

Sin embargo, el conjunto del Rastrillar estuvo durante muchos años abandonado a su suerte, con la vegetación comiendo poco a poco sus edificios y baterías. Desde hace unos años se ha venido interviniendo en el conjunto defensivo, mediante la limpieza, desbrozo y restauración de sus edificios con más o menos acierto. Si bien las baterías nos habían llegado a la actualidad con un excelente estado de conservación, que nos hace pensar que bajo un planteamiento lógico la única intervención que necesitarían sería la limpieza y consolidación de sus muros, los diversos edificios auxiliares presentaban en los años 90 un deficiente estado, con  las techumbres caidas y con los muros en peligro de derrumbe.

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Estado del Fuerte Rastrillar en una foto aérea del Vuelo de costa de 1989-91. Vemos claramente las ruinas del inacabado cuartel de 1873, el cuartel y edificio del comandante de origen napoleónico y el edificio de cocinas.

La restauración de estos edificios a mi juicio ha sido menos afortunada que las intevenciones en las baterías que, como ya hemos apuntado, de momento se han librado de esta nueva corriente que parece estar de moda en Cantabria de reinterpretar las fortificaciones sin ningún tipo de rigor histórico. Por tanto, desde este modesto blog, esperemos que las baterías de San Carlos y Santo Tomás, joyas de la fortificación de 1860, siguan conservándose tal cual nos han llegado y no venga ningún arquitecto estrella a quitar sus piedras para sustituirlas por materiales nuevos simplemente porque así queda más bonito o a saber por qué motivo.

Realmente exceptuando detalles menores, como la apertura de vanos con materiales modernos, la única actuación realmente criticable en la restauración del Rastrillar 2015-07-25-4114ha sido la intervención en el gran cuartel de 1873. Como vemos en la imagen el edificio resultante de nueva factura ha sido construido  sobre las ruinas inconclusas del cuartel y de un tamaño mucho menor que el original, por lo que la imagen del nuevo edificio sobre las ruinas del antiguo-que por suerte se han conservado- es cuanto menos chocante.

edificio de arrestadosComo vemos en un detalle de la ortofoto de principios de los 90, vemos claramente la planta completa del cuartel, y a tenor de las ruinas podemos teorizar que se debió terminar el ala Norte. Este ala estaba dividida en dos series de estancias divididas por un pasillo, por lo que el inventado edificio levantado por la escuela taller ocupa más o menos las estancias del lado oeste.

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Comparación entre fotos aéreas de 1989, 1992 y 2014 donde vemos la evolución desde estado de ruina y abandono a una restauración que no cumple ningún rigor histórico

Y hasta aquí el segundo capítulo dedicado al Rastrillar, pero aún nos queda mucho que contar. Próximamente nos centraremos en el frente de tierra y las obras de fortificación que los franceses llevaron a cabo y que se reaprovecharon en el proyecto de 1860.

El fuerte del Rastrillar III. El frente de tierra

Fuerte del Rastrillar (I)

Sé que lo ideal hubiera sido desde un principio ir redactando las entradas siguiendo un orden cronológico, lo que hubiera supuesto una mejor comprensión a la hora de entender la evolución de la fortificación costera. Sin embargo, si ya de por sí es dificil la tarea de hablar de todo el conjunto defensivo cántabro, tener que hacerlo de manera ordenada, ya sea temporal o tipológicamente, se hubiera vuelto del todo inviable.

Por tanto, disculpen mis amables lectores y entiendan estos saltos temporales.

Tras un par de ejemplos de la Guerra Civil, volvemos a trasladarnos en el tiempo para hablar sobre una de las fortificaciones más antiguas de la bahía de Santoña. Viajamos a la villa pejina de Laredo para introducirnos en el que es para mí el más fascinante complejo defensivo de Cantabria: el Fuerte del Rastrillar.

Debido a la cantidad de elementos e historia que contiene y conforma el monte de la Atalaya, donde se ubica el Fuerte del Rastrillar, he decidido dividirlo en varias entradas, ya que una única podría resultar excesivamente tediosa. Por tanto de lo que vamos hablar a continuación es de una intoducción histórica del complejo en general y los elementos que lo componen y cómo fueron evolucionando a lo largo del tiempo.

La histora del Rastrillar comienza en 1580 cuando al ingeniero Giorgio Pelearo Fratín se le mando diseñar un baluarte que defendiera la bahía de Santoña eligiendo para ello el sitio de “la Torrecilla”. Sin embargo, pronto empezaron los conflictos entre las villas de Santoña y Laredo, ya que ambas reclamaban que la construcción del baluarte se realizara en su término municipal. Aunque Fratín era de la opinión de que el mejor lugar para defender la bahía en su conjunto era Santoña, Laredo consiguió finalmente que se construyera en el monte de la Atalaya un reducto. La primera obra de fortificación en el monte laredano se llevó, pues, a cabo en 1582 al levantarse una sencilla explanada de tierra con el nombre de reducto de la Rochela y situada en el extremo de la punta homónima.

Entrado el siglo XVII este reducto o fuerte de la Rochela seguía en servicio, al que se le añadió  el castillo o fuerte de San Nicolás. Hoy en día no quedan restos de estas construcciones al tratarse de obras de campaña, en su mayor parte de madera y tierra, lo que incluso dificulta situar exactamente su posición en el monte. Además habría que añadir el efecto que sobre estas primitivas estructuras tuvo el devastador ataque de 1639 y donde su ineficacia quedo patente.

Aunque no podemos alargarnos mucho en esta historia – quizás me lance en una entrada a narrar los sucesos con más detalles – a modo de resumen diremos que en el contexto de la Guerra de los Treinta Años Henri d`Escombleau de Sourdis, más conocido como el Arzobispo de Burdeos y mariscal de Francia por entonces, saqueó Santoña y Laredo. Por tanto vemos cómo tanto las defensas laredanas como las santoñesas apenas supusieron una molestia para la flota francesa, y peor pudo haber sido si no fuera porque la añeja Torre de Treto, que había sido artillada con algún cañón, impidió que los franceses siguieran internándose hacia las juntas de Cesto y Voto.

Pese a este revés apenas se mejoró el sistema defensivo de Laredo que prefirió seguir confiando en las baterías de los muelles del puerto. Tal era el deporable estado de los antiguos reductos de la Rochela y San Nicolás, que en 1677 sólo había en la Atalaya una plataforma con cinco piezas de artillería.

Recién entrado el siglo XVIII, empezada la Guerra de Secesión, se enlosa el Fuerte de la Rochela – entendemos que es aquella plataforma superviviente  de 1677 – y concretamente en 1702 se hace mención del castillo nuevo de la Rochela. Este nuevo castillo, que posteriormente se denominaría indistintamente San Gil o San Miguel, según Palacio Ramos se construyó en el extremo Norte del monte, donde la punta del Buey.

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Detalle del plano de 1726 de Luis de Langost

Las dos primeras décadas del siglo  XVIII vieron una actividad frenética en la fortificación de la bahía, donde la Atalaya no fue ajena. A la construcción del castillo San Gil/San Miguel se añadió en algún momento de esos años  el castillo de Santo Tomás de Villanueva a unos 100 metros de la anterior, pues en 1726 ya había proyecto para unir las dos fortificaciones con una muralla aspillerada. Estas dos fortificaciones de nueva planta parecieron sustituir a los viejos reductos anteriores y aunque llamados castillos eran realmente sencillas baterías a barbeta. En 1742 aproximadamente se debió construir una tercera batería a la que se llamó San Román.

Poco más se debió hacer en lo que restó de siglo, exceptuando reparaciones puntuales y el levantamiento de los planos de las tres baterías laredanas en 1763 por el Ingeniero Ordinario Joaquín del Pino y donde podemos ver cómo la batería de San Gil/San Miguel había cambiado su nombre por la de San Carlos.

En este detalle de un plano de 1802 de Josef del Solar vemos como sólo aparece representada la batería de San Carlos

En el siglo XIX se produce la invasión napoleónica, y de todos es conocidos la obsesión de Napleón por convertir Santoña en un Gibraltar del Norte. Los franceses no se olvidaron de fortificar tampoco el monte laredano que ya empezaba a denominarse en todo su conjunto como Fuerte del Rastrillar. Una de las primeras obras que proyectó nuestro amigo Gabriel Breuille fue precisamente la de aislar el monte construyendo un frente de tierra que protegiera a las baterías marítimas. Este proyecto consistía en un medio frente atrincherado dotado de merlones y explanadas de madera, foso, camino cubierto, estacada y rastrillo en la entrada. A las obras del frente de tierra acompañaron diversos edificios auxiliares como el destinado al Comandante de la plaza, un cuartel para la guarnición y diversos cuerpos de guardia y almacenes de artillería y víveres. Las baterías de San Carlos -antigua San Gil/San Miguel- y Santo Tomás de Villanueva fueron reaprovechadas, no así San Román que desaparecería, y se construyeron algunas nuevas de campaña de tierra y madera.

Plano francés de 1813

Exceptuando algunas obras de limpieza y mantenimiento, tras la guerra, el Fuerte del Rastrillar apenas sufrió modificaciones hasta que en 1859 Antonio del Rivero y Saturnino Fernández decidieran proyectar una serie de mejoras. En realidad el proyecto era bastante impresionante sobre el papel: el frente de tierra mantendría el mismo trazado que aquel proyectado y construído por Breuille, si bien los extremos este y oeste se verían reforzados con baterías acasamatadas y además se construiría una batería a modo de luneta avanzada al principio del monte defendiendo el camino de subida. El frente marítimo mantendría las viejas baterías de San Carlos y Santo Tomás, aunque reconstruyéndolas por completo, a las que se añadirían otras cinco baterías  a diferentes alturas. Las obras comenzaron en 1861.

Sin embargo, como viene siendo habitual en esto de las fortificaciones cántabras, el resultado final fue bastante inferior al proyectado. Del frente de tierra solo se reconstruyó el trazado original, aunque realmente deberíamos hablar de reparación. Palacio Ramos apunta que lo único que se añadió fue el pequeño revellín, aunque si observamos planos franceses de 1813 vemos que este ya existía. Respecto al frente marítimo sólo tres de las baterías proyectadas se empezaron, siendo concluídas y artilladas únicamente dos, precisamente las de San Carlos y

Santo Tomás. En lo que corresponde a los edificios de apoyo logístico se levataron unas cocinas, un almacén de pólvora, un cuerpo de guardia, un almacén de pertrechos y un pequeño repuesto para pólvora. De los edificios existentes  construídos por los franceses se repararon además el cuartel para soldados y el pabellón de oficiales.

En 1873 aprovechando reparaciones diversas en el complejo se comenzó la construcción de otro cuartel, que tendría un tamaño de unos 77 x 17 m. y previsto para acoger a dos compañías, que quedó inconcluso.

Poco a poco el fuerte empezó su decadencia anunciada, tanto que en 1888 sólo montaba dos cañones de hierro rayado de 16 cm. sobre marcos de madera ¡modelo 1857! Seguía en servicio en 1905 con el mismo armamento que en 1888.

Detalle del plano levantado por el Cuerpo de Estado Mayor en 1885 y en donde se aprecian todos los elementos que se conservan actualmente

No debió tardar en ser desartillado, como el resto de sus vecinas fortificaciones sontañesas. Sin embargo, no fue su fin, ya que en 1937 durante Guerra Civil se construiría en el interior del complejo una sencilla posición a barbeta para un cañón, mientras que un segundo ocuparía una de las antiguas baterías costeras.

Y hasta aquí la historia de esta posición donde nunca mejor dicho se hace honor al título de este blog. La Atalaya de Laredo huele a mar, la Atalaya huele a pólvora…

Ahora pasemos a una vista planimétrica del monte con todo los elementos que sobreviven en la actualidad, siendo en su mayoría del proyecto isabelino de 1860.

  1. Pequeño edificio que pudo ser un cuerpo de guardia
  2. Frente de tierra compuesto por el glacis, camino cubierto con plaza de armas a modo de revellín, foso con contraescarpa y escarpa y la muralla.
  3. Cuartel capaz para 60 soldados
  4. Cocina
  5. Pabellón para el comandante militar -No esta muy claro realmente cuál es cuál entre los edificios 4 y 5
  6. Cuartel capaz para unos 3oo hombres inacabado.
  7. Almacén de pólvora. Junto a él una pequeña estructura circular identificado como un pozo, aunque también se ha teorizado que pudiera ser parte del pararayos del polvorín.
  8. Montaje para cañón de 1937
  9. Batería de Santo  Tomás de Villanueva
  10. Batería inacabada del proyecto de 1860
  11. Cuerpo de Guardia
  12. Almacén de cureñaje y efectos
  13. Mirador y posible ubicación de la desaparecida batería de San Román
  14. Restos de garita de vigilancia de época desconocida.
  15. Repuesto de pólvora
  16. Batería de San Carlos, también conocida como San Gil o San Miguel
  17. Estructura desconocida, posible garita de vigilancia
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Vista del Rastrillar desde el puerto nuevo. En primer plano vemos la explanada de la inacabada batería del proyecto de 1860. Más arriba y totalmente mimetizada al terreno el parapeto de la batería de Santo Tomás y finalmente los restaurados edificios del cuartel de 1873, el pabellón del comandante/oficiales, el cuartel para 60 soldados y las cocinas -de izquierda a derecha-

 

Como viene siendo habitual en mis entradas continúo con la cronología del artillado de la Atalaya.

  • 1582- 2 cañones (Reducto de la Rochela)
  • 1639-  2 Cañones de bronce  (Reducto de la Rochela); 8 piezas de hierro y 1 Medio Culebrina de 13 libras (Castillo de San Nicolás)
  • 1677 – 5 piezas
  • 1739 – 2 cañones de 24 ibras y 3 cañones de 18 libras (Batería de San Gil/San Miguel); 4 cañones de 24 libras y 5 de 18 libras (Batería de Santo Tomás)
  • 1762-1765 – 3 cañones de 24 libras (Batería de San Carlos/San Gil/San Miguel); 6 cañones de 24 libras (Batería de Santo Tomás); 4 cañones de 24 libras (Batería de San Román)
  • 1765 – 6 cañones de 24 libras, 12 de 18 libras y 1 de 10 libras entre las tres baterías.
  • 1812 – 10 Piezas en todo el complejo del Rastrillar
  • 1888 – 2 cañones de hierro rayado de 16 cm.
  • 1905 – 2 cañones de hierro rayado de 16 cm.
  • 1937 (Primavera) – 1 cañón Mondragón de 80 mm. al que sustituyó un cañón de origen ruso Krupp de 87 mm. mod.1877
  • 1937 (Julio) – 1 cañón Krupp 77/24 C96 n/A de 77 mm.
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Media Culebrina de 12 libras sobre cureña de dos ruedas con ruedas más pequeñas para su uso en baterías de costa

Nos hemos dejado muchas cosas en el tintero y aún así creo que la entrada se ha alargado demasiado. Pero no se preocupen, seguiremos analizando en siguientes entradas más detalles del Rastrillar. Los espero en el próximo capítulo deteniéndonos en los edificios auxiliares y logísticos. El fuerte del Rastrillar (II) Los edificios

Disculpen no incluir de momento la bibliografía pertinente, esta irá en la última entrada que realice sobre esta apasionante fortificación.

Casamata de Los Pinares

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La fortificación de la Guerra Civil en Cantabria es hoy en día bastante desconocida. Sin embargo, como ya empezamos a ver en una entrada anterior, se llevaron a cabo considerables obras a lo largo de la costa cántabra. En esta ocasión nos trasladamos a la bonita población de Noja para hablar sobre un interesante emplazamiento que hasta hace muy pocos años apenas se sabía nada sobre él y cuya foto es justamente la que adorna la portada del blog.

Situado entre la Punta de Gargafanta y la Punta de la Mesa, en una zona conocida como Los Pinares, aguanta los embites de nuevas urbanizaciones construidas demasiado cerca de la costa.

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Ortofoto del vuelo Interministerial de 1973-1986. Entre la punta de Gargfanta -izquierda-  y la punta de la Mesa -derecha- se observa claramente la casamata de hormigón libre de bloques y urbanizaciones.

Como tantas otras obras, incluidos los nidos de Santander, parecía aceptado que la construcción de Noja había sido realizada en la decada de los 40. En muchas ocasiones se le denominaba indistintamente bunker y se creía que su función era el de un mero puesto de vigilancia costero.

Ahora sabemos que nada de esto es cierto y que su construcción data de la primavera de 1937 en el proyecto de fortificación republicano de la costa cantábrica. Las obras fueron realizadas por obreros eventuales dirigidos por ingenieros del Cuerpo del Ejército de la República, no mucho antes de crearse la Compañía de Costas Nº13, por lo que las obras debíeron durar poco tiempo.

Los documentos oficiales de la época lo denominan claramente como emplazamiento para cañón cubierto y lo conforman dos edificios independientes, aunque casi todo el protagonismo se lo lleve la magnífica casamata.

Como podemos obrservar en la imagen,noja ortofoto el emplazamiento estaba formado por una gran casamata de hormigón capaz de albergar un cañón y un polvorín. Estructuralmente la casamata  consta de una planta cuadrangular, anchos muros de hormigón armado y bóveda de cañón rebajado. Posee además un parapeto y una visera sobre el vano en su parte delantera.

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El polvorín se encuentra a unos 20 2015-07-15-4050metros y es subterráneo. Una escalera desciende hasta el subsuelo pero desgraciadamente el lugar abandonado durante muchos años se encuentra lleno de basura y al menos la última vez que personalmente estuve, una oxidada verja dificultaba el paso a su interior. Lo único que se puede percibir es que consta de gruesos muros de hormigón.

Lo recio de su estructura ha permitido que nos haya llegado en muy buenas condiciones, aunque se empiezan a ver huellas de desgaste en sus muros donde podemos apreciar, sobre todo en la visera, las varillas de hierro que reforzaban la construcción.

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Respecto a su armamento sabemos que albergó un solitario cañón Mondragón de 80 mm. Aunque podemos saber este dato por los documentos oficiales, existe cierto misterio sobre estos cañones llegados supuestamente de México.

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Aunque ligeramente armado, el emplazamiento es sin duda espectacular

Intentando encontrar algo de información sobre estas armas me he topado con una total laguna en cuanto a su forma o incluso su servicio en el ejército mexicano.

Sabemos por la documentación que también se los denomina como Saint-Chamond. Es cierto que en las primeras décadas del siglo XX cañones franceses  Saint-Chamond fueron construidos para México según el diseño del Coronel Mondragón, pero su calibre era de 75 mm. y no de 80 mm.

Lo más seguro es que se trataran de viejos cañones franceses de 80 mm. Mle 1877 de Bange de campaña, o Mle 1878 de Bange de Montaña y que pudieron ser transformados y modernizados por Mondragón y con la colaboración de la empresa Saint-Chamond. Indiferentemente lo que sí está claro es que era un arma totalmente obsoleta e inadecuada para la función de defensa costera.

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Cañón de campaña francés De Bange de 80 mm. Mle 1877. Seguramente usado como base para el modernizado Saint-Chamond/Mondragón de 80 mm. En este foro -en francés- se habla de ello.

Después de la guerra no debemos descartar que se aprovechara su estructura, si bien desarmado y esta vez sí, como simple puesto de vigilancia.

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La bibliografía usada:

  • David Blanco Gómez, Borja Gómez-Bedia Fernández, Enrique Gutiérrez Cuenca y José Ángel Hierro Gárate: Fortificaciones de la Guerra Civil en la zona oriental de Cantabria: defensas costeras y líneas de contención de los ríos Agüera y Asón, Castillos de España 171-172 (2013): 133-144.
  • Rafael Bolado del Castillo, Alberto Gómez Castanedo, Enrique Gutiérrez Cuenca y José Ángel Hierro Gárate: Las fortificaciones de la Guerra Civil y el primer Franquismo en Cantabria. Un patrimonio en peligro, Actas de las IXas Jornadas de Acanto sobre Patrimonio Cultural y Natural de Cantabria, Santander (2010): 43-50.
  • Borja Gómez-Bedia Fernández, Enrique Gutiérrez Cuenca y José Ángel Hierro Gárate: Defensas costeras de la Guerra Civil Española en Cantabria. Los emplazamientos para cañón, Sautuola/XVIII, Santander (2013): 307-316.
  • Archivo General Militar de Ávila, C 686

Paginas web de interés:

Para las vistas aereas:

 

Catálogo de cañones

Poco a poco parece que este proyecto va tomando forma. Hemos puesto ya las primeras piedras del fuerte, y aunque aún estamos construyendo los cimientos, no dudamos que algún día el fuerte esté completamente construido.

Como habeis podido comprobar este blog pretende ir más allá de la descripción de las fortificaciones, con entradas complementarias que de alguna manera acerquen a todas las personas interesadas a este pequeño mundo olvidado del patrimonio.

Leyendo el interesante trabajo Inventario de Artillería Histórica de Asturias llevado a cabo por Valentín Álvarez Martínez y Nicolás Alonso Rodríguez, me puse a buscar un poco por los mundos de internet por si hubiera algo parecido en Cantabria. No necesité buscar mucho para darme cuenta de que no debe de existir nada ni remotamente parecido a un inventario sobre artillería histórica en Cantabria – que no necesariamente cántabra- por lo que el siguiente paso fue empezar una recopilación de todos los cañones que de una forma u otra sobreviven a lo largo y ancho de la Montaña.

Por tanto, lo que aquí os muestro es un pequeño catálogo de toda la artillería histórica -hasta el siglo XIX- que hasta el momento he podido encontrar.

(Actualizado 18-11-2015)

San Vicente de la Barquera:

  • 2 Cañones en el Museo del Castillo del Rey.

Comillas

  • 2 Cañones en la rehabilitada Batería del Puerto.
  • 3 Cañones en los exteriores del Palacio de Sobrellano.
  • En 2009 al parecer se recuperaron 7 cañones que servían como amarres en el puerto, de los 5 anteriores ignoro si corresponde a algunos de los siete.
  • Cañón en la Plaza de la Constitución. Junto a la Iglesia de San Cristobal en la entrada de la plaza a modo de barrera para evitar la entrada de vehiculos.

Astillero

  • 3 Cañones junto a la Iglesia de Nuestra Señora de Muslera. Se trata de 3 cañones propablemente de 24 Libras y que seguramente estuvieron en la dotación de la Batería de La Cerda, ya que fueron encontrados en las inmediaciones del faro homónimo. Se rescataron del fondo del mar un total de 7, pero al parecer sólo sobreviven estos 3.
  • Cañón de 18 Libras en el Reducto del Cañón. Se trata de un cañón de la fragata Magdalena y que fue donado por El Ferrol.

Santander

  • Cañón en el Paseo Marítimo. Hoy no se encuentra ahí debido a las obras del centro Botín. En algún lugar he leido que se trata de una réplica, pero no he podido corroborarlo.

Noja

  • Cañón en la Calle Marqués de Velasco. Situado en una fuente, es un pequeño cañón de 8 o 6 Libras.

Santoña

  • Cañón de 24 Libras en el Pasaje. Cañón que seguramente formara parte de la dotación artillera de la Batería del Águila y que fue encontrado en su entorno.

Castro Urdiales

  • Cañones en el puerto. Cañones usados a modo de amarre de embarcaciones. Se trata de un número indeterminado puesto que no he podido corroborar el número total de ellos.

Torrelavega

  • Cañón junto a la feria de muestras. Se trata de un cañón francés de 18 o 24 Libras, donado por la ciudad de Rochefort.

Limpias

  • Cañón en el Museo de la Armada. Junto a varios cañones del siglo XX, forma parte del museo un cañón que fue capturado a los ingleses en la toma de Menorca en 1782.

Liérganes

  • Cañón de la Rotonda.
  • 2 Cañones en la Casa de los Cañones. Cañónes de 6 Libras y del Siglo XVII, se encuentran situados como decoración en las esquinas de esta casona a modo vertical
  • Cañón en la esquina entre las calles Mercadillo y Camilo Alonso Vega.

La Cavada

  • Cañón del Arco de Carlos III. Este cañón se situa sobre escorias procedentes de la fábrica de La Cavada
  • Cañón junto al Ayuntamiento de Riotuerto. Cañón en los que se ven muestras de defectos de fábrica.

Museo de Artillería de La cavada

  • Cañón recamarado de 48 Libras. Funciona y se usa para hacer disparos de salvas.
  • 2 Cañones de 24 Libras. Procedentes del Fuerte San Carlos de Santoña
  • Cañón de 18 Libras. Como el de Astillero, era originario de la fragata Magdalena.
  • Cañón de 12 Libras. Encontrado en el río Miera.
  • Cañón recamarado de 12 Libras. Encontrado en un pecio en las cercanías de San Carlos de Santoña.

Y todo esto es lo que hasta el momento he podido localizar. Si bien creo todos los cañones son de hierro, quizás uno de los vetustos cañones de San Vicente pudiera ser de bronce, pero todavía mis conocimientos me impiden asegurarlo. También puntualizar que exceptuando los cañones procedentes de Francia e Inglaterra el resto se fabricaron en Cantabria en la Real Fábrica de Artillería de la Cavada.

Este el primer pasito de un trabajo aún mayor. En un futuro intentaré ir aumentando este archivo de artillería con datos más precisos: estado de los cañones, fechas, calibre, coordenadas exactas de su localización, así como observaciones diversas. Por supuesto todo aquel que quiera o pueda aportar más datos, incluso la existencia de más cañones, es más que bienvenido, pues como habeis podido ver faltan muchas cosas.

2015-08-09-4277Uno de los dos cañónes de 6 Libras situado en una de las esquinas de la Casa de los Cañones o Casa de los Cantolla en Liérganes. Las fuentes consultadas -Origen y fundación de las fábricas de Liérganes y La Cavada, de José Manuel Maza Uslé, Director del Museo de la Real Fábrica de Artillería de La Cavada- los describen como cañones de 6 Libras y de  los primeros construídos en el Siglo XVII en Liérganes, pero personalmente me parecen muy grandes para tan poco calibre. Por otra parte, el brocal del cañón de la imagen recuerda a los fundidos en bronce, no obstante no me veo en mi situación de aprendiz el de rebatir la opinión de un experto en la materia y que ha cortejado mucha más documentación y trabajado más en la materia.

Nidos de ametralladoras de Santander

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Fig.1 Nido de ametralladora de Piquío

Como lo prometido es deuda, dejamos Santoña para viajar hasta la capital de Cantabria. Aunque no muy conocidas, Santander cuenta con un considerable número de restos de fortificaciones costeras, aunque sin duda el número total de estructuras con las que llegó a contar a lo largo de su historia es bastante más impresionante de lo que a primera vista la gente pudiera creer. Sin embargo la historia de Santander casi que ha obligado a ver desaparecer a estos edificios que se iban quedando inútiles. La explosión del vapor Cabo Machichaco en 1893, el terrible incendio de 1942 o los efectos de la Guerra Civil, son algunos de los capítulos más trágicos de la Novia del Mar. Pero tampoco hay que olvidar que a mediados del Siglo XIX se puso de moda entre las clases acomodadas los célebres Baños de Ola, siendo Santander uno de los principales destinos vacacionales. El culmen vino durante el reinado de Alfonso XII donde Santander se había convertido en el lugar favorito de veraneo de la Corte, incluido el propio Rey, por supuesto. Todos estos sucesos han hecho de Santander una ciudad muy cambiante con los años, sobre todo en lo que concierne a la línea de costa, por lo que es lógico que la mayoría de los viejos fuertes y baluartes se vieran sustituidos por balnearios y casetas de baño.

Pero aún en el Sardinero sobreviven, impasibles a los veraneantes, y estos ante ellos, dos nidos de ametralladoras de la Guerra Civil de un total de seis construidos en la ciudad. Quizás por ser precisamente de más reciente factura se conservan.

Nuestra historia en esta ocasión comienza en la primavera de 1937, cuando las autoridades republicanas empiezan a fortificar la costa cantábrica ante sardinero nidosla amenaza de flota nacional. Gracias a documentos oficiales del Cuerpo de Ejercito de Santander podemos saber que se construyeron seis nidos distribuidos entre:

  1. La Playa de los Molinucos
  2. Extremo Norte de la Playa Segunda del Sardinero
  3. Extremo Sur de la Playa Segunda del Sardinero
  4. A la derecha del peñón de Piquío
  5. La playa de La Concha del Sardinero
  6. En la Magdalena

Sólo podemos asegurar la posición exacta de los nidos 3 y 4, el resto de localizaciones son aproximadas. La localización del nido 6 de la Magdalena es la más inexacta ya que no podemos certificar si estaría al oeste de la península protegiendo la playa del Camello, o al este de la península para defender los arenales del interior de la  bahía.

La construcción de los nidos fue iniciada por obreros eventuales bajo la dirección del Cuerpo de Ingenieros, en al menos cuatro de ellos. Esa misma primavera se crearía Compañía de Costas Nº13, a su vez dividida en tres secciones repartidas entre San Vicente de la Barquera, Santander y Laredo. La Sección de Santander terminaría las obras de los cuatro nidos iniciados y realizaría por completo los dos restantes. Podemos precisar que se priorizaron las obras santanderinas en que cuando se constituyó la Compañía de Costas Nº13 se dictaminó que las obras comenzaran por la fortificación del Sardinero.

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Fig. 3 Estado actual del nido 4

Se trataban de construcciones sencillas de planta circular y amplias troneras. Algunos de ellos contaron con trincheras para su acceso. Aunque no podemos certificar el armamento que portaron, o si llegaron a portarlo realmente, lo más seguro es que se tratara simplemente de ametralladoras Hotchkiss Modelo 14 de calibre 7×57 mm. reglamentaria en el Ejercito Español antes de iniciarse la guerra. Aunque debido al numeroso armamento importado por la República bien pudo ser cualquier otro modelo de ametralladora.

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Dibujo de una ametralladora Hotchkiss Modelo 1914 de 7×57 mm. de origen francés.

Al finalizar la Guerra los nidos, o algunos de ellos, fueron con casi toda probabilidad reaprovechados por los Nacionales como parte de las defensas en previsión del temido desembarco aliado de 1940.

Bueno, llegados a este punto de la entrada, algunos lectores se estarán preguntando cuáles de los nidos son los que actualmente todavía pueden verse.  En concreto serían los números 3 y 4 de los que hemos enumerado antes. Aunque como podemos comprobar, mientras el de la derecha de Piquío logra aguantar el tiempo con aspecto considerablemente saludable y formando un todo con los jardines de Piquío, el que se encuentra a la izquierda del peñón no puede decir lo mismo. Comido en su mayor parte por obras más recientes, su tronera ha sido tapiada. Hoy pasa casi desapercibido, en el paseo marítimo, cambiando su terrible cometido inicial a servir de banco. Cuantos de los que allí se limpian los pies de arena desconocerán que están ante un testigo de nuestra más triste historia.

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Fig. 4 Estado actual del nido 3
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Fig.5 Jardines de Piquío en 1975, abajo a la derecha el nido 4

Fotos antiguas  nos muestran ambos nidos y curiosamente las sucesivas obras urbanas han parecido respetar las viejas estructuras integrándolas en su fisionomía. Sin embargo no hemos podido encontrar de momento rastro alguno del resto de nidos. Solamente en la Playa de los Molinucos, debajo de las escaleras, nos encontramos con unas hiladas de piedras que  parecen desentonar. Podría tratarse de restos del nido, o simplemente de restos de un antiguo acceso a la playa. Los medios de los que dispongo actualmente me impiden sacar conclusiones más relevantes, pero quién sabe si en un futuro descubramos nuevas cosas.

PLAYAS, MOLINUCOS
PLAYAS, MOLINUCOS

Fig.6 Podemos observar la hilada de piedras a la derecha de la imagen y aunque no se aprecia tiene forma semicircular.

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Fig.7 Segunda playa del Sardinero en 1958, a la izquierda el nido 3
1970
Fig.8 Segunda playa del Sardinero en 1970, a la izquierda el nido 3

Una foto de 1958 nos muestra al nido 3 con su forma completa y en otra vemos que se mantenía igual en 1970. Posteriormente las obras del paseo marítimo taparon parte de la obra defensiva hasta la parte baja de la tronera, pero es bastante probable que siga completo bajo el cemento.

Y hasta aquí podemos contar por el momento. Tengo que agradecer la gran ayuda prestada por José Ángel Hierro Gárate de Proyecto Mauranus, que me ha facilitado la mayor parte de la información sobre estos nidos. También a María del Carmen y Jose Luis, administradores de la página Cantabria y Santander en el recuerdo por las imágenes antiguas de Santander.

Finalizamos como siempre con la bibliografía y los créditos fotográficos:

  • David Blanco Gómez, Borja Gómez-Bedia Fernández, Enrique Gutiérrez Cuenca y José Ángel Hierro Gárate: Fortificaciones de la Guerra Civil en la zona oriental de Cantabria: defensas costeras y líneas de contención de los ríos Agüera y Asón, Castillos de España 171-172 (2013): 133-144.
  • Rafael Bolado del Castillo, Alberto Gómez Castanedo, Enrique Gutiérrez Cuenca y José Ángel Hierro Gárate: Las fortificaciones de la Guerra Civil y el primer Franquismo en Cantabria. Un patrimonio en peligro, Actas de las IXas Jornadas de Acanto sobre Patrimonio Cultural y Natural de Cantabria, Santander (2010): 43-50.
  • Borja Gómez-Bedia Fernández, Enrique Gutiérrez Cuenca y José Ángel Hierro Gárate: Defensas costeras de la Guerra Civil Española en Cantabria. Los emplazamientos para cañón, Sautuola/XVIII, Santander (2013): 307-316.
  • Archivo General Militar de Ávila, C.686. Cp.12,D.1.

Fotografías: